La polémica quedó servida cuando el jurado, compuesto por los presidentes de las distintas peñas taurinas de la ciudad, determinó que Antonio Romero, que había cortado la única oreja de los cinco espadas zacatecanos que actuaron el día de hoy, debía embolsarse los 40 mil pesos en disputa, y también salir a lidiar al sexto de la tarde, en una corrida que mantuvo el interés.
Y es que Edgar Badillo había calentado el cotarro delante del quinto, un toro hondo y largo, de muy buen estilo, al que toreó con variedad y entrega desde que apareció en la arena. Desde el tercio de banderillas conectó mucho con la gente y aunque la faena no tuvo la profundidad requerida, debido a su falta de rodaje, dejó algunos naturales de templado trazo.
A la hora de matar se echó encima con verdad y colocó una estocada entera, con algo de travesía, de la que el toro tardó en doblar. Y ya cuando estaba cantado que cortaría una oreja para entrar en auténtica liza con Romero, que también le había tumbado un apéndice al tercero, el puntillero levantó al de Carranco y le echó a perder la fiesta.
A pesar de los dos avisos que le sonó la autoridad, el público le pidió la oreja con fuerza a Badillo pero no fue concedida. Entonces, los ánimos se caldearon, y más aún cuando se anunció por la megafonía de la plaza que el dinero sería para Romero, y también el sexto de la tarde que aguardaba en toriles.
Aunque al principio el público estuvo protestando, luego ya no le quedó más remedio que atender la lidia de otro toro noble de la divisa potosina, que echó una corrida bien presentada, en tipo, y con un par de toros que sirvieron de sobra para el triunfo, precisamente los que tocaron en suerte a Romero y a Badillo, respectivamente.
Con ese otro ejemplar, Romero volvió a estar torero y centrado y demostró que avanza en la profesión y que su concepto del toreo es de los que le pueden granjear buenos dividendos si acaso las empresas lo consideran para integrar otros carteles.
Pero hacia el final de la lidia pagó los platos rotos porque, aun habiendo estado bien toreando, estuvo muy mal al momento de descabellar, lo que se tradujo en dos avisos y los pitos de un público que salió un tanto contrariado del coso.
Así que la polémica quedó servida, y deja una reflexión: que en este tipo de corridas debería existir un método más justo o equilibrado para premiar al triunfador, quizá con el clásico "aplausómetro", podría ser, ya que siempre resulta más democrático dejarlo a elección de la gente que, muchas veces, ni siquiera sabe quiénes son los toreros que torean.
Del resto de los zacatecanos del cartel merece la pena apuntar la voluntad de estar a la altura de las circunstancias, y fue César Montes, con el noble segundo, con el que hizo un encomiable esfuerzo en una faena de muleta retrasada, que remató de una estocada delantera.
El primer espada, Jorge Delijorge, resolvió la papeleta con un toro alto y muy incómodo, que topaba de continuo, y al que le tapó bien la cara en una faena solvente. Lo malo fue que lo mató de fea manera y se tuvo que conformar con haber cumplido con una digna actuación.
Y el cuarto, un toro clavado en el tipo de la casa, que le tocó en suerte a Luis Ignacio Escobedo, derribó con estrépito al caballo de picar y una lidia sumamente descompuesta acabó de estropearlo todo, pues las cuadrillas estuvieron erráticas, dando múltiples capotazos, sufriendo desarmes y un sinnúmero de dudas e incertidumbres.
El toro llegó a la muleta defendiéndose y no hubo opción de que el nieto de don Manuel Ibargüengoitia pudiera mostrarse. Y más tarde, varios pinchazos le granjearon los pitos de un público que estuvo duro y sin atender la condición del toro.
Mañana sigue su curso la feria con una corrida muy atractiva -tan original como inédito- en la que harán el paseíllo Ignacio Garibay, Juan Pablo Sánchez y Ginés Marín, para enfrentar una corrida de la divisa zacatecana de Santa Fe del Campo.