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Rasgos del público taurino y algunas estrategias ante éste
Lunes, 27 Oct 2008 | México, D.F.
Fuente: Leonardo Páez
Dice un viejo adagio: “El que sólo sabe de toros, tampoco sabe de toros”, dando a entender la vastedad de conocimientos que abarca una expresión cultural tan intensa e inteligentemente humana como la Fiesta Brava. La vida del espectador transcurre en medio de una monotonía y una rutina que sólo la magia del arte, en cualquiera de sus manifestaciones, logra romper fugazmente. Por ello es muy importante que los toreros, sean principiantes o consagrados, sepan torear bien, regular o mal, tomen muy en cuenta rasgos del público taurino como los siguientes: EXPECTATIVAS. El público de toros no va a divertirse sino a emocionarse a partir de la bravura y presencia del toro y de la personalidad, dominio, estética o la combinación de éstos, por parte del torero. NECESIDAD. Desde el inconsciente, todo público quiere ser acariciado emocionalmente por lo que hagan el torero y el toro, hasta lograr un estado de ánimo colectivo de catarsis, purificación, liberación y transformación interior, de emoción profunda, no de relajo. RESPONSABILIDAD. Entender "mi responsabilidad" de torero también como mi habilidad para responder, tanto ante mí mismo, como ante el toro y ante el público, así como aprovechar mis capacidades de respuesta y mis recursos en el ruedo. INTERIORIDAD. Convencerme de que sólo haciendo un buen contacto interno conmigo mismo, podré hacer un buen contacto con el público y obtener su atención y entrega. Además de unas habilidades como actor, proyectar mi capacidad de dar y recibir amor. AFINIDAD. Tocar, compartir y reflejar los sentimientos del público desde mis sentimientos. Incluso, durante mi faena, procurar traer a la memoria también mis penas y mis alegrías y proyectarlas. RECEPTIVIDAD. El espectador, que es mayoría, no se fija en planteamientos de faena, ni en la técnica, condiciones del toro o razonamientos (5%), sino en aquello que le hace sentir, aquello que acaricia su ánimo y conmueve su emocionalidad (95%). Sólo eso conservará. ASERTIVIDAD. Toda faena debe traducirse NO en torear “bonito” sino en una propuesta eficiente e intensa de comunicación emocional que refleje, convenza y acaricie el alma de quien mira. En esa medida es que los públicos recuerdan y desean volver a ver a determinado torero. CONTACTO VISUAL. Identificar en el tendido determinados colores y formas y fijar en ellos la mirada periódicamente. De esta manera el torero abarca con la vista un área física mucho mayor y logra un contacto visual más eficaz con el público. LENGUAJE CORPORAL. Sin abusar, emplear ciertos ademanes para enfatizar el torero sus emociones, al iniciar o concluir una suerte o una tanda. ¡Procurar vender lo que voy a hacer! No olvidarse de sonreír al tendido; se relaja el torero y lo agradece el público. EL DÍA MÁS IMPORTANTE. Estar consciente de que HOY, no ayer ni mañana, es el día más importante de mi vida, fundamentalmente porque es el único que tengo en el tiempo real para ejercerme como ser humano vivo, y además con el privilegio de sentir y de hacer sentir a otros a través de mi expresión torera. POR ULTIMO, acompañar ese “seguro azar del toreo” con el íntimo gozo de que, al torear, estoy siendo libre, valiente, desafiante, comprometido y, sobre todo, yo mismo vestido de luces.
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Pasta de ídolo
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