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Desde el barrio: Mirando hacia México

Martes, 19 Nov 2013    Madrid, España    Paco Aguado | Opinión   
La columna de este martes
Bulle estos días la temporada mexicana, que se sigue en los medios taurinos españoles con gran atención. Desde que, ya a primeros de este nuevo siglo, el semanario 6 Toros 6 comenzara a reseñar sus festejos con la máxima inmediatez y amplitud logradas hasta entonces en la prensa hispana, nunca como hasta ahora se le había dedicado a la campaña azteca tanta y tan extensa cobertura a este lado del Atlántico.

Ya sea por la mayor presencia de figuras españolas como por la ilusión que también aquí ha despertado la nueva generación de toreros mexicanos, los portales de Internet y las revistas especializadas están ofreciendo, sin entrar en cuestiones de calidad y credibilidad, una amplia información de lo que sucede estas semanas en aquellas plazas.

Y tanta atención a lo que sucede en México ha llegado a provocar hasta abundantes y espontáneos debates electrónicos, especialmente en lo referente al toro. Claro que, en la mayoría de los casos, a esos sanos debates suelen faltarles, por desconocimiento de las más básicas claves de la tauromaquia azteca, tantos elementos de juicio como prejuicios "españolizantes" les sobran para no caer en la injusticia de las conclusiones apresuradas.

En ese sentido, el mayor afectado es sin duda el toro, ese toro mexicano tan denostado por unos como alabado por otros. Tan desigual en su presentación, tan utilizado y a la vez soñado por los toreros, tan desdeñado por los fundamentalistas europeos. Y siempre, siempre, tan desconocido a miles de kilómetros.

Tienen toda la razón quienes critican, a la vista de videos y de fotografías, el mermado trapío de algunas de las corridas que se están lidiando estos días en plazas señeras del estado mexicano. Pero el fundamento de la crítica se pierde cuando las referencias se establecen desde el desmesurado rasero del toro ibérico o aún más desde el prisma desenfocado del "torismo" español.

Y es que no basta una mirada ligera a los soportes electrónicos para sacar conclusiones y emitir sentencias tajantes sobre un tipo de toro que, desde hace décadas, está sometido a una serie de condicionantes absolutamente ajenos a los conceptos españoles, y criado en base a los cientos de matices particulares de la particular idiosincrasia del toreo mexicano.

Ya su embestida, tan distinta a todas, tan pausada, persistente y aparentemente baja de raza, no es sino el resultado de una evolución tanto genética como cultural, en consonancia a un sentimiento del toreo que podríamos calificar de "nacional". Ese gusto lánguido y genuinamente mexicano que, visto lo visto, siempre ha sido difícil de asimilar por los "imperialistas" del toreo.

Pero las diferencias de ese ya de por sí distinto toro mexicano no estriban sólo en su comportamiento, sino que desde su mismo nacimiento está sometido a unos aspectos económicos que nada tienen que ver con los que, hasta la llegada de la crisis, marcaban la crianza en las dehesas españolas.

Manejado y alimentado en precario, elegido para su lidia sin la suficiente antelación y previsión, el toro azteca ha sido durante décadas un elemento tan secundario para el persistente oligopolio de sus empresas como lo fue el propio torero.

Afortunadamente, esos mismos videos que nos llegan desde México parecen indicar que algo está cambiando. Una nueva generación de matadores, forjada en su mayoría en España y, por tanto, con una mentalidad más batalladora en el ruedo y en los despachos, se está abriendo paso en aquellas plazas al mismo tiempo que se lo abre a nuevas empresas con una mentalidad más amplia y modernizadora.

Es cierto que, de momento, sigue siendo necesaria allí la presencia en los carteles de las figuras españolas para atraer más gente a los tendidos –lo que aun así no siempre sucede, pero sería de desear que algunos no abusaran de su posición para rebajar el trapío de las corridas.

Porque sólo la lidia de un toro de mayor seriedad, sin sacarlo de su esencia pero uno o dos puntos por encima de lo que se está viendo, le daría el necesario y definitivo empuje de credibilidad a la lucha de los nuevos toreros mexicanos.

Es a esas nuevas empresas a quienes, además de seguir fomentando el relevo generacional, les corresponde también apoyar más y mejor a los ganaderos nacionales para lograr esa mejora en la presencia de las corridas.

Y a los astros hispanos, por pura responsabilidad con la Fiesta en su sentido global,  les toca aceptar la batalla en esos términos de dignidad con unos aspirantes que cada vez les plantan cara con más fuerza y consistencia, sin rehuir ni empequeñecer el enfrentamiento buscando su tradicional comodidad "americana".

Con una corrida de más entidad, por ejemplo, la actuación de Ricardo Frausto en su alternativa del pasado domingo en Guadalajara hubiera sido cantada de la manera que merecieron, vistos desde el video, su quietud, su valor y su temple. Son esas las virtudes que, ya atisbadas desde novillero, integran por derecho propio a este nuevo matador en esa privilegiada lista de jóvenes que van en camino de regenerar de una vez el toreo mexicano tras tantas décadas de mediocridad.


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