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Con "M" de Morenito... y de Meléndez (video)

Lunes, 21 May 2012    Madrid, España    Juan Antonio de Labra | Foto: Emilio Méndez            
Nacho Meléndez se llevó una gran ovación tras un magnífico tercio de var

La compleja tarde de hoy en Las Ventas, debido al baile de corrales que obliga a una profunda reflexión sobre cuál debe de ser el auténtico trapío del toro de Madrid, tuvo distintos momentos de gran emoción protagonizados, principalmente, por Morenito de Aranda y el picador mexicano Ignacio Meléndez, los dos triunfadores visibles de un festejo de larga duración.

Y con "M" de Morenito y de Meléndez, el espectáculo vibró intensamente, ya que el primero cortó una valiosa oreja y el segundo ejecutó tres puyazos como mandan los cánones.

Entre una cosa y otra, brillaron, cada cual por su parte, Eulalio López "Zotoluco" y Diego Urdiales, sobre todo en sus respectivas primeras faenas, en las que hubo verdad y pundonor, delante de dos pájaros de cuenta.

En este sentido, el regreso del torero de Azcapotzalco al coso madrileño supuso una apuesta fuerte de la que salió muy bien librado, pues nada más aparecer sobre la arena el mostrenco que abrió plaza, Eulalio le dio una larga cambiada de rodillas metido en las tablas.

Y se vino arriba el torero, con inteligencia, serenidad, colocación y mando, en una lidia de mucho mérito ante un toro muy astifino, que arrollaba por el pidón derecho, se revolvía en las manos y buscaba siempre las pantorrillas de un torero al que no le tembló la mano… ni el corazón.

Lástima que la gente estaba demasiado fría y no valoró, en toda su extensión, la importancia de la faena de Zotoluco, que se quitó habilidosamente aquel marrajo de una estocada caída, justificable por la difícil condición del toro, que cazaba moscas.

Otro tanto hizo Diego Urdiales con el segundo de la tarde, un hondo sobrero de Aurelio Hernando, una de estas ganaderías de ínfima categoría que, inexplicablemente, suelen lidiarse en Las Ventas.

El riojano, con el rostro afilado, y la mirada del tigre, se plantó como los hombres y le robó pases de acusado oficio, en un trasteo serio y recio que no tuvo la rúbrica de la espada.

Así las cosas, Morenito vio como fue devuelto un toro inválido del hierro titular –Antonio Bañuelos–, que cayó fulminado de manera sumamente extraña, y hasta sospechosa, apenas apareció en la arena. Y por fortuna, porque la suerte a veces también llega a sonreír en esta plaza, salió en su lugar un sobrero de Carmen Segovia que tuvo un gran fondo de nobleza.

El torero castellano se gustó mucho toreando con el capote, que maneja con extraordinaria facilidad y nos regaló varias verónica de magnífico concepto en las que jugó los brazos cadenciosamente.

La faena fue de menos a más, con ese toreo entregado, que no rehuyó el hecho de pesar 630 kilos, en una faena templada y suave de un torero inspirado. La gente se entusiasmó con la faena de Morenito, que disfrutó la entrega del público y del toro al que fulminó de una estocada y un certero golpe de descabello para cosechar una oreja.

El espectáculo en varas tuvo lugar durante la lidia del cuarto, el segundo ejemplar del lote de Zotoluco. ¡Qué ilusión tenía Nacho Meléndez de picar en España! Y se notó en la plaza cuando le pidió al maestro que le dejara el toro largo. Entonces, el experimentado varilarguero potosino movió el caballo con torería y levantó la garrocha citando de lejos. Cuando el toro se arrancó la expectación creció y el primero puyazo, un tanto trasero, fue apenas una probadita de lo que vendría instantes más tarde.

Nacho se colocó debajo del tendido del siete y de ahí volvió a citar al toro de largo para ejecutar un puyazo más emotivo, pues el de Bañuelos recargó con fuerza y provocó un aparatoso tumbo. Se levantó el aguerrido picador mexicano sin mirarse la ropa y volvió a montar, lo que provocó una gran ovación del público, que ya estaba completamente involucrado en lo que estaba viendo.

Y así le dio el tercer puyazo, echando el palo por delante, deteniendo la poderosa embestida y aguantando la reunión como los grandes. El público se puso en pie y comenzó a aplaudir con mucha emoción al picador de dinastía, que abandonó el ruedo por el callejón, a la par que iba estrechando la mano a los aficionados de barreras que lo vitoreaban repletos de júbilo. Toda una hazaña que evocó la figura señera de los picadores aztecas del pasado, como Sixto Vázquez o Efrén "El Loco" Acosta, que también triunfaron en este escenario.

El ambiente se quedó caldeado y el toro desarrolló peligro sordo en la muleta de Zotoluco, que ya no mantuvo el mismo nivel de reciedumbre del primer toro de su lote. No obstante, se mostró enterado y resolvió la papeleta con decoro, presionado un poco por aquellos que se habían volcado con el comportamiento de un ejemplar que se defendió en le muleta y sabía bien lo que dejaba atrás.

El quinto fue un mulo que más bien parecía una res de abasto que un toro de lidia, perteneciente a otra ganadería sin cartel, como es la portuguesa de Couto de Fornhilos. Y Diego Urdiales estuvo un tanto espeso, en una faena extensa y sin calado en el tendido.

Cuando saltó a la arena el sobrero sustituto del otro toro portugués que remendaba la corrida, todo el mundo se estaba frotando las manos a favor de Morenito de Aranda, y ni siquiera las protestas iniciales cuando se anunció el peso del toro, que dio en la báscula 487 kilos, impidió que le emoción regresara a Las Ventas.

Porque ese ejemplar, un tanto basto de pitones, pero bajo de agujas, tuvo una gran movilidad, y se arrancó una y otra vez con boyantía, aunque sin buen estilo, a la muleta de Morenito, que no pudo templar la descompuesta embestida el ejemplar de Domínguez Camacho, ¡el quinto hierro de la tarde!

El anhelo de abrir la puerta grande se fue diluyendo a la par que el toro impuso su ley, sin que el estético torero castellano pudiera encauzar un comportamiento que exigía fibra, y que terminó desfondándolo físicamente. Y eso que el toro sólo pesaba ¡487 kilos!, esos que protestaron los sabiondos cuando apareció el cartelillo.

Al final de la corrida la gente salió de la plaza hablando de muchas cosas, tras haber vivido una tarde con aspectos interesantes para el comentario, sobre todo en lo tocante al trapío que debería ser santo y seña de este coso, donde la letra capital "M" volvió a cobrar importancia a través de dos nombres clave: Morenito y Meléndez.

Ficha
Madrid, España.- Plaza de Las Ventas. Decimosegundo festejo de la Feria de San Isidro. Casi lleno en tarde soleada, con viento fresco que molestó en varios momentos. Dos toros de Antonio Bañuelos (1o. y 4o.), uno de Couto de Fornilhos (5o.), uno de Aurelio Hernando (2o.), uno de Carmen Segovia (3o.) y uno más de Domínguez Camacho (6o.), de juego deisgual. Sobresalió el 3o. por su nobleza, el resto tuvo falta de casta y sacaron complicaciones. Pesos: 562, 593, 630, 554, 578 y 487 kilos. Eulalio López "Zotoluco": Silencio en su lote. Diego Urdiales: Ovación tras aviso y silencio tras aviso. Morenito de Aranda: Oreja tras aviso y palmas  Incidencias Saludaron en banderillas Martín Soto y Luis Carlos Aranda, además de ser muy ovacionado el picador mexicano Nacho Meléndez, por un gran tercio de varas en el 4o.

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