Tauromaquia: A favor de los toros en Puebla
Lunes, 13 May 2013
Puebla, Pue.
Horacio Reiba | Opinión
La columna de este lunes en La Jornada de Oriente
Anunciada casi por sorpresa, la pasada feria de Puebla constó de tres festejos mayores. Sin que las cosas rozaran lo memorable, bastante interesantes resultaron, especialmente en lo que se refiere al ganado, de decente presentación y aceptable comportamiento en general.
Cierto es que Rafael Ortega incurrió en un indulto de claro tufo pueblerino –"Gobernador", de Villacarmela, fue un toro simplemente cumplidor, más en soso que en bravo–, pero tanto él como los demás diestros acartelados respondieron a las expectativas –orejas para Hermoso de Mendoza, Padilla, El Zapata y El Payo, y un rabo muy exagerado para Fermín Spínola–, sin más contrariedad que la escasa suerte con los toros –y con sus mellados aceros– de Arturo Saldívar y Joselito Adame que, como el legendario Pana y Martínez Vértiz, el torero-empresario, se fueron en blanco.
Fue precisamente Joselito Adame quien despachó, no sin ciertas fatigas, a "Fusilero", el número 144 de Vistahermosa, toro de obsequio que cerraba el serial. Y puede ser que también la historia de El Relicario, tan sobresaltada últimamente.
Rumores y temores
Al alejarnos del coso por última vez continuaba cobrando fuerza el rumor, casi certeza, de que ésa del 5 de mayo había sido la última corrida celebrada en el coso del Cerro. Que el terreno donde aún se asienta sigue siendo la mejor opción, desde la perspectiva del gobierno estatal, para su proyectado hotel de cinco estrellas.
Ante los justificados temores de que la presentida demolición se consume, conviene recordar a quien corresponda algunas de las principales razones por las que suprimir la fiesta en una capital como Puebla equivale a atentar contra una pieza imprescindible de nuestro patrimonio cultural. Y, en lo inmediato, privar a los poblanos de un espacio vital para el arte y la recreación locales.
Culturales
Todo gobierno –representación oficial de la sociedad en su conjunto– está, entre otras cosas no menos importantes, para defender la cultura autóctona. Tal empeño requiere de cuadros gobernantes conscientes, sensibles y bien informados. Conscientes, en este caso, del peso específico de la tauromaquia como fuente de valores sociales e individuales muy específicos y muy nuestros; sensibles, asimismo, a los contenidos filosóficos, poéticos y pedagógicos –como escuela y sentido de vida, como espacio del arte– que la fiesta de toros encierra. Y suficientemente informados acerca de la historia de un país y una ciudad donde la tauromaquia, con todo lo que significa y ha significado, lleva cinco siglos firmemente asentada. No estaría mal, tampoco, que tomaran nota del grado de adhesión a la fiesta taurina de los poblanos actuales, que son quienes con sus impuestos solventan sus muchos gastos y generosas remuneraciones.
Esto, que es verdad intemporal, se vuelve una demanda más legítima y urgente en tiempos de la globalización anglosajona, cuya tendencia más notoria consiste en transformar el desarrollo humano a una sola dimensión de la vida, centrada fundamentalmente en la economía de mercado y una supuesta aspiración universal a compartir el american way of life. Desconocer la realidad de esa amenaza –y el avance cotidiano de sus concreciones, tan evidentes, por ejemplo, en el campo de la tecnología informática– es no saber qué mundo se vive, ni la clase de riquezas culturales que poseen nuestro país y nuestro estado. Así como la obligación de todo gobierno legítimo de promoverlas y preservarlas de la fase más devastadora, fallida y turbia de la globalización.
De lesa poblanidad
La breve feria que comentamos, anunciada de improviso y sin ambiente, deja no obstante suficientes datos sobre el gusto por la tauromaquia y la demanda de la misma como opción de ocio por parte de muchos poblanos. En esos tres festejos hubo un retorno evidente y grato del elemento juvenil a los tendidos de El Relicario. Como respuesta al abandono en que las últimas empresas han tenido a las nuevas generaciones, el dato es tan reconfortante como promisorio. Como lo fue también la masiva aceptación al ofrecimiento de 500 entradas gratuitas que la empresa hizo a menores y personas de la tercera edad. Todo un gesto, que los aficionados celebraron retornando alegremente a su plaza.
Por cierto, El Relicario está por cumplir 25 años de vida (noviembre 18 de 1988: David Silveti, Jorge Gutiérrez y Vicente Ruiz "El Soro", con toros de Reyes Huerta). Cercenar ahora su historia, silenciarla para siempre, no sólo sería de muy mal gusto, sino una traición en toda forma a la tradición taurina de la ciudad. No obstante, hay que reconocer que se trata de una plaza pequeña, incómoda y escasamente funcional. Es decir, muy mejorable en orden de un óptimo servicio al público. Si el propósito gubernamental fuese demolerla para construir –tal vez en otra zona– un coso a la altura de la importancia urbana y taurina de la ciudad, bienvenido sea. Ahora bien, si solamente se busca derribarla para abrir espacio para un hotel de lujo, puesto al servicio de las élites y destinada al lucro privado, tal idea es improcedente en democracia y debe ser rechazarse por todo ciudadano (o político) consciente, pues ocurriría además a expensas de un espacio de legítimo esparcimiento popular.
Taurinas
La fiesta brava pasa por momentos especialmente bajos en la propia cuna del toreo, una de tantas penitencias que la crisis neoliberal europea está haciendo pagar a la sociedad español. Simultáneamente, se ha registrado un repunte, que no puede ser casual, de la presencia de toreros españoles en nuestras plazas. Dejar a Puebla sin toros en estas circunstancias implica ir a contracorriente con la historia, la que entre todos vamos escribiendo cada día, no la sepultada bajo el polvo de los libros.
Coyunturalmente, el promisorio momento taurino que vive nuestro país no podría ser más interesante, pues al renovado interés por visitarnos de lo mejor de la torería española se une, ahora sí, y después de décadas de tono muy bajo, un elenco de jóvenes artistas mexicanos cuyos variados estilos, sentido emulatorio y sed de triunfo los convierte en genuino atractivo de cartel y promesa de muchas tardes de gloria. Cerrarle a Puebla la llave del toreo en estas circunstancias sería, por lo menos, de una inoportunidad lamentable.
Por otro lado, y por encima de los peros que se quieran poner a la corta feria de este año, el toro estuvo presente. No en todas las tardes ni en todos los casos, pero sí, de manera notoria, en el festejo intermedio (27 de abril: toros de San José para El Pana, Padilla y El Zapata; recién llegado a España, el jerezano acaba de declarar que ésta de Puebla ha sido la corrida más hecha que se encontró durante toda su campaña mexicana). Significa esto que existen en el país toros y toreros capaces de regresarle a la Fiesta esa seriedad sin la cual ni las corridas ni las plazas donde se celebran tienen sentido. Es ése el nivel que la tauromaquia requiere para repuntar de verdad.
San Isidro
Empezó el día 10 la cita de cada mes de mayo en la catedral de Las Ventas. Y, como es ya proverbial, la fuerza del rito madrileño empezó suplantando la del toreo. Sed de pureza y vitalidad natural no se llevan bien, ni en este ni en ningún tiempo. Resultado: tres corridas, cero orejas y ni una modesta vuelta al ruedo. Que, dada y tolerada en Las Ventas, casi vale un potosí.
Aunque ya hubo un suceso, el primero, si bien aminorado por el hecho de que ocurrió en el festejo de rejones del sábado: tres apéndices y la onceava puerta grande que se abre en Madrid para Diego Ventura. Arriesgadísimo los terrenos apurados por el maestro portugués y portentosa cuadra la suya. Si en la encerrona de Sevilla "Pegaso" brilló como un sol, ésta vez fue Morante quien mejor ayudó a reventar los diques del entusiasmo popular. Un público, hay que reconocerlo, mucho más asequible y generoso que el de las corridas de a pie.
Por lo pronto, la gran cita de la feria se da este sábado 18, cuando Talavante se enfrente, solo, a seis victorinos. Hay señal de internet en http://melli4ever.rtvtoros.tv/
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