El viento fue el invitado incómodo de la tercera corrida de la Feria del Caballo 2026, en la plaza "Silverio Pérez" de Texcoco, pero no logró descomponer del todo una tarde en la que Ernesto Javier "Calita" dejó lo más rotundo del festejo, cortando la única oreja de una función marcada por la entrega, el oficio y la dificultad de un encierro de Vistahermosa que, bien presentado, ofreció matices desiguales.
Abrió plaza "Altanero", con 548 kilos, y desde los primeros lances Calita quiso ordenar la tarde con el capote. Brindó a la afición mexiquense y comenzó su labor por alto, marcando con claridad los terrenos a un toro de cierta fijeza, aunque falto de empuje y transmisión. Fue faena de torero hecho: acortó distancias, se cruzó con determinación al pitón contrario y logró muletazos de acento auténtico, de esos que no admiten simulación. También por el izquierdo encontró pasajes de mando, con la muleta baja y el trazo poderoso, sin perder nunca el sitio. Todo quedó, sin embargo, sin remate definitivo cuando la espada no encontró solución ante un toro parado y reservón a la hora suprema.
El segundo, "Palomo", de 522 kilos, correspondió a Arturo Gilio, que dejó con el capote un ramillete de verónicas de buen dibujo. Con la muleta, su obra fue creciendo en estructura y sentido. Por el pitón derecho encontró el mejor compás, aprovechando el buen viaje del astado, que se empleó con calidad y prontitud. Por el izquierdo, en cambio, el toro se mostró más reacio: menos humillado, más corto, con ese rebrinco que desluce y obliga a corregir sobre la marcha. Gilio, lejos de desistir, regresó a la diestra para firmar dos series profundas y templadas. Y cuando parecía cerrada la ecuación, quiso volver sobre el pitón izquierdo para arrancarle muletazos limpios, de mérito. Faena consistente, empañada también por la espada.
A Bruno Aloi le tocó en suerte "Mirasol", tercero de la tarde, con 555 kilos. Andarín desde salida, incierto, y además con el vendaval como enemigo añadido, el toro exigía mando, claridad y cabeza. Aloi estuvo discreto con el capote, pero fue en la muleta donde empezó a descifrarse la lidia. Había que tocar firme, dejar la tela abajo, medir la distancia y someter sin vacilaciones. El joven espada encontró la fórmula y logró ligar series derechistas de mérito. Por el izquierdo la historia cambió: el toro no daba tregua y en uno de esos embroques ásperos prendió al torero con una voltereta seca. Lo notable no fue sólo el percance, sino la respuesta: sin mirarse siquiera la ropa, Aloi volvió a la cara del toro y se entregó en un duelo frontal de enorme exposición. Allí brotó un valor sin ornamentos, casi temerario, que reveló la fibra del torero. La espada volvió a negarle premio, pero no el reconocimiento del tendido.
La tarde alcanzó su cenit con el cuarto, "Aventurero", de 530 kilos, nuevamente para Calita. Ya desde la brega se advirtió la solvencia del torero frente a un toro que peleó en varas con interés y al que Erick Morales recetó un gran puyazo, premiado con una fuerte ovación. Calita comenzó doblándose con suavidad y gobierno, metiendo al animal por abajo, con ese pulso que convierte la técnica en forma de caricia. El toro tuvo escasa duración, pero el diestro supo administrarlo con paciencia y tino, exprimiendo cada embestida. Por el izquierdo surgieron tres muletazos de especial hondura y clase, compactos en el sentimiento. Después se metió entre los pitones con la verdad por delante y dejó una gran estocada. El público pidió con fuerza la segunda oreja, no concedida por la presidencia, pero la única concedida tuvo el peso de lo incontestable.
El quinto, "Comino", de 540 kilos, fue a parar a manos de Gilio y ofreció muy poco. Ante esa pobreza de opciones, el lagunero estuvo por encima del toro, echando mano de recursos, firmeza y disposición. No hubo materia prima para el lucimiento, pero sí actitud y dignidad en una labor esforzada.
Cerró plaza "Comodín", de 510 kilos, para Bruno Aloi. Desde el capote mostró disposición y un quite que reavivó el ambiente, apenas anuncio de lo que quería construir en la muleta. Pero el toro rozaba con el pitón derecho y traía un peligro sordo, de esos que no siempre se ven pero se sienten. Fue prendido de nuevo, y otra vez respondió sin arredrarse, plantado en el sitio, sin una concesión al alivio. Más allá del resultado estadístico, quedó la impresión de un torero con hambre, con ambición cierta y una verdad que no se finge.
Así discurrió una tarde fresca y venteada, de media entrada, en la que los toros de Vistahermosa, bien presentados, pusieron a prueba a la terna. Calita salió como el nombre propio del festejo; Gilio dejó constancia de pulso y oficio; y Aloi, a golpe de valor, escribió los pasajes de mayor verdad de la función. En Texcoco, donde el viento quiso mandar, fue el toreo verdadero el que terminó imponiendo su ley.
Ficha Texcoco.- Plaza "Silverio Pérez". Tercera corrida de la Feria del Caballo. Menos de media entrada en tarde fresca y con mucho viento. Toros de Vistahermosa, bien presentados, de juego desigual. de 548, 522, 555, 530, 540 y 510 kilos.
Ernesto Javier "Calita" (verde y oro): Palmas tras aviso y oreja.
Arturo Gilio (blanco y oro): Palmas tras aviso y palmas.
Bruno Aloi (salmón y oro: Silencio tras dos avisos y ovación. Incidencias:
Erick Morales fue invitado por
Calita a dar la vuelta al ruedo tras el gran puyazo al 4o.