El rejoneador español Leonardo Hernández cuajó una magnífica faena hoy en la Plaza México, premiada con dos orejas, en una corrida en la que Alfredo Gutiérrez se mostró muy maduro y obtuvo un valioso apéndice, e Ignacio Garibay fue ovacionado en una función entretenida.
Leonardo estuvo cumbre con ese primero del lote, un estupendo toro de Fernando de la Mora que tuvo nobleza, codicia y ritmo al momento de acudir a las cabalgaduras. El rejoneador ibérico cuajó una labor que rayó en la perfección, pues siempre se mantuvo aseado y fue certero en la colocación de las banderillas -salvo en una, que fue trasera- además de torear con temple y exposición durante toda la lidia.
En los albores, enceló de maravilla al ejemplar de Fernando de la Mora y con las banderillas lució al clavar pares al quiebro a lomos de "Verdi", tras de los cuales toreó de costado, templando magníficamente y sin dejar que los pitones rozaran al caballo, cosechando así las ovaciones desde el tendido.
Acto seguido, toreó con maestría y torería sobre "Xarope", para luego ir por las banderillas cortas y clavar cada una de éstas mediante la complicada suerte del violín, instantes que resultaron de una gran espectacularidad. Para cerrar, colocó la rosa y rodó en una serie de vistosos adornos.
Una labor medida de Leonardo, concreta y sin exceder los tiempos ni las suertes, lo cual también es digno de resaltar. Determinado, se fue tras el rejón de muerte y, aunque éste no rompió, quedó en lo alto y fue suficiente para rematar la faena de tal forma que apareció la nutrida petición y la autoridad le otorgó las dos orejas, mientras que el de Fernando de la Mora fue premiado con arrastre lento.
Este ejemplar salió en tercer lugar, dado que se reacomodaron los turnos debido a que el primero del lote de Leonardo, de Fernando de la Mora, se despitorró al salir al ruedo y tuvieron que preparar a un sobrero de Marrón, el cual apareció en sexto lugar. Ante éste, que cerró plaza, Leonardo hizo gala de sus recursos para encelar a un ejemplar que desde salida fue distraído y soseó durante grandes lapsos de la lidia.
Llegándole mucho a la cara y en un adecuado manejo de los terrenos, Hernández logró sacarle partido a este toro. El momento de mayor emotividad fue cuando colocó un par a dos manos, pues ejecutó la suerte de gran manera. Al final, falló con el rejón de muerte y en la segunda oportunidad terminó por descordar al toro, de tal forma que esta figura del toreo a caballo perdió un posible trofeo, cerrando así su periplo por México.
La actuación de Alfredo Gutiérrez dejó muy gratas sensaciones y le cortó una oreja al segundo de su lote, al que entendió. El de Marco Garfias tenía un fondo bueno y Gutiérrez supo darle su lidia adecuada, pues le dejaba la sarga en el sitio correcto poder ligar los muletazos y le salía “pá lante” cuando era necesario e, incluso, llegó a acortar las tandas para darle aire y reposo.
En esta línea, Alfredo dejó derechazos en los que toreó con despaciosidad y buen gusto, continuando por esa senda pues, por el perfil contrario, el ejemplar no tenía el mismo estilo ni recorrido. Interesante de la faena de Gutiérrez, madura y pensante, misma que remató de una muy buena estocada -ligeramente trasera- para pasear la “peluda”, un premio que ganó con méritos propios.
Ya ante su primero había mostrado buenas credenciales, pues brindó un trasteo sereno en el que llevó bien toreadas las deslucidas acometidas del noble burel, siempre con mimo y dejando la muleta un poco retrasada para aprovechar mejor el recorrido, que no era del todo largo. Así, sin perder la tranquilidad ni la calma, Alfredo fue construyendo una faena que fue de menos a más, trasteo que no pudo rubricar con el acero.
Mecidas fueron las verónicas con las que un dispuesto Ignacio Garibay recibió a su primero, al que comenzó toreando con temple y largueza en los primeros compases de su labor muleteril. Sin embargo, el ejemplar comenzó a rajarse y defenderse, así que la faena ya no cobró las alturas que se presagiaban y todo quedó solamente en momentos, para al final saludar una ovación desde el tercio.
El quinto de la tarde no presentó mayores opciones, pues fue incierto desde salida y llegó al tercer tercio prácticamente sin un pase. Analítico, Garibay buscó alguna manera para poder lucir, pero esto no fue posible y terminó por abreviar, rematando su labor con una gran estocada.
Tras la muerte del sexto y la salida en volandas para Leonardo Hernández, la escasa afición que se dio cita en Insurgentes salió contenta, pues la tarde de toros ofreció distintos pasajes de interés.