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En Mérida, una tarde para albergar esperanzas

Domingo, 25 Oct 2009    Mérida, Yuc.    Juan Álvarez / Corresponsal          
Dijo adios como becerrista

José María Pastor y André Lagravere se alzaron triunfadores del festejo de promoción de la escuela taurina “Silverio Pérez”,  en el que Michelito Lagravere, quien se despidió como becerrista, terminó por irse de vacío en una tarde aciaga.

Luego de un fulgurante inicio de carrera que ha hecho pensar a sus mentores que es momento de dar el salto para su debut novilleril, Michelito Lagravere acaparó la atención de villamelones y aficionados que hicieron caso omiso de clásicos futboleros y finales de beisbol para darse cita a la Monumental de Mérida y observarle en su última tarde en esta categoría, mas al final hubo poco que festejar.

Con el apoyo de aficionados que coparon cerca de media plaza, el torero yucateco hubo de pechar con lo màs complicado del encierro de Emilio Loret de Mola, -incluido el que hizo séptimo de regalo- y, por si fuera poco, con un mar de dudas con la espada. Lo mejor, su determinación y por momentos los recursos para quitarse cornadas.

Su primero fue distraído, se escupía de la suerte y para terminar, desarrolló sentido. Lo dicho: poco fondo como para pensar en faena. Siete pinchazos antecedieron a la final estocada.

Con su segundo no fue más. Para ser justos, habrá que citar el inicio capoteril, digno de jaleo, con un berrendo aparejado de prometedor inicio y con el que toreó a la verónica sentado en los riñones, proyectando y sintiendo el toreo. Lo mejor, la pinturera media en el remate.

Más el prometedor inicio terminó por venirse por tierra con su rajado astado. Lo demás, fueron intentos vanos y para redondear, de nuevo la espada. Le sonaron dos avisos.

Cabreado, sin ocultar el llanto de la impotencia, salió por el triunfo con el de regalo, más el destino simplemente no le venía por derecho. El becerro, sencillamente, fue un marmolillo, se agarró al piso y no se dejó por ningún lado. De destacarse entonces los recursos para dar paso a algunas alegrías en las postrimerìas. Pero de nuevo la espada. Simplemente hay días así, y de ellos también se aprende.

Por lo que toca al hidrocálido José María Pastor, que apenas sumó su tercer festejo, dejó una sobresaliente impresión.  Con planta, buena estatura y apenas 14 años de edad, acusó el toreo de calidad en sus dos enemigos ante la mirada de su padre, el que fuera destacado matador aguascalentense César Pastor.

Y de casta le viene al galgo. José María cubre los tres tercios:  facilidad con el capote, cumplidor con los palos y tendencia al toreo enhilado en el temple con la sarga. Con su primero ahí quedaron dos tandas de naturales y con su segundo las verónicas de inicio, meciendo el capote, clavando la barbilla y haciendo albergar esperanzas. Tras el espadazo a su segundo paseó merecida oreja.

Y si de albergar esperanzas se trata, no se debe perder de vista a André Lagravere, también con pocos festejos a cuestas, pero haciéndose presente con un regusto que contagia. Lo más destacado de su labor llegó con su primero, al que le caminó con prestancia, hasta endigarle algunos muletazos que se significaron como sobresalientes pasajes. Su segundo, fue malo y, a manera de desquite, le endilgó certero espadazo. Y por ello la oreja a su entrega.

Ficha
Plaza Monumental de Mérida. Entrada, casi media plaza. Erales de Emilio Loret de Mola, que cumplieron en general. Michelito Lagravere (blanco y oro): Silencio, dos avisos y ovación en el de regalo. José María Pastor (obispo y oro): Palmas y oreja; André Lagravere (Salmón y oro): Palmas y oreja


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