Mientras que no haya materia prima, poco bueno puede destacarse de un festejo que, de entrada, ya las llevaba cuesta arriba.
Primero por la temperatura gélida que se ha registrado en los últimos días con constantes lluvias en la Ciudad y luego por la innegable importancia que en Monterrey y su área metropolitana se le da al futbol y que este domingo vivió un juego de Liguilla entre los Tigres de la UANL y el actual campeón, América.
De esta manera poco menos de mil aficionados se hicieron presentes en el tendido para ser partícipes de la tarde de despedida del "Señor de los Tres Tercios", Rafael Ortega, quien muy a su pesar no contó con toros a modo para poder cuajar dos últimas faenas que dejaran el mejor de los recuerdos en el público regiomontano.
Pero aunque no tuvo socios, la gran trayectoria del torero de Apizaco ahí quedará siempre en el recuerdo de los aficionados que le vieron en el ruedo de la Monumental desde hace 23 años que tomó la alternativa y que siempre se distinguió como un torero valiente y entregado.
El segundo en la tercia fue el hispano Alejandro Talavante ,a quien le tocó en suerte un lote más potable, ante el cual el extremo estuvo muy por encima de las condiciones de los astados de San Isidro, que en general envió un encierro soso y descastado.
Talavante sólo vino a confirmar que está en el ánimo del público al hacerse diferente su toreo desde los primeros lances de recibo con que saludó a "Cristo Rey", llamado así en honor a un sacerdote que hizo el viaje entre los amigos cercanos del peninsular.
La faena fue buena, con adornos de trinchera ligados con muletazos con la mano baja que despertaron el interés de un público entregado que le aplaudió y jaleó con sabor los muletazos. Para su mala fortuna un pinchazo antes de un bajonazo le privó de cortar la oreja pero fue llamado a saludar una aclamada ovación en el tercio.
La faena de la tarde vendría en el quinto, ante "Tio Juan", en el que de nueva cuenta volvió a estremecer los tendidos de la húmeda Monumental con un toreo reposado, con clase y de enorme penetración en el público. Mató de estocada entera ligeramente trasera y se le concedieron por petición general las dos orejas que paseó en la triunfal vuelta al ruedo.
Arturo Saldívar vino dispuesto a pelear las palmas a sus alternantes, pero su primero se apagó pronto y aunque hubo muletazos de gran empaque la media estocada con que lo pasaportó no le dió para cortar la oreja.
Ante el cierraplaza el hidrocálido estuvo tesonero, siempre buscando sacarle los pases, pero el astado fue otro ejemplar sin emotividad con el que no había nada qué hacer. Mató después de dos pinchazos y escuchó un aviso.