Una tarde triunfal se vivió en la corrida de feria celebrada hoy en Arandas, donde el rejoneador
salieron a hombros a lo largo de un festejo en el que ésta última indultó un ejemplar de la ganadería de
Miriam Cabas fue la gran protagonista de la tarde en la disfrutó e hizo disfrutar al público, debido a la gran competencia que sostuvo en el ruedo con Paola San Román, en el toreo a pie.
La tarde cerró al alza y Mirian recibió a "El Buki" de la dehesa Puerto del Cielo. Brilló en su recibo de capote y un quite por faroles. Su faena de muleta fue sobria ya que no contó con el apoyo de la música de la banda por lo que en la plaza únicamente se escucharon los olés que retumbaron con fuerza, ante la decisión y el temple que mostró en cada tanda de pases que logró en base a su aplomo.
Entre gritos de "¡torera-torera!" decidió cerrar con dos tandas de ajustados muletazos de rodillas. Fue entonces cuando el juez de plaza decretó el indulto, entre la emoción de la gente.
Antes, en el tercer ejemplar, también de Puerto del Cielo, bautizado como "Victorioso", la novillera se recreó en los lances, así como en una labor muleteril por ambos lados, pero que logró su mayor nivel por el izquierdo. Al no haber despachado al primer viaje, perdió las orejas.
Paola San Román, con el segundo de la tarde, de Cerro Viejo, se expresó con un quite por navarras para luego torear mayormente con la mano derecha. El toro empezó a acortar el viaje y ella lo toreó en tablas. Lo despachó tras el uso de espada y descabello.
Al quinto, también de Cerro Viejo, que fue deslucido lo lidió y tras tirarse a matar, recibió un aviso, tras los cual, el juez de plaza le dio dos orejas que fueron protestadas.
Entrega aparte fue la de Tarik Othón que brindó una tarde soberbia de rejoneo. Se expresó como el gran jinete que es, pero además como un rejoneador vibrante y exquisito. Su gran cuadra le permitió hilvanar faenas artísticas. Su lote, de Cerro Viejo, fue bueno y él no se dejó nada en el tintero.
En el primer toro, la nota más alta llegó cuando desprendió el cabezal de "Mónaco" y toreó a placer en arriesgados pasajes que pusieron a la asistencia en pie. Mató al primer viaje y cortó una oreja.
Ante el cuarto de la tarde, su faena fue más completa, luego de haber clavado dos rejones de castigo, toreó y colocó banderillas milimétricamente. Siempre dejó el morrillo adornado por todo lo alto y como remató de certero rejonazo se le concedieron ambos apéndices de ese buen toro que llevó por nombre "Ganadero".