"Me emborrache toreando, sentí en el alma los muletazos con la mano derecha al abandonarme en el toreo profundo y artístico que llevo en el corazón", expresó exultante Arturo Saldívar tras soñar el toreo en la plaza de toros "Raúl Dávalos" de la ciudad ecuatoriana de Riobamba en la que obtuvo los máximos trofeos tras indultar al quinto de la tarde; en el primero de su lote obtuvo una oreja tras una faena técnica y valiente.
El matador de toros francés Juan Bautista también cumplió una tarde redonda al lograr cuatro orejas resultado de dos pulcros trasteos; en tanto que el torero local José Alfredo Cobo, que tomó la alternativa, logró un apéndice del toro del doctorado.
Con media entrada en tarde fresca, se corrieron reses de las ganaderías de Campo Bravo, El Pinar y Los Campanarios, de justa presentación y desigual comportamiento, destacó el lidiado en quinto lugar, Huracán, número 11 de 468 kilos, con el hierro de El Pinar, toro bravo y noble al que se le perdonó la vida tras constituirse en materia prima ideal para que el coleta mexicano borde el toreo.
Lentas verónicas dieron forma a su saludo capotero, tras un corto puyazo surgieron las zapopinas que llenaron el ruedo de color, anticipando lo que vendría con la muleta. Los péndulos en los medios calaron en el tendido y la faena levantó vuelo; largas series de muletazos sobre las dos manos de cuidada estética, profundidad y largo trazo se intercalaron con las indispensables pausas para que "Huracán" tome aire, Arturo disfrute y el público asimile un trasteo que creció en especial cuando la diestra manejó la tela roja.
Tersos muletazos de mano baja con las zapatillas hundidas en la arena, la cintura acompañando la embestida y el gesto marcando la emoción de sentirse torero.
El tendido atento también sintió la faena, el juez de plaza lo propio, el pañuelo naranja devolvió al toro al campo y a Saldívar a la grata realidad de verse con dos orejas y el rabo simbólicos en sus manos.
El brillo de esta faena eclipsó el trabajo cumplido en su primero, labor importante ante un ejemplar que reclamó poder e inteligencia. Si "Huracán" le regaló medio centenar de deliciosas embestidas; "Jaquimero", de Los Campanarios, ninguna, toro exigente de incierto comportamiento que reclamó colocación y entrega para llevarlo muy toreado para arrancarle una oreja de peso.
Si Saldívar gozó en el quinto, sudó con el segundo para mostrar las dos facetas de sus capacidades; la torería y la clase, el poder y la garra.
Quince años de profesión no pasan en vano, más si la carrera se fraguó en ruedos de aquí y allá enfrentando reses de heterogéneos encastes y trapío; así las cosas, la capacidad técnica fue la basa de Juan Bautista Jalabert, que ratificó su reconocida solvencia manifestada en un impecable manejo de los engaños.
Obtuvo cuatro orejas tras dos faenas en las que exhibió el toreo ciencia exacta, casi impecable en distancias, alturas y toques. Los dos trasteos se asemejaron; mayor vibración tuvo su primero en el que surgió el toreo a la verónica y por delantales, como templadas series de derechazos en redondo.
En el cuarto debió emplearse en mayor medida ante una res de sosas embestidas, repetidos derechazos y una estocada de rápido efecto le aseguraron el doble trofeo.
José Alfredo Cobo se convirtió en matador de toros cumpliendo una correcta actuación pese a que tuvo poca fortuna al momento del sorteo; mansurrón el toro del doctorado al que extrajo meritorios naturales, estoqueó con rapidez y recaudó un apéndice.
A su segundo con el hierro de Los Campanarios, que sustituyó a un ejemplar de Campo Bravo devuelto a los corrales tras romperse un pitón, lo toreó con clase de capote dibujando cuatro estupendas verónicas firmadas con una rítmica media; en la muleta el toro se vino abajo tornándose deslucido y peligroso, el torero le buscó las vueltas con paciencia sin conseguirlo pues su ponente no le ofreció alguna opción.
Al final de la tarde triunfal en la que el palco presidencial repartió un total de ocho orejas y un rabo, Cobo se marchó de la plaza envuelto en una afectuosa ovación, Juan Bautista junto al gran Saldívar aupados a hombros y el público feliz tras una emocionante jornada taurina.