El mexicano Leo Valadez llegó al máximo coso para convencer a propios y extraños gracias a la entrega, creatividad y arrojo, conjunción de valores que fueron el pasaporte para cortar una oreja, premio a su valor, en la corrida de este domingo en la plaza de Las Ventas de Madrid.
Y es que desde que se abrió de capote con el toro de su confirmación de alternativa, el torero hidrocálido desplegó esa variedad tan característica de su tauromaquia, inclusive en el quite, que a pesar del viento pudo ejecutar un par de crinolinas que evocaron la figura de su creador, Eliseo Gómez "El Charro", y del maestro José Miguel Arroyo "Joselito", en aquella histórica encerrona de 2 de mayo de 1996.
En el tercio de banderillas falló al intentar clavar el primer par, pero luego banderilleó de menos a más y cerró su intervención con los palos con un riesgoso par por los terrenos de adentro.
El remiendo de los Hermanos García Jiménez duró poco, pero ofreció embestidas con calidad que no desaprovechó Leo en una faena que tuvo intermitencia, debido a las ráfagas de viento, pero contó con muletazos recios y mandones prácticamente a partir del inicio, pues comenzó el trasteo de rodillas, en los medios, con un inusual molinete al que siguieron varios redondos en la misma posición.
Su desparpajo causó buena impresión entre el público, que vio con agrado su desempeño en el que hubo otros muletazos encomiables con la mano izquierda, antes de rematar la faena con una magnífica estocada que le valió saludar una ovación en el tercio.
El sexto, que era un toro de Torrealta, la ganadería titular, fue el más toreable de los cuatro que trajo la ganadería gaditana. Y aunque no terminó de entregarse y fue incómodo, porque exigía mucho, Leo Valadez le hizo un vistoso quite por zapopinas y luego invitó a sus alternantes a cubrir el segundo tercio, que fue el más lucido de los seis de la tarde, ya que El Fandi clavó un espectacular cuarteo, seguido de un par de dentro a fuera de Manuel Escribano, y casi al relance, Valdez clavó un par al violín que levantó una sonora ovación en el tendido.
El comienzo de la faena fue por promisorio, pues Leo comenzó a torear muy bien por abajo, tratando de someter la embestida poderosa del toro de Torrealta, que le echó mano de fea manera en un descuido, propinándole una fuerte voltereta con un pitonazo en el lóbulo de la oreja derecha, en la que le hizo un pequeño corte.
Este instante de peligro caldeó el ánimo del público, y aunque la faena no tuvo consistencia alguna, pues el toro desarrolló un punto de violencia, Leo trató de plantarle cara en muletazos en donde puso corazón para no venirse abajo moralmente tras el error cometido.
A la hora de matar volvió a tirarse por derecho, y aunque perdió la muleta en el embroque, colocó una certera estocada que provocó una petición de oreja mayoritaria que le puso un apéndice en las manos, colofón a la última presencia de la torería mexicana anunciada este año en la Feria de San Isidro.
Sonriente dio la vuelta al ruedo Leo Valadez, quizá sabedor de que todavía le falta mucho por camino por recorrer, pero satisfecho de haber mostrado su entrega en una de las corridas más importantes de su carrera.
El Fandi y Manuel Escribano hicieron un encomiable esfuerzo por solventar las dificultades de los toros de sus respectivos lotes. En ambos casos estuvieron entregados y dispuestos a brindar espectáculo en todo momento.
El granadino le hizo una faena interesante el huidizo segundo, al que acosó en tablas para obligarlo a embestir antes de tumbarlo de una eficaz media estocada. En el cuarto volvió a tirar de recursos para poderle a otro de los toros complicados de Torrealta, al que también, como a su primero, había banderilleado con sus consabidas facultades.
Escribano recibió a sus dos toros a porta gayola, en un gesto de raza torera que le honra. Fiel a su concepto del toreo, fundamentado en el pundonor, el sevillano se esforzó de la misma manera en que lo había hecho El Fandi, y luego de aguantar las tarascadas del tercero, al quinto, el otro remiendo de los Hermanos García Jiménez, le hizo una entonada faena en la que rozó el triunfo y terminó por dar una vuelta al ruedo.
El publicó estuvo respetuoso toda la tarde y se comprometió con la actitud de los toreros que, en líneas generales, estuvieron por encima del encierro en una corrida donde quedará anotada la oreja que cortó el que llegó de Aguascalientes y dejó un claro mensaje: necesita que le den más oportunidades, ya que su toreo tiene frescura.
Ficha Madrid, España.- Plaza de Las Ventas. Decimoquinta corrida de la Feria de San Isidro. Casi tres cuartos de entrada, en tarde templada y con intermitentes ráfagas de viento. Cuatro toros de
Torrealta y dos de
García Jiménez (1o. y 5o.)., desiguales en presentación, mejores los remiendos que los del hierro titular, que fueron complicados en general. Pesos: 524, 507, 514, 516, 557 y 520 kilos.
David Fandila "El Fandi": Silencio tras aviso y silencio.
Manuel Escribano: Silencio tras aviso y vuelta.
Leo Valadez: Ovación tras petición y oreja. Incidencias:
Leo Valadez confirmó su alternativa con el toro "Discreído", número 47, colorado, de 524 kilos. Por otra parte, durante la lidia de su segundo toro resultó volteado de mala manera, por lo que al finalizar el festejo pasó a la enfermería para ser revisado, sin que hasta el momento se conozca alguna lesión de gravedad. Destacó en varas
Alberto Sandoval, que picó al 1o. con arrojo.