El joven espada Nicolás Gutiérrez ha fortalecido los buenos augurios –y esperanzas en él– que los aficionados tenemos al llevarse el trofeo "Manuel Capetillo" que hoy se disputó en el cerrojazo de la temporada 2013 de novilladas, en la exigente Plaza de Toros "Nuevo Progreso de Guadalajara", Jalisco.
La cosecha pudo haber sido más abundante (al primero le había cortado una merecida oreja), pero el segundo de su lote, el mejor del encierro de Boquilla del Carmen, se partió el pitón izquierdo desde la cepa, por lo que la parroquia no aquilató su buen trasteo.
Un novillo cárdeno cariavacado fue la materia prima de una faena que valió un trofeo para el chaval aguascalentense. Abanto de salida, Nicolás aprovechó su viaje para ejecutar chicuelinas en el centro del ruedo, lugar a donde siempre acuden los toros que circulan por todo el ruedo, y rematarlas con una media voluntariosa. Fue pronto a los montados en una breve sesión de castigo.
Gutiérrez le realizó un buen quite combinado de chicuelinas y tafalleras rematadas con una revolera con mucha torería. En el tercio de muerte, el torero comenzó con un toreo eficaz por bajo, al que no le faltó empaque ni torería. Ya en el centro del ruedo comenzaron las buenas series por derecha, con dimensión, temple y calidad. Entre ellos, uno redondo soberbio que ahí quedó. Los naturales ayudaron a que subiera de tono la faena, sobretodo un cierre de serie con uno de pecho que unificó al público con el "olé" más estruendoso de la tarde.
Abrochó su actuación con estatuarios de buen gusto, para tirarse a matar, como decían los antiguos se debía de matar, “muy en corto y por derecho” para sepultar una entera que cayó delanterilla. Por fortuna, su trasteo acumuló méritos suficientes para arrancarle una oreja al palco.
El segundo de su lote, un novillo con pelaje perlino, muy poco usual, pero que se miran preciosos, apuntó desde el capote unas condiciones esperanzadoras –y más que cayó en manos de Nicolás– pero… mientras Cristian Verdín solicitaba la anuencia del juez de plaza para obsequiar un toro más, se estrelló en un burladero y se partió el pitón izquierdo. Lástima, porque, reglamentariamente, no era posible cambiarlo.
El público se dividió: unos chillaban y otros disfrutábamos el buen toreo de Nicolás, que el de Boquilla del Carmen permitía. De verdad que duele cuando las cosas son así. Un torero con la posibilidad de darle mayor contundencia a su triunfo, un ganadero con la ilusión de ver en el ruedo un toro de gran nota que embestía humillado, con amplísimo recorrido, templado, con son y nobleza, y un público dispuesto a saborear toreo del bueno. En fin. Tres cuartos de acero y a otra cosa mariposa. Aplausos en el arrastre al toro.
Al tapatío Cristian Verdín parece que le fascina recorrer el camino que va a la gloria, el de regreso pa’l infierno, y vuelta pa’ tras de nuevo. Cierto, hoy le faltó una materia prima que no le diese problemas. La cosa es que el toreo no es así. El primero de su lote, no era que digamos la mar de complicado, mas había que hallarle sitio y distancia. Terminó el morito por desentenderse de los engaños y echar la cara arriba; pero son los toros que hacen la diferencia entre los toreros. Lo despachó de una estocada traserilla y un tanto caída que fue suficiente.
Su segundo apuntó mejores cosas, pero se partió el pitón al chocar con el estribo del piquero. Nos había hecho concebir esperanzas, pero el gozo se fue al pozo. Incluso, ante la alegría del público, Cristian lo había recibido de hinojos, para reivindicarse pues. En su lugar saltó a la arena “Cubano”, un torillo negro, astiblanco, muy astifino y con esa mansedumbre picosa, al que también le hizo la ceremonia de rodillas, pero… pero… el paisano no quiso fajarse con él. Sí, consiguió una buena serie ante el de Boquilla que, más que embestir arrollaba. Por fortuna fue obediente a los engaños.
Vamos, que había que fajarse, poderle. Nada más. La verdad, mucho pedir para un muchacho con tan poco rodaje. Para colmo, se eternizó con la espada, escuchó los tres avisos y la incomprensión de sus paisanos, que para apretar a los suyos, se pintan solos. Se metió al callejón decidido a cortarse el añadido. Y no lo dejaron, porque le faltaba recorrer el camino de vuelta a la gloria. Le obsequiaron un toro de Real de Saltillo que fue de puritita bandera.
Este burel embistió lleno de virtudes. Pronto, noble, obediente y emotivo. Por cierto, los tendidos aplaudieron la forma elegante y eficaz con la que Diego Bricio colocó al toro frente al picador. El jalisciense, con más decisión, voluntad y motivación ejecutó series por derecha de mano baja, que era el sometimiento que el toro necesitaba para entregarse a la muleta del chaval. Total que el público lo arropó durante toda la faena para –otra vez al infierno– darse a pinchar. Un aviso, dos golpes con la corta y a respirar. El torero hace concebir esperanzas, pero debe trabajar muy duro.
No anda de suerte en los sorteos Juan Pablo Llaguno. Sin embargo suple la carencia de buen material, con toreo del bueno y una entrega a tope. Por desgracia anda mal con la toledana y beso no le ha permitido salir con mejores resultados a cada tarde. Yo lo vería con mucho gusto cada tarde. Su toreo es reposado, aún entre los pitones de los toros.
Hoy le vi construir, paso a paso una faena donde parecía no haberla. Tiene cabeza torera, percha de torero, sólidas maneras. La espada es un lado flaco que deberá resolver pronto. No puede dejar ir las orejas. Repito… yo –y se lo recomiendo a usted– con mucho gusto lo veo. La cuestión está en el grueso del público. Estos quieren orejas. Nosotros, mi buen aficionado, nos satisfacemos con el buen toreo. Como el de Juan Pablo Llaguno.
Guadalajara, Jal.- Plaza "Nuevo Progreso". Regular entrada en tarde clara. Novillos de Boquilla del Carmen y uno de Real de Saltillo. Los del hierro titular tuvieron deficiente presentación, por lo que varios fueron pitados al saltar al ruedo. Destacó el sexto en el orden por su bella lámina, calidad y son al embestir. El de Real de Saltillo, que se lidió como obsequio tuvo recorrido, calidad, emotividad y son en su embestida. Fue aplaudido con fuerza en el arrastre. Cristian Verdín (verde y oro) Silencio, pitos tras tres avisos y silencio. Juan Pablo Llaguno (canela y plata): Silencio y ovación. Nicolás Gutiérrez: Oreja y silencio. Incidencias: Fueron ovacionados los banderilleros Luis Alcántar en el segundo, Ricardo García “Caminito” en el sexto, y el aspirante César Casanueva en el de regalo.