La inspiración brotó a la luz de las velas (fotos)
Jueves, 04 Dic 2014
Quito, Ecuador
Juan Antonio de Labra | Enviado
Morante permanece en estado de gracia y cuajó otra gran faena
El Festival de la Virgen de la Esperanza de Triana volvió a envolver el ambiente con esa atmósfera tan especial de un festejo que ya forma parte de la reivindicación de la fiesta de los toros en Quito. Y esta noche no fue la excepción porque se vio torear, y bien de verdad, como suele ser en este evento tan especial al que se da cita lo más granado de la afición local.
Nadie se movió de su lugar a pesar de la incesante llovizna que mojó la noche, y desde que Diego Ventura calentó el ambiente con sus caballos toreros, hasta que Alejandro Talavante simuló la suerte de matar con una banderillas, el público disfrutó del estilo personalidad de cada uno de los actuantes.
La faena más asolerada salió de las muñecas de Morante de la Puebla, que permanece en estado de gracia tras la deslumbrante faena que cuajó el otro día en Latacunga.
Y con ese mismo afán de pureza y torería, el de La Puebla del Río sacó otra vez su expresión al abrirse de capote, con el que toreó suavemente a la verónica en varios lances de mucho empaque, que remató con una media de las suyas, en los medios, encajando la barbilla en el pecho.
El novillo llegó con fuerza a la muleta de Morante, que mantuvo la serenidad para estructurar una faena en la que hubo suertes variadas, mismas que ejecutó con una gran naturalidad, y cuando el de Triana le achuchó de fea manera, casi a punto de echárselo a los lomos, se arrebató dentro de su estilo; es decir, se creció a siguió expresando su toreo con mayor desgarro.
Los naturales y los redondos, los cambios de mano y los adornos, fueron todo en uno, con idéntico compás y bajó el acompañamiento de un grupo flamenco que iba en consonancia con el sentimiento de Morante. Acabó la lidia y el ambiente se quedó preñado de ese embrujo, de la estela de un hombre feliz que disfrutó otra vez de su profesión.
Talavante no se quiso quedar atrás en cuanto a inspiración se refiere, y aunque enfrentó un novillo incierto, que inclusive intentó saltar al callejón, le hizo una faena diáfana, pura, con estructura y ritmo, cadencia y temple.
Sobre ambas manos manejó el extremeño la muleta, siempre bien colocado, en la distancia precisa, para enganchar y someter cada una de las embestidas. Y el público, que estaba receptivo, a pesar de que tal vez era difícil aplaudir debido a la llovizna, jaleaba las series con entusiasmo.
Destacaron varios naturales de toque suaves, imperceptibles, en los que condujo las embestidas del novillo de Huagrahuasi con elegancia y sobriedad, hasta que terminó acosando en tablas al ejemplar ya cuando éste se había desfondado.
El torero nacional Mariano Cruz Ordóñez afrontaba el compromiso de la responsabilidad de verse al lado de figuras consagradas, y no desaprovechó la ocasión de mostrarse con un novillo que no fue fácil por el pitón izquierdo, así que la faena discurrió básicamente por el otro lado, con muletazos en los que se fue confiando hasta construir una faena que tuvo detalles.
Los pases de pecho y algunos otros por alta, hacia el final del trasteo, dejaron entrever ese sello de un artista que sigue en la búsqueda de sí mismo, y que hoy, en la Belmonte, lanzó un mensaje que fue bien recibido por la gente.
Abrió plaza Ventura, que tardó un poco en calentar el cotarro, y se dobló toreramente montando "Cigarrerra", con el que clavó un rejón pequeño que quedó un tanto enhebrado, lo que permitió que el novillo de Rumiquincha se empleara con calidad hasta el final de la lidia.
Los pasajes más toreros los consiguió montando a "Oro", el espectacular el bayo, y también con "Morante", que se reunió en los embroques colocando siempre la cara de frente a la del novillo con el que consiguió momentos que entusiasmaron mucho a la concurrencia.
Al final del festejo los toreros no se dejaron sacar a hombros (Morante y Talavante), sino que salieron abrazados, contentos de haber regalado su arte en una noche especial en una de las plazas más íntimas y toreras de cuantas existen en el planeta de los toros.
Ficha Quito, Ecuador.- Plaza Belmonte. Décima edición del Festival de la Esperanza de Triana. Lleno en noche fría de incesante llovizna. Novillos de Rumiquincha (1o. y 3o.), uno de Triana (2o.) y Huagrahuasi (4o.), de los que destacó el 1o. por su bravura y el 2o. transmisión. Pesos: 380, 425, 390 y 430. El rejoneador Diego Ventura: Oreja. Morante de la Puebla: Dos orejas. Cruz Ordóñez: Oreja simbólica. Alejandro Talavante: Dos orejas simbólicas. Incidencias: Los trofeos simbólicos fueron rosas. Al final del paseíllo y tras la procesión de la virgen, Morante recibió, para llevar a España, un reconocimiento póstumos al maestro José Mari Manzanares, a cuya memoria fue dedicado este festejo.
Comparte la noticia