La nota alta esta tarde de viernes, la ha dado un importante novillo de Torreón de Cañas, "Bordador", lidiado por Cayetano Delgado, y después, los matices que hubo de la terna y de las demás reses lidiadas, en lo que ha sido la primera de las tres novilladas anunciadas, correspondientes al certamen "Descubriendo un torero", en la monumental pachuqueña.
Y pese a los augurios de que “sólo iría” la familia de los toreros a los tendidos, porque es bien sabido que la gente de Pachuca es apática para cualquier actividad, y más a los toros, y además sin publicidad, pues es grato decir que hubo una aceptable entrada para apoyar a la terna.
Así las cosas, de los novilleros, hubo dos que tuvieron solvencia frente a dos novillos de distintas condiciones.
El primero de ellos fue Rafael Reynoso, que abrió plaza y que se las vio con un espectacular novillo de capa (algo así como burraco en colorado), bien armado aunque con pocos kilos, muy incierto y sin fijeza de salida, que resultó laborioso para ponerlo al picador aunque peleó con fijeza en el primer encuentro.
Después fue un punto complicado en banderillas, pero cambió de lidia en la muleta y entonces metió la cara y lo hizo con temperamento, con nervio, hasta con un punto de violencia, lo que hizo que tuviera emotividad y transmisión la labor del novillero, que no se amilanó, que le bajó inteligentemente la mano a la res para que se sometiera, aunque nunca terminó del todo por hacerlo. Le pegó muletazos importantes, tratando siempre de que no le tomara el animal el engaño, porque por esa condición era difícil templarlo.
Si se tratara de un examen, éste no fue fácil. Quizá por haber prolongado un poco el trasteo le sonaron un aviso, además de no haber estado del todo certero con el acero, pero dejando al final una grata impresión.
El segundo de los novilleros en mención, también salió en segundo lugar. Se trataba de su segunda novillada y mostró buen valor, determinación y técnica, aunque el resultado no fuera el que deseara.
Roberto Muraoka enfrentó un novillo chaparrito, cómodo, de esos que les dicen “un zapatito”, de finas hechuras además y bonito pelo, que auguraba que habría algo pues en el primer cite, de lejos con el picador, arrancó con espectacularidad provocando un escandaloso tumbo a Rodolfo Acosta, pero después la historia cambió, el novillo luego de una primera tanda con la derecha comenzó a desarrollar sentido, a quedarse corto en la acometida hasta que lo alcanzó y le rasgó la taleguilla a la altura de la ingle.
Muraoka no se vino abajo, por el contrario, le buscó la faena con serenidad al novillo, intentado robarle los pases pues la res sacó peligro, logrando naturales (lado por el que fue un poco más franco el animal) que tuvieron tanto mérito como buen gusto, porque el muchacho posee cualidades. No anduvo fino con el acero, descargando hasta tres golpes con el descabello, y escuchando palmas al irse a la barrera. Rivalizó en quites con Cayetano Delgado.
Fue el tercero de la tarde, un novillo largo de Torreón de Cañas, el que dio la nota. De salida tardó en enterarse, y Cayetano Delgado no se terminó de acomodar con él de capote. Se repuchó en el primer encuentro con el picador la res, pero después cumplió bien.
Con la muleta el animal fue a más, resultando encastado, bravo, con clase, repetidor, con poder, contenido, emoción, y el muchacho, sin tener estructurada una faena, logró solamente sacarle muletazos aislados que tuvieron transmisión, pero después se desdibujaba ante el animal, sin duda merced de la falta de bagaje y experiencia del muchacho, que marró también con el acero y se retiró bajo algunas palmas, mientras que para el novillo hubo una ovación en el arrastre.
Cerró plaza un bicho avacado de hechuras, con el que sobresalió picando César Morales hijo, que se agarró bien en el primer encuentro con el animal. De muleta, Arcadio Valenzuela se puede decir que lo intentó.
Ya sabemos que estos muchachos apenas empiezan y les falta experiencia, pero también deben de tener corazón, garra, y si bien es cierto que le pegó algunos muletazos bien logrados a un novillo noble, con fijeza y clase, al novillero le faltó también transmitir, diluyéndose su labor. Recibió una voltereta sin mayor desperfecto que la rotura de la taleguilla. Tampoco estuvo fino con el acero y quedó en palmas su labor