A las faenas de
José Mari Manzanares y
Jiménez Fortes les hizo falta redondez para que aquella expectación contenida, provocada por una de las corridas estelares de la Feria de San Isidro, hubiera roto con la emoción del triunfo.
En vez que el público –que llenaba la plaza– hubiera salido contento, el cabreo que le hizo pasar
Morante contrastó con las entonadas actuaciones de sus compañeros de cartel. Y se antoja lógico de quien espera mucho de un torero en un tarde como ésta, y luego de unas actuaciones previas repletas de hazañas artísticas, sobre todo de aquellas conseguidas al otro lado del Atlántico en plazas como Guadalajara, Jalostotitlán, Autlán, San Luis Potosí y Aguascalientes.
Pero hoy
Morante se agitanó, y aunque por la mañana había venido al coso venteño a supervisar el estado del ruedo –a la manera de los rejoneadores más exigentes– lo cierto es que de nada le valió madrugar para dirigir tan extraña labor, tan alejada de su genialidad torera.
Porque con piso o sin piso bueno, que no era el caso, porque si algo tiene bueno las ventas es el piso, las excusas no valieron cuando
Morante tiró por la calle de en medio a la hora de vérselas con el cuarto, un toro deslucido y que embestía rebrincado, al que hizo una brevísima faena de… ¡unos ochos muletazos! ¡Maravilloso, por supuesto! Claro, la molestia del público fue mayúscula y le cayó encima ante esta falta de entrega del toreo andaluz.
A esta situación habría que agregar la desgana mostrada con el segundo ejemplar de la corrida, un cuatreño soso con el que el de La Puebla del Río tampoco quiso emplearse salvo en una verónica de ensueño, paupérrimo balance de un diestro tan solvente y entregado que siempre ha echado por tierra el mito aquel de que los artistas de su talla tienen que esperar el toro soñado.
Lo más simpático de su actuación –no encuentro un calificativo mejor que ese– fue la manera en que "robó" cámara en el sexto, en el que estuvo en su papel de director de lidia y realizó dos quites de la providencia: uno a su ahijado,
Jiménez Fortes, que había quedado a merced del toro tras rematar un arriesgado quite con una larga cambiada de rodillas; y otro más a un banderillero que salió muy comprometido de un buen par.
Morante anduvo de aquí para allá, con su capotito recogido a la altura de la bragueta, donde floreaba la esclavina, y así se movía sigiloso, ágil, sumamente atento, con pequeñas carreritas de las que estaba todo el mundo pendiente. Eso es saber estar en la plaza y que las miradas se centren en su recia personalidad, inclusive cuando no le toca turno.
La abulia de
Morante contrastó con el juvenil arrojo de
Jiménez Fortes, un chaval espigado y valiente que tiene muy buenas maneras. Y si acaso no consiguió rematar la faena al toro de la confirmación, un ejemplar de pelo melocotón que tuvo transmisión y calidad, ahí dejó el malagueño varios naturales de excelente factura.
Tampoco desaprovechó la ocasión de intervenir en quites y realizó muy ceñido por chicuelinas y otro más por gaoneras, mismos que la gente agradeció con sentidas ovaciones.
En el sexto, y tras el susto de aquella caída en descubierto, hizo una faena más hilvanada y de mejor acabado que, lamentablemente, se fue diluyendo a la par que la fuerza y movilidad del toro. De cualquier manera, pasó la prueba con nota alta y el favor de un público que lo trató con respetuoso cariño.
A José Mari la gente lo estaba esperando. Y salvo las protestas del tendido 7 a sus dos toros, ambos sin demasiado remate, el resto de la plaza se le entregó a lo largo de dos faenas distintas, más larga y más emotiva la segunda, en la que toreó con mucha fibra, pisando la arena con seguridad y mando.
A diferencia de tardes anteriores, en las que ha mantenido una gran regularidad con la espada hasta convertirse en uno de los estoqueadores más certeros de la época actual, ahora pinchó a los toros de su lote en repetidas ocasiones. Y así, así no se puede triunfar.
Para ver el resumen en video es necesario acceder al siguiente vínculo:
Resumen en video de la corrida de hoy
Ficha Madrid, España.- Plaza de Las Ventas. Octava corrida de la Feria de San Isidro. Lleno en tarde fresca, con intermitentes ráfagas de viento. Toros de
Juan Pedro Domecq, disparejos en hechuras, y de poco juego en su conjunto salvo el 1o. que fue encastado. Pesos: 553, 514, 538, 584, 519 y 509 kilos.
Morante de la Puebla (negro y plata): Pitos y bronca.
José Mari Manzanares (obispo y oro): Palmas tras aviso y ovación.
Jiménez Fortes (azul noche y plata), que confirmó la alternativa: Palmas tas aviso y ovación tras aviso. Incidencias: Al finalizar el paseíllo se tributó un minuto de aplausos a la memoria de
José Gómez "Gallito", en su aniversario 93 de su muerte en Talavera de la Reina.
Jiménez Fortes confirmó co el toro "Odioso", número 70, melocotón, con 553 kilos. Destacó en la brega
José Antonio Carretero, que lidió muy bien al 1o., y con las banderillas
Juan José Trujillo y
Luis Blázquez, de la cuadrilla de
Manzanares, que saludaron en el 5o.