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Morante, o el arte de torear (video)

Viernes, 28 Feb 2014    Querétaro, Qro.    Raúl Magos | Foto: Juan Noguez            
Cortó dos orejas al cuarto toro de la noche
Al finalizar el festejo de esta noche en la plaza Santa María, múltiples aficionados –los de cepa, que supieron dimensionar en su todo la faena al cuarto- hablaban de la grandeza que ante sus ojos se desveló en la faena de Morante al segundo toro de su lote. Alguien dijo: “Es que eso es el arte del toreo”.

El de Montecristo de salida no hacía presagiar muchas cosas, indefinido en el capote, no le permitió el lucimiento a Morante. Sin embargo, tras el puyazo y un buen segundo tercio de Gustavo Campos, en la muleta se obró el milagro: A base de insistir fue sacando del toro ese fondo de calidad –toreabilidad le llaman- que le permitió disfrutar al maestro sevillano y hacer disfrutar las series por ambos pitones. Derechazos y naturales superiores. El sitio preciso, los pasos justos, los toques en el momento que el toro requería, los olés roncos y los silencios que sólo provoca el arte. Quién sabe cuántos de los que pitaron las orejas después, también fueron partícipes del milagro durante la faena.

Y vinieron los torerísimos doblones para preparar la suerte suprema, un canto a la estética y a la técnica, porque detrás de la belleza de los pases se escondía un toreo de pitón a pitón propio de elegidos. Quizás el problema por el que no se entiende del todo este concepto -hoy, y otras tardes- es que la grandeza técnica de Morante queda subyugada –en apariencia- a una estética que a veces se confunde con torear bonito.

Tras la estocada, entera y ligeramente contraria, el maestro esbozó la sonrisa del artista tras la gran obra. Aparecieron de inmediato los dos pañuelos desde el palco de la autoridad y hubo algunas protestas, tras las cuales, Morante regresaría las dos orejas a la cuadrilla y daría la vuelta satisfecho. Ya se sabe lo que decía Manolo Martínez de las orejas...

Se dice que el cronista debe comprometer su opinión y no quedar en el papel de mero relator de hechos. Por ello, en mi opinión, la faena sí era de dos orejas. Así como en múltiples ocasiones se habla del papel didáctico del palco de la autoridad al premiar en su justa dimensión las faenas, en esta ocasión se valoró la grandeza de lo que hubo detrás de la faena de Morante. El reglamento habla de la brillantez de la faena, y ésta lo fue. Sobre todo por el mérito basado en las condiciones del toro, primer mandamiento del aficionado.

En su primero, un toro de Ordaz que embistió de salida con la cara alta y desparramando la vista solo tuvo destellos con el capote. En el último tercio lo intentó aunque la sosería de las embestidas impidió mayor lucimiento. Escuchó división de opiniones tras un pinchazo hondo y varios descabellos.

No cabe duda que Joselito Adame sigue en paso ascendente y que hoy día, gracias a lo hecho en muchas plazas y la repercusión de su gran temporada en La México, goza del favor del público. Hoy ha tenido una actuación importante, y si no se vio reflejada en el corte de un mayor número de apéndices fue por sus fallas con el acero, específicamente en el segundo de su lote.

Su primero, al recibirlo con el capote con lances a pies juntos, esbozaría lo que fue su comportamiento posterior al colarse de fea manera y romperle el punto del vestido a la altura del vientre. Lejos de amilanarse, Joselito le pegó varias chicuelinas ajustadas en el quite, y ya con la muleta comenzaría doblándose con el de Montecristo para hacerse de las embestidas. El toro tendía a irse suelto y Joselito logró hacerse de él, imponiéndose y sacando meritorias series por ambos lados. Despachó al toro de una estocada algo trasera y recibió una merecida oreja.

Su segundo, de Ordaz, fue regresado tras aparecer en el ruedo con un pitón a punto de caerse, por lo que fue sustituido por uno de Fernando de la Mora, alto pero anovillado de cara y que fue protestado. Inteligentemente aprovechó Joselito la movilidad del astado y ejecutó un vistoso quite por zapopinas, suficiente para acallar las protestas y hacer que la gente se metiera a la faena.

Ayudó al toro mostrándole la muleta planchada y llevándolo a media altura, aprovechando el recorrido que tuvo por el lado derecho, ya que por naturales el toro iba menos largo. Ya al final, con el toro más quedado, Joselito recurrió al toreo de cercanías, que terminó de encender los ánimos en el tendido. Tras el final por manoletinas perdió las orejas por fallar con la espada, siendo, sin embargo, virtualmente obligado por la gente a dar la vuelta al ruedo en loor de triunfo.

Santiago Fausto, que afrontó la preparación para este importante compromiso con seriedad y mucha ilusión, tomó la alternativa con un toro de Montecristo que de salida fue incierto y que llegó al último tercio agarrado al piso. Santiago esbozó un trasteo serio y consiguió, a base de insistir, un par de series por el pitón derecho que fueron jaleadas –por el izquierdo el toro era más corto-, sobresaliendo también los tersos pases de pecho con lo que abrochó las series. Tras el epílogo por manoletinas dio la impresión de perder un tiempo en la suerte suprema por el deseo de asegurar la estocada, y lamentablemente escuchó dos avisos tras un pinchazo, media desprendida y varios descabellos.

Su segundo, de Ordaz y que fue el más hecho del encierro, dio la impresión de salir acalambrado o con algún tipo de lesión en los cuartos traseros, y no dio margen para intentar la faena, ya que al llegar al último tercio se derrumbó.

Regaló por ello un sobrero de Arroyo Zarco, de hechuras agradables y con calidad, siendo el que tuvo más movilidad de la corrida. Con él estuvo Santiago intentando estructurar una larga faena, aunque, a pesar de algunos detalles, no logró redondear. Tras las manoletinas falló con la espada y escuchó otro aviso, además de palmas de la afición de su tierra, que deberán servir de estímulo en este inicio de su andadura como matador de toros.

Ficha
Plaza Santa María. Dos tercios de entrada en noche agradable y sin viento. Tres toros de Montecristo (1o., 3o. y 4o.), dos de Ordaz (2o. y 6o), uno de Fernando de la Mora (5o., sobrero sustituto de uno de Ordaz que salió con un pitón flojo) y uno más de Arroyo Zarco (7o. de regalo), desiguales en presentación y juego, de los que sobresalió el de regalo por su calidad. Pesos: 494, 466, 467, 505, 473, 498 y 465. Morante de la Puebla (grana y oro): División y dos orejas con algunas protestas. Joselito Adame (sangre de toro y oro): Oreja y vuelta. Santiago Fausto (berenjena y oro): División tras dos avisos, silencio y palmas en el de regalo. Incidencias: Fausto se doctoró con el toro “Inspirado” de Ordaz, número 20, negro, con 494 kilos de peso. Bien en banderillas Diego Bricio, El Lili, Héctor Rojas y Gustavo Campos;  éste último saludó en el 4o. La corrida terminó a las 23:55 horas.

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