A pesar de que ninguno de los actuantes cortó apéndices el día de hoy en la final del Gran Premio Nacional de Escuelas Taurinas “Centenario de la Batalla de Zacatecas”, queda un grato sabor de boca debido a que todos los seis becerristas dieron lo mejor de sí y mostraron sus mejores cartas en la Monumental Zacatecas.
Cada uno tiene que algo que ofrecer a la fiesta brava que está ávida de nuevas propuestas, la clase de Pablo Labastida, el arrojo de Ángel Escobedo, la firmeza de Carlos Martell, el ánimo de Sebastián “Tatán” Soriano, además de una precisa técnica de parte de Alejandro Adame, y la voluntad que puso Eduardo de la Barquera, hoy superan los trofeos, y nos quedamos con eso.
Hoy nadie cortó orejas pero la afición salió contenta, con un buen sabor de boca de haber disfrutado de un festejo que dio un digno cerrojazo a las cuatro fechas que con anterioridad se realizaron y donde se brindó oportunidad a cerca de una veintena de jóvenes que son el futuro de la fiesta nacional.
La tarde agradable en el coso de cantera abrió con el novillo de nombre “Sumar”, de la ganadería de Cerro Viejo que pesó 310 kilogramos, y que en suerte correspondió al potosino Pablo Labastida, quien tuvo un buen saludo con el percal, dibujándose con despaciosidad por verónicas, rematando con una asolerada media.
Brindó su faena muleteril al respetable para toparse con un novillo complicado, andarín, al que le faltó más castigo en varas, y que acometía con brusquedad. Buscando la distancia, Labastida por momentos encontró la emotividad del novillo, esto por pitón derecho, asentándose y corriendo la mano, ligando muletazos de poder y sobre todo de mucha clase, dejando ver que en él hay un torero con cualidades, y con grandes posibilidades de alcanzar un lugar de privilegio, el tiempo, lo dirá, pero hoy demostró que tiene con qué. Despachó al primer viaje de estocada trasera y caída, saludando en el tercio tras su voluntariosa actuación.
Decidido salió Ángel Escobedo a saludar a porta gayola al segundo de la tarde que llevó por nombre “Comex”, y pesó 350 kilos, con el que tuvo un variado juego con el percal sobresaliendo el quite por chicuelinas. En el segundo tercio invitó a colocar un par a los becerristas Carlos Martell y Alejandro Adame, que lucieron con las banderillas.
Frente a sí tuvo el joven zacatecano un novillo complicado que poco le permitió hacer pero con el que trató en todo momento de buscar ligar las embestidas, no fue nada fácil el de Cerro Viejo que buscó al torero en todo momento, llevándose algunos arropones sin mayores consecuencias.
Cuesta arriba fue la tarde para Escobedo que no dejó de proponer, de buscar, de hacer, y sobre todo de ir contra la corriente en la búsqueda de llevarse el triunfo; despachó al cuarto viaje para escuchar las palmas del respetable después de haber dejado muestra de que tiene ganas de ganarse un sitio en esta dura profesión.
El tercero de la tarde llevó por nombre “NTR”, y pesó 340 kilogramos, correspondiendo la lidia al tlaxcaleca Carlos Martell, que se dibujó con el lance natural por excelencia, cuatro verónicas para rematar la serie con una media. Al caballo el de Cerro Viejo acudió de largo y peleó con fuerza, recibiendo un buen puyazo por parte de Víctor Simental que fue ovacionado. Martell, en ánimo de agradar, realizó un quite por chicuelinas que tuvo eco en el tendido.
En el segundo tercio invitó a Rafael Soriano y a Ángel Escobedo a colocar las banderillas, dejando tres buenos pares, sobresaliendo el par de Soriano, de perfecta ejecución al violín.
En su quehacer multeril tuvo la fortuna de tener un novillo bueno, noble, con emotividad y clase que le permitió firmar una faena de calidad, sobre todo cuando bajó la mano y lo llevó ligado por el derecho. Martell supo aprovechar al dije de Cerro Viejo que tuvo en sus manos y la faena se plagó entonces de buenos pasajes que le brindaron la oportunidad de cortar una oreja, lástima que la espada no haya sido esta tarde su aliada, dio una meritoria vuelta al ruedo.
“Cromos”, de 300 kilogramos, cuarto de la tarde para el zacatecano Sebastián Soriano, que salió con mucha actitud a saludar a porta gayola al de Cerro Viejo, al que después le pegó un farol de rodillas, lanceando por la verónica al cerrar su labor con el capote. En la faena de muleta mostró voluntad, es su segundo festival como becerrista y habrá que darle tiempo para corregir errores, se le vio apurado y sólo cuando lograba encontrar la distancia tuvo lucimiento su labor. Errático con el acero dio una vuelta al ruedo.
“Imperial”, de 315 kilogramos fue el novillo que en suerte correspondió al becerrista hidrocálido Alejandro Adame, que hoy tuvo una buena tarde en la Monumental Zacatecas, desde las verónicas con las que se dibujó hasta el quite por zapopinas. De ahí siguió su entrega con las banderillas, y ya con la muleta tuvo buenos pasajes ante un novillo complicado que salía con la cabeza arriba, y que le exigió con fuerza a Adame, que resolvió la papeleta concluyendo con buenos trazos, una labor de mérito y peso que desafortunadamente no pudo coronar con la espada, saludando con fuerza en el tercio.
Cerró plaza el capitalino Eduardo de la Barquera, a quien correspondió lidiar a “Olague”, de 360 kilogramos, que lució con el capote, y con la muleta tuvo muchos momentos de duda, se le vio inseguro ante un novillo que tuvo movilidad, pero al que había que mostrarle con firmeza el camino para embestir. Y cuando lograba llevarlo ligado los olés surgían porque los muletazos eran buenos, pero en un punto volvía a perder la brújula, aquí aplica la frase de “hay que darle vuelta a la página”, vendrán más tardes y seguramente podrá corregir lo que hoy falló. Escuchó palmas.
Al final del festejo el jurado calificador del Premio Nacional de Escuelas Taurinas determinó que el premio quedaba desierto, y aquí cabe apuntar que el premio además de un trofeo para el ganador de la categoría de mayores de 14años sería el debut como novillero en la próxima temporada de la Monumental Zacatecas.