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Escasea la bravura y abunda la entrega (video)

Domingo, 24 Ene 2010    México, D.F.    Juan Antonio de Labra / Foto: Sergio Hidalgo           
Una oreja más a la espuerta

La bravura es un ingrediente fundamental en la Fiesta, ya que ahí nace la emoción del toreo. Cuando los toros carecen de bravura, y salen a la arena a pasar, que es distinto que embestir, el espectáculo pierde la esencia y resulta fácil caer en el aburrimiento, aunque los toreros se desgañiten en el intento de emocionar al público.

Y vaya que estamos hablando de un público de dulce, que sabe tolerar con paciencia largos minutos de tedio, y aplaude sin reserva, con su característica sensibilidad, hasta los más pequeños chispazos de inspiración.

La corrida estuvo marcada por un denominador común: la ausencia de proyección de los toros al tendido, y salvo el primero de la corrida, la mayoría, incluido el de regalo, fueron huesos duros de roer.

Quizá por ello hasta una rata correteó por el tendido de sol, hambrienta e igual de desesperada, en un hecho jocoso que levantó, literalmente, al público de sus asientos. Pero no para ovacionar un lance torero, sino por el gran susto que supone un bicho de estos retozando entre las piernas se las señoras.

Antiguamente, y no tan lejos en el tiempo, solían tirar gatos negros a determinados toreros gitanos. Pues hoy hubiese valido la pena uno para ir detrás de la rata aquella, que seguramente se llevó un susto mayúsculo cuando gran parte de los espectadores de sol se levantaron impulsados como por un resorte.

Y fue durante le segunda faena de José Mari Manzanares, que a fuerza de voluntad y entrega, consiguió cortar una solitaria oreja al primer ejemplar de su lote.

De no haber estado el alicantino tan enfibrado, posiblemente no hubiese sacado provecho a los toros que le tocaron en suerte, y cabe destacar la faena a ese segundo, al que templó de forma magistral para arrancarle muletazos profundos por el pitón derecho.

El toro, que sabía bien lo que dejaba atrás, apenas y le dio opción por el otro lado, y al rematar un natural se escondió el torero detrás de la pala, lo que impidió que le echara mano, propinándole solamente un peligroso achuchón.

La estocada que colocó le sirvió para cortar una oreja y demostrar que sigue aumentando su cartel aquí, pues se trata de un torero del gusto de la afición de La México.

José Luis Angelino porfió hasta el cansancio durante la lidia de los tres toros que enfrentó. Estuvo dinámico, variado con el capote, y en el cuarto regaló unas inusuales vizcaínas, la versión sin andar, y ejecutada de frente, de las famosas tapatías de Pepe Ortiz.

Igualmente con las banderillas se afanó en agradar y clavó en todos los terrenos. Sin embargo, a la hora de torear de muleta se desfondó en faenas sin contenido, y dejó escapar las buenas embestidas del primer toro del festejo, el único verdaderamente bravo del encierro.

José Mauricio no consiguió estructurar sus dos faenas, y anduvo a la deriva delante de un lote complicado que no le permitió sino mostrar la solidez de su valor.

Ficha
Plaza México. Decimosegunda corrida de la Temporada Grande. Unas 6 mil 500 personas en tarde soleada y con algunas ráfagas de viento. Tres toros de San José (1o., 5o., y 6o.) y tres de Barralva. Mejor presentados los primeros, descastados en general, salvo el 1o. que tuvo transmisión. Uno de regalo de Los Ébanos, protestado por chico y soso. Pesos: 501, 480, 483, 480, 503, 523 y 490 kilos. José Luis Angelino (rosa y oro): Pitos, Palmas y silencio en el de regalo. José Mari Manzanares (grana y oro): Oreja y ovación tras aviso. José Mauricio (azul purísima y oro): Silencio y silencio tras aviso. Joaquín Angelino "El Pulques" saludó tras hacer un gran quite a su hijo durante el tercio de banderillas del toro que abrió plaza. José Mauricio fue revisado en la enfermería de un fuerte golpe en el tobillo izquierdo.


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