Una sola oreja se cortó esta tarde en la Santamaría de Bogotá, producto del desigual encierro de San Martín y las limitaciones de la terna, y fue precisamente el colombiano Leandro de Andalucía el que mejor sorteo las dificultades de su lote y paseó el trofeo.
Esta labor de Leandro, con elcuarto de la tarde, fue con base en valor y temple, una faena en la que toreó a gusto en series que con la derecha fueron de largo trazo y con la izquierda de clase y buen pulso.
Hubo espacio para el disfrute y el acople, también espacio para aguantar con decisión las embestidas en ocasiones bruscas del novillo que tuvo clase y bravura, presentada desde su buena pelea en el caballo de William Torres. A pesar de que la estocada estuvo precedida de un pinchazo hondo, el público pidió para Leandro la oreja que tuvo mucho mérito.
Antes, Leandro había sido cogido por el primero de la tarde, que le propinó una cornada a la altura de la pelvis y le desgarró el tejido testicular. Fue atendido rápidamente en el ruedo para continuar la lidia. El novillo que de salida tuvo malas ideas, dificultó el trasteo del colombiano, que solo dejó algunos detalles sobre el pitón derecho del toro. Escuchó un aviso antes de acertar al primer golpe de cruceta.
El español Luis Gerpe presentó sus credenciales de torero con clase y buen gusto con capote y muleta, también las de mal estoqueador. En el último dio un sainete con los aceros, que le merecieron salir en medio de los pitos del público, que de todas maneras en sus dos salidas siguió con atención sus dos faenas de temple a la verónica, preciosos delantales en el quite al que cerró plaza y la voluntad en su complicado lote, al que quizo plantar cara con algunos detalles de su fina tauromaquia, pero a la que aún le hace falta poder.
El colombiano Sergio Blanco también se fue de vacío, pues le correspondió en primer turno un manso que terminó rajado y al que apenas pudo sacar algunos pases sin ligazón. La faena al quinto de la tarde dividió al público que vió condiciones en el novillo y pidió más ideas al novillero en la lidia en la que no anduvo entonado. Escuchó dos avisos por su fallo a espadas, y pitos del público.