Pero a veces resulta difícil establecer cuáles son esos resortes que mueven al público a ir o no a lo toros, una ambivalencia con la que los empresarios tienen que lidiar, y afrontar las circunstancias tal y como se presenta, aunque siempre conviene hacer evaluaciones más certeras de cara al futuro, y que una circunstancia como la de hoy no saque de balance a un ciclo de corridas.
Al margen de esta apreciación tangencial, lo verdaderamente importante fue la seriedad y cuajo de los toros, que en este ruedo de la plaza "Alberto Balderas", apenas de 28 metros de diámetro, se “crecieron” aún más y de las cuatro horas que duró esta segunda corrida de carnaval, no hubo un minuto en que el público permaneciera atento a todo lo que acontecía en el redondel.
Y tal y como estaba previsto, cada torero desplegó su mercancía para hacer lo que sabe y lo que siente, con esos estilos bien diferenciados que aportaron un equilibrio artístico a la combinación.
En este sentido, Daniel Luque toreó con donaire andaluz, serenidad y temple a los dos toros que le correspondieron, en sendas faenas plagadas de suavidad de toques y colocación precisa, ante dos medios toros, con los que estuvo muy bien, toreando para él y rencontrándose nuevamente con este México que lo vio debutar con picadores en el ya lejano mes de octubre de 2003.
Los detalles que desplegó el torero de Gerena fueron el mejor ejemplo de que el toreo no es cantidad, sino calidad, y no obstante que alargó un poco de más la faena al que abrió plaza, hasta que lo metió en vereda con trazos sutiles con la mano izquierda, al quinto también lo entendió en otra faena bien estructurada y con la madurez técnica y artística que atesora.
La espada impidió que cortara sendas orejas, pero ahí quedo su toreo aromático, en esta nueva etapa de su carrera en México, y seguramente lo veremos más tardes en distintas plazas, pues hoy día es un torero para esos aficionados que buscan en una tarde de toros razones para volver a la plaza.
Leo Valadez va saliendo, paulatinamente, de un parón provocado por una cornada que le ha traído secuelas, y hoy volvió a sonreír delante del sexto, un toro de pitones "alacranados", que se había quedado fuera del lote titular por descarado y que vino a sustituir a un precioso toro jabonero al que le dio un infarto en el carril toriles, antes de aparecer en el ruedo.
Ese toro, bautizado como "Enchilloso", que desentonaba por su cara, y aparente falta de tipo de la ganadería, acabo siendo el mejor porque embistió con tranco y boyantía, y salvo los pitacos agresivos que tenía, su armonía de trapío -bajo, corto de manos y reunido- favorecieron su juego de toro encastado, que le sirvió a Valadez para banderillearlo con espectacularidad y recursos, antes de una faena alegre y vistosa que le llegó al público y que terminó por granjearle el corte de una valiosa oreja, lo que bien hubiesen podido ser dos, de no haber tenido el juez una disparidad de criterio con la tarde anterior e, inclusive, a lo largo de ésta.
De cualquier manera, lo rescatable es esa buen vibra que Leo proyectó al público, que disfrutó la puesta en escena que había bosquejado en el segundo y acabó consolidándose en el segundo de su lote.
Diego San Román estuvo hecho un jabato con el primero de su lote, otro de los toros destacado del encierro, un castaño largo y hondo, de magnífica lámina, cuyas hechuras y capa denotaban su ascendencia Domecq. Su definición y la importancia que el toro se dio a sí mismo, fue lo que valió la pena cuando el queretano se plantó para torearlo de capote con una mentalidad de poderle para después llevarlo largo en los primeros compases de la faena.
Sobresalieron los muletazos ayudados con la izquierda -para evitar las ráfagas de viento- y fiel a su estilo, a mediados del trasteo se montó en el toreo, y se pegó el consabido arrimón que tanto le gusta y que termina por impactar a la gente, máxime hoy con ese morlaco que ofreció una lidia sumamente definida de principio a fin.
Cuando le tenía cortadas las dos orejas, no estuvo fino con la espada y se privó de un triunfo de categoría, lo que, lamentablemente, tampoco ocurrió en el séptimo, un toro de magnífico trapío -el trapío armonioso del toro mexicano cuando tiene la boca hecha- y que apuntó cosas de lujo de salida y, tras el trepidante inicio con un péndulo de rodillas en los medios, cambió completamente de lidia y acabó rajándose, mientras que su lidiador lo que pedía era batalla. Así que Diego se tuvo que resignar en Autlán y salir por su propio pie de la plaza, pero con el deber cumplido de quien sale a torear cargado de ambición y raza, que son sus bazas.
Isaac Fonseca le cae muy bien a la gente. Quizá esa aparente fragilidad, su baja estatura física, su sonrisa contagiosa, o esa forma de estar atento a todo lo que acontece en la plaza, sea lo que le llega con facilidad al público, que no se detiene a valorar detalles de ninguna índole, y siempre tiene todo a favor para triunfar, máxime que hoy mató a sus dos toros con su habitual tranquillo, aunque dejando la espada en "el rincón", lo que quizá hizo que el juez de plaza le negara la oreja del cuarto, un toro que fue exigente y al que le hizo una faena en distintos terreno, carente de estructura.
El octavo lo cogió con el capote, afortunadamente sin herirlo, pero lo dejó un poco maltrecho de ánimo, y aquella mole de 587 kilos, que era un tanque de guerra, se paró pronto y no dio ninguna opción. Ahora sí, el moreliano recorrió el anillo con una oreja, pedida con el mismo entusiasmo que en el toro anterior, y que el juez soltó tal vez para corregir el error de no habérsela concedido en el toro anterior; es decir, una nueva disparidad de criterio de toro a toro.
Al final del festejo, cada uno de los toreros del cartel se llevó en la conciencia su propia actuación, y algunas cosas para reflexionar sobre una tarde que, sin llegar el triunfo grande, a nadie dejó indiferente, al que, de suyo, ya vale mucho en este completo e incierto espectáculo cuya parte de su magia se fundamente no saber nunca lo que va a ocurrir a lo largo de una corrida.
Este lunes de carnaval cambia el formato de festejo con uno de rejones, y la presencia en el cartel del veterano rejoneador alicantino Andy Cartagena, que comparte créditos con Tarik Othón y André, dos de las promesas a caballo del momento, uno ya matador de toros y el otro apenas en los primeros pasos de su carrera.
Esperemos que los toros de San Lucas contribuyan al lucimiento de la terna, y de paso permitan emocionantes pegas de los Forcados de Portugal y los Forcados Amadores de México, que siempre le aportan un añadido más de emoción a este tipo de corridas.