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"Busco dar más dimensión a mi toreo": El Conde

Declara al conmemorar 29 años como matador de toros

Cuánta razón tiene aquel que acuñó la frase: "Para hacer el toreo, no hay como sentirlo". Y es que el sábado pasado en la plaza "Vicente Segura", de Pachuca, un torero hecho bajo la mirada de uno de los más importantes maestros del siglo pasado, hizo las cosas como a su mentor le hubiera gustado verlo: sintiendo cada muletazo y saliendo airoso, con garbo y a paso lento, como lo hacía el ícono regiomontano.

Alfredo Ríos "El Conde", el torero tapatío que festejó sus 29 años de haber tomado la alternativa en el mismo coso, de manos de los legendarios Pedro Gutiérrez Moya "El Niño de la Capea" y David Silveti, tuvo el más arrollador triunfo desde que reapareció en los ruedos, tras un fugaz retiro, en marzo del 2019.

"Más que mi reencuentro o la resurrección, como dicen, yo lo veo más como que es un encuentro espiritual conmigo mismo, porque yo dejé de torear porque realmente ya no sentía lo que realmente siento ahora", dijo.

En sus palabras se siente la sinceridad y honestidad, de un torero que en sus inicios rescataba suertes antiguas y, por lo mismo, se le veía muy revolucionado en el ruedo. Era un chaval entonces con ansias de comerse el mundo...

Reveló que a sus 50 años (su biografía dice 48) y alternando con Julián López "El Juli" y Joselito Adame, El Conde es otro y disfruta a plenitud lo que ahora hace… Inconscientemente, nos remite a aquellas palabras de José Miguel Arroyo "Joselito", que en su libro biográfico escribió:

"Aquel era mi día, tenía que estar solo pendiente de mí y de mi toreo. Saboreé cada momento, cada paso y cada pase, reflejando en el ruedo mi tranquilidad y mi satisfacción interior.  Y toreé despacio, muy despacio, paladeando los lances y los muletazos con alma y añoranza, en una cuenta atrás que me vaciaba por dentro como torero".

Así debió sentirse Alfredo Ríos al verse en volandas junto con El Juli, luego de haber cortado tres orejas en esa noche.

"Un día escuché hablar al maestro Silveti, mi testigo de alternativa hace 29 años en Pachuca, que dijo: No se puede engañar a uno mismo". Y sí, yo realmente sí estaba un poco decepcionado de muchas cosas, porque realmente me juzgaban más como persona que como torero. Siento que ahora me vieron más como torero, que como persona y yo también realmente salí y expresé lo que siento y hubo una transmisión que no había transmitido antes, en ninguna ocasión", relata. 

Indicó que esa transmisión que tuvo fue más importante que si hubiera conseguido esas tres orejas o como pudiera haber conseguido también un rabo.

"¡Claro que las orejas son importantes!, porque es número para las contrataciones de próximas corridas y de poder ganar dinero, eso lo sabemos todo mundo y los empresarios también así lo piden.  Pero ya hablando en plata pura, lo importante fue la dimensión que pude dar y que creo que le he agarrado una forma al toreo que antes no lo sentía, lo que siento, lo que quiero, lo que hoy disfruto y transmití bastante".

Las crónicas refieren que, en el segundo tercio, en sus dos toros de Villa Carmela, al Conde se le vio con mucha solvencia, sapiencia y conocimiento de los terrenos, con mucha pureza a la hora de ejecutar con la muleta y, sobre todo, extraordinario al momento de la suerte suprema.

"Fue una jornada redonda, además la corrida también fue un ambiente motivador. No es lo mismo torear otro tipo de carteles que torear en una plaza como la de Pachuca, que es de primera y en la que se juntaron muchas cosas: la nostalgia de 29 años de haber tomado la alternativa, donde todo inicio, y el brindis que le hice al maestro Jorge Gutiérrez donde le expresé eso".

Pocos se imaginaban quizá que El Conde pudiera darle la pelea a El Juli y a Joselito Adame, como lo hizo.

"La verdad que mucha gente no lo esperaba, yo sí. Me preparé en España matando toros y en tentaderos y sabía que iba a pasar algo importante en esta tarde. Gracias a Dios maté muy bien los toros y pude redondear con contundencia un triunfo importante. Haciendo el toreo que a mí me gusta, antes era un torero más pirotécnico, más de efectivísimo, ahora es un toreo que realmente me siento muy a gusto y lo disfruto".

Finalmente, al hablar de sus toros, señaló que el primero, al que le cortó una oreja, fue con mucha clase y recorrido, pero flojito, "muy para el torero" y que el segundo, el de las dos orejas, fue "más para el ganadero", más enrazado, que le exigía muchísimo más, pero fue más emotivo y que eso fue lo que marcó la diferencia. 






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