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Jazz y toros

Viernes, 05 Ene 2018    Morelia, Mich.    Quetzalcóatl Rodríguez | Opinión   
El legendario Miles Davis durante una interpretación de su música
En el mundo del jazz existe un diálogo entre los instrumentos que se manifiesta batiendo los parches del ritmo, donde la secuencia de sus golpes y silencios queda transformada en la materia sonora que permite la existencia de la melodía. La tauromaquia como rito cultural ha causado inspiración a variadas manifestaciones artísticas, el jazz, en este caso, que ha alcanzado auténticas cumbres expresivas mediante su fusión con toda clase de estilos musicales no será la excepción. Podemos encontrar ya a principios del siglo XX la banda The Synco Jazz Band con su pieza titulada “Toreador Humoresque” cuando ritmos como el “rag” o el “dixie” estaban en auge.

El crítico musical Javier de Castro nos orienta y dice que entre las composiciones inspiradas directamente por las corridas de toros, podemos destacar, por ejemplo, “Ole For The Gypsies” del trompetista Dizzy Gillespie; “Olé” del innovador saxofonista John Coltrane; o “La Fiesta” del pianista Chick Corea, que éste popularizó junto a Stan Getz. Ya en los años 60 el instrumentista Eric Dolphy lanzó “Jazz Matador”, un álbum que entre sus cortes incluía una composición de título homónimo y Gerald Wilson grabó un total de diez discos magníficos, entre los que destaca: “The Golden Sword. Torero Impressions in Jazz”.

También, inspirado en un personaje de connotaciones tan toreras como el de Carmen, encontramos al guitarrista Barney Kessel y su “Modern Jazz Performances From Bizet’s Carmen”. Uno de los primeros ejemplos que ilustran mejor y con detalles más llamativos la relación entre el jazz y el flamenco es álbum titulado precisamente “Jazz Flamenco” y cuyo responsable fue el conocido vibrafonista Lionel Hampton.

No obstante, cuando el término “flamenco-jazz” adquirió carta de auténtica naturaleza es con la publicación a finales de 1959 de “Sketches of Spain” de Miles Davis donde se  incluyó la innovadora interpretación del “Concierto de Aranjuez”; a propósito de este material, el investigador Alfonso Eduardo Pérez Orozco refiere lo siguiente: “Quizá lo más destacable sea que –incluyendo sus complicadas vidas personales– quisieron echar toda la carne en el asador ante emociones tan diversas como la sublimidad de las audiciones del Concierto de Aranjuez que chirriaría con las trompetas y tambores de la Semana Santa o el temblor patético de la voz cantaora de una saeta.”

También aparecen Paul Bley que grabó la pieza “El Cordobés” y diferentes ediciones de canciones en español del gran pianista y vocalista Nat King Cole. Justo es mencionar el primer disco titulado “Jazz Flamenco No 1” y poco después “Jazz Flamenco No 2”; disco con portada de cartel taurino donde el saxofonista Pedro Iturralde trabaja a dúo con Paco de Lucía, personaje innovador de la música flamenca y que Iturralde recuerda de esta manera: “es sobre este disco cuando el crítico alemán y amigo Joachim Berendt nos invitó al festival de Jazz de Berlín que él dirigía, donde hicimos la primera aparición internacional de estos nuevos trabajos”.

Con el jazz nos encontramos ante un escenario donde el ritmo y la melodía se quiebran en una pausa que viene a llenarse de improvisaciones, en este caso a ritmo de pasodoble…¡¡¡ y olé!!!

Bibliografía:
Castro, Javier de, “Más allá del pasodoble y de la copla. Un acercamiento a la tauromaquia desde el pop-rock, el jazz y otras manifestaciones musicales modernas”, en Revista de Estudios Taurinos No 26, Universidad de Sevilla, 2009, pp. 205-254.

Pérez Orozco, Eduardo Alfonso, “El jazz y el flamenco, (ni que sí ni que no)”, en Cuadernos Gitanos No 3, Instituto de Cultura Gitana, 2008, pp.16-26.
Zagalaz, Juan, “Flamenco - Jazz: una perspectiva analítica de sus orígenes. La obra temprana de Jorge Pardo. 1978 – 1981”, en Las fronteras entre los géneros: flamenco y otras músicas de tradición oral, Universidad de Sevilla, 2012, pp. 39-49.


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