Como si se tratase del juego de "la pirinola", ese en el que todos le dan y decide la suerte, la tan esperada corrida de la Monumental Monterrey tuvo en ese insignificante juego una sola frase en paradoja: “Todos hacen trampa”.
Y es que si fueran racionales, a los únicos que deberíamos hoy estarles pidiendo perdón sería a los novillos que aquí se lidiaron como toros, pues no tuvieron la fortuna de que los esperaran a crecer en su rancho.
El matador español Manuel Díaz "El Cordobés", tuvo la más desafortunada de las reapariciones al prestarse lidiar dos indignos ejemplares en una plaza que se dice ser, o que era de primera categoría, los cuales a pesar de ser lidiados por una figura con muy amplio rodaje, le pusieron en aprietos un par de ocasiones.
Y aquí es donde comienza el juego: tomen sus lugares.
Por un lado, la empresa propietaria de la Monumental Monterrey al no importarle su afición a la que tiene en el olvido, tiene a bien rentar el coso a empresarios particulares que apuestan su dinero armando carteles que, en el papel "enganchan" a la afición.
Los siguientes en jugar y hacer trampa son precisamente estos neoempresarios que juegan con los intereses de una cada vez más pobre afición que aún paga su boleto por entrar a la plaza, sin saber lo que les espera.
El tercer jugador es el ganadero, en este caso de San Pablo, por vender un encierro anovillado para una plaza como la de Monterrey, burlándose a la distancia y eso sin importar qué cartel lo fuese a lidiar.
El cuarto jugador serán las autoridades de la plaza, llámese Juez de Plaza Antonio Quiroga o sus asesores Marcos Garza y Pedro de la Serna, por prestarse al chantaje de recibir y autorizar para una corrida de lijo un encierro indigno.
Hasta aquí todo igual a como ocurre un muchas plazas de pueblo.
Lo triste es que la afición, ávida de su espectáculo, no debe seguir permitiendo que sucedan estas cosas y tiene que ponerse remedio a todo: que la empresa titular no se juegue más su deteriorado prestigio y evalúe a quien le renta la plaza.
Que los ganaderos, algunos, dejen de prestarse al engaño ya que de estar presentes en la plaza bien se tendrían ganada una multa o pasar la noche detenidos en la demarcación policíaca.
Que el juez de plaza y sus asistentes sean removidos de inmediato de sus puestos por sus superiores en la Alcaldía, por no saber cuidar los intereses de “Juan Pueblo”.
Ah, y por cierto, El Cordobés se retiró entre silencio y pitos en sus dos turnos. Fermín Spínola le cortó una oreja y dos orejas a sus ejemplares y Octavio García "El Payo" escuchó aplausos en sus dos astados.
Los únicos que se salvaron de este juego fueron Gastón Santos que lidió un toro de Puerta Grande y los Forcados de Mazatlán, que hicieron una pega al primer intento, para ganarse la vuelta al ruedo.
¿Algo más? Sí, nadie sorteó y solo se procedió al enchiqueramiento. ¿Cómo se llamó el juego? "Todos hacen trampa".
Monterrey, N.L.- Corrida nocturna. Un tercio de plaza en noche calurosa (aproximadamente, tres mil espectadores). Seis toros de San Pablo, de escasa presencia con excepción de 3o. y 6o., y en conjunto descastados Uno de Puerta Grande, para rejones, agarrado al piso.Pesos: 524,450, 467, 440, 440, 502 y 502 kilos. El rejoneador Gastón Santos: Vuelta. Manuel Díaz "El Cordobés" (caña y oro): Silencio y pitos. Fermín Spínola (turquesa y oro): Oreja y dos orejas. Octavio García "El Payo": Palmas en su lote. Los Forcados de Mazatlán dieron la vuelta con el rejoneador, y fueron ovacionados al conseguir la pega al primer intento.