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Gran tarde de toros en Aguascalientes (video)

Domingo, 01 May 2016    Aguascalientes, Ags.    Felipe Aceves | Foto: Landín-Miranda           
Talavante se rebozó de nuevo con el toreo a la mexicana
Hoy no hubo sequía en el serial sanmarqueño. Brilló la bravura, las virtudes en su lidia y la emotividad en seis de los siete toros de Begoña, uno de ellos de regalo. Por las huestes de los matadores lucieron Alejandro Talavante y un imparable José Adame. Qué quieren, para mí es un señor y me resisto al diminutivo. Y Arturo Macías quien, a pesar de su proverbial entrega a tope, pues hoy el tacuche le vino holgado.

Vaya faena que le hemos visto al extremeño Talavante. Desde que saltó a la arena “Amor de amores”, la faena auguraba un buen canto. Colorado, ojo de perdiz, hociblanco y caramelos por pitones, más la armonía de hechuras lo anunciaban. Galopó con ritmo y metió el morro en la arena tras el capote de Talavante al dibujar sabrosos lances de manos bajas a pies juntos. Luego de ir pronto al caballo, el de Extremadura se rebozó en un quite por chicuelinas que remató con una brionesa. La expresión del hispano evidenciaba que sí; que la materia prima ahí estaba. Con la muleta empezó con estatuarios en el centro del ruedo, los que ligó con un cambiado por la espalda, un desdén y el profundo pase de pecho. Esto fue lo espectacular. Enseguida vino el concierto de temple, dimensión, buen gusto, mano baja, y creatividad sin chabacanerías ni exageraciones -bueno, un compasito por ahí; pero nada más. No piense usted que fue sencillo el trasteo, no. Llevar y aguantar una embestida a la velocidad mínima, solamente los privilegiados. Aquellos que son capaces de capitalizar la despaciosidad que México aportó al toreo.

De nuevo a la mexicana fue como toreó Alejandro Talavante. El clímax vino en una serie lentísima con la mano diestra, rematada con la arrucina y el profundo pase de pecho. La algarabía, a todo lo que daba; los gritos de torero torero, también. La culminación llegó con manoletinas y la vista en el tendido. Habían comenzado aparecer pañuelos en solicitud de indulto. Talavante se perfiló, se fue tras la toledana con gran decisión, pero el pinchazo partió el corazón de los tendidos. Bueno, les quedó el trozo suficiente para después de la entera delanterita exigirle al juez de plaza un par de trofeos. Se ordenó la vuelta al ruedo a los despojos y el torero paseó entre jaleos el par de auriculares, muy bien ganados. El cuarto de la tarde, aunque ofreció menos prestaciones tuvo las condiciones para embestir con calidad, sobre todo por el lado izquierdo. Talavante, claro que muy bien, pero le faltó un punto de calado a su labor. Silencio.

Qué pedazo de torero es José Adame. Qué entrega; qué celo, vaya tamaño de convicción que tiene el de Aguascalientes. Con el primero de su lote, ya se habían ido por delante Macías con una, y Talavante con dos trofeos. Este primero llamado “Ojos de amor” tuvo en realidad ojo de hormiga. Vamos; que fue el de menores posibilidades. Si alguien recuerda los toros de La Punta, aquel hierro legendario, pues haga de cuenta que saltó al ruedo uno de esos. Negro, alto, delantero de cuerna, aunque con bragas (don Francisco Madrazo no lo habría lidiado) al que Adame pulsó por nota en una faena correctamente construida y llevada a cabo que por la altura de agujas y la consiguiente dificultad del astado para humillar, no pudo alcanzar las alturas que el torero siempre buscó. Pinchazo, entera al rincón y una ovación de reconocimiento. Aquí viene lo grande, su faena al sexto de la tarde. Otro negro al que recibió con lances a pies juntos, lo remató con una media y un recorte pinturero. Llevó a su enemigo al caballo por tapatías. Y -cómo no- el espectacular quite por zapopinas, que fue ovacionado en serio, luego de rematar con una revolera.

Oiga usted esto. Ante la conciencia que, a pesar de sus empeños, se iba de vacío comenzó la faena, sentado en el estribo, cogido de las tablas, y así, en esa peligrosa postura, a un toro con toda la barba, le pegó hasta ¡diez pases por alto! Cambió a “Diamante Amoroso” al terreno de los medios, para cuajar una serie por derecha, oportunamente rematada con un redondo al que ligó el de pecho. A estas alturas de la emocionante corrida, la plaza estaba patas pa’ rriba. Vino una serie con la izquierda que, de tan ceñida, el torero fue alzado por los aires, para caer a la arena con la taleguilla deshecha y la sospecha de alguna lesión. Se incorporó para continuar lo pendiente y rematar la serie. Así continuó en series por derecha con dimensión y hondura.

Alternó su faena por ambos lados hasta en el clímax terminar una de ellas, prácticamente encunado y de ahí extrajo una emocionante dosantina que usó como un remate torerísimo. Concluyó su trasteo con pases cambiados por derecha con una rodilla en tierra. Cuando se perfiló, esos feriantes, los aficionados chipén, toda la plaza guardó un impresionante y expectante silencio cuando se perfiló el de la tierra, para enseguida estallar el ¡ah! De frustración por el pinchazo en lo alto. Ovación de apoyo y un nuevo pinchazo en el que escuchamos el crujir del hueso en el que topó la espada. Otra ovación. Vino la entera; el arrastre lento a los despojos de el de Begoña y la vuelta al ruedo entre ovaciones y prendas de vestir.

Al queridísimo Arturo Macías le reconocieron su disposición en el primero de la tarde y los pasajes de buen toreo con un apéndice. Al segundo de su lote lo recibió a portagayola, al que siguieron otras cuatro largas afaroladas con mucha exposición que fueron abrochadas con un remate de zapopinas de hinojos. La faena dio esperanzas por el buen quite combinado de chicuelina, caleserina y la revolera; pero luego Macías no consiguió entenderse con un toro de muy buen juego, a pesar de que echó mano de “su” toreo. Aplausos al toro en el arrastre y una ovación que dividió los bandos. En el de regalo, que fue bravo, emotivo, que tuvo humillación, nobleza y mucha codicia, Arturo no pudo hallarle lo que de cuadrado tiene el círculo. Entreveró su estilo con pasajes de buen toreo; pero no le alcanzó ¿Qué tuvo entrega? Por supuesto. Pinchazo, media, amorcillamiento, aviso, silencio y nutridos aplausos al toro en el arrastre.

Para el cierre de la feria Sanmarqueña, la canasta subió de altura, pero dejó un gran ambiente para los próximos festejos.

Ficha
Aguascalientes, Ags.- Octava corrida de la Feria de San Marcos. Lleno absoluto, en tarde calurosa. Siete toros de Begoña, con edad y trapío, bravos en su conjunto, entre los que destacó el 2o., premiado con la vuelta al ruedo, así como el 6o., que recibió arrastre lento, y el 7o., lidiado como regalo. Pesos: 496, 511, 506, 490, 522, 515 y 518 kilos. Arturo Macías (malva y oro): Oreja, ovación y silencio tras aviso en el de regalo. Alejandro Talavante (frambuesa y oro): Dos orejas y ovación. Joselito Adame (blanco y plata): Ovación y vuelta. Incidencias: Saludaron en banderillas el español Juan José Trujillo y los mexicanos Gustavo Campos y Fernando García hijo.


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