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"Tengo buenos recuerdos": Hernán Ondarza

Lunes, 02 Nov 2026    Monterrey, N.L.    Martín Banda | Corresponsal   
Hace un recuento con motivo de sus cuarenta años de alternativa
El toreo es tan impredecible que no basta con ser hijo de figura o comenzar a temprana edad para mostrar lo que realmente se lleva en el interior y en ocasiones esas "virtudes" que se tienen, llegan a pesar, más que ayudar en la carrera.

Uno de estos extraños casos es el del regiomontano Hernán Ondarza Treviño, quien dejó los emparrillados del futbol americano, con los que creció hasta su adolescencia, para emigrar a los ruedos taurinos y destacar por su excelsa clase, como pocos en su tiempo.

Ondarza surgió cuando Nuevo León era cuna de buenos y numerosos toreros. Cuando en esta parte del país mandaban los regios. Eran los tiempos en los que Manolo Martínez y Eloy Cavazos se habían retirado por primera vez; el primero a partir de 1982 y el segundo en 1985, y ambos reaparecieron en 1987. Los novilleros aprovecharon la inercia que habían dejado los maestros.

Apasionada entrega

Hernán nació el 30 de julio de 1965 en Monterrey, en el seno de una familia donde sus hermanos, Verónica, Lorena, César y Raúl, practicaban algún deporte. Su abuelo, aficionado taurino, había disfrutado el toreo de aquellos grandes de su época y su padre, vendía cojines afuera de la plaza para luego adentrarse y ver torear a aquellos toreros que figuraron en la década de los 70.

Hoy, 2 de noviembre, Hernán está cumpliendo 40 años de que tomó la alternativa en la plaza "Nuevo Progreso" de Guadalajara. En su momento fue un referente, junto con Alberto Galindo "El Geno", Joselito Ruiz, Enrique Garza y Germán Garza, entre otros, de aquellos toreros regios que soñaron con ser figuras.

"Ya 40 años, parecen pocos, pero sí son un buen de tiempo. La verdad me siento contento de llegar a esta efeméride en mi vida como torero, porque uno de mis sueños de joven, era ser matador de toros".

Desde niño, Ondarza practicó el futbol americano, como miles de familias norteñas que cada semana conviven en los emparrillados, apoyando a sus pequeños.

"Mi abuelo materno era muy aficionado a los toros y mi papá era un aficionado sin tanto apasionamiento. Él vivía muy cerca de la plaza de toros y vendía cojines para meterse a la plaza. Yo jugué futbol americano desde los cinco hasta los 15 años, en el Club Halcones, de la colonia Vista Hermosa. No sabía lo que era una corrida de toros, pero me empezaron a gustar los toros desde que vi por primera vez el programa "Brindis Taurino", del maestro Pepe Alameda, que transmitían los sábados al medio día. A partir de ese día no me lo perdí".

Dijo que eso le llamó la atención y así, a esa edad, los domingos de toros se iba a Cadereyta, que en aquel tiempo daba muchos festejos, solo, en un camión que cobraba siete pesos el pasaje.

"Ahí fue donde conocí al ingeniero Óscar Domínguez y veía como lo seguían muchos chavos que querían ser toreros. Un día, en un festival toreaban Casimiro Pérez, su hermano, Rafael de la Serna, a quien llamaban "Curro de Allende", porque vivía en la calle Allende y alguien más a quien no recuerdo, ¡ah! y Enrique Garza, que iba en las cuadrillas.

Al hermano de Casimiro, la becerra le pegó un revolcón y ya no quiso torear y la gente pidió que Enrique, que había puesto muy buenos pares de banderillas, se encargara de la lidia. Ahí fue donde pensé: "si ellos pueden, ¿por qué yo no?".

El inicio

Esa escena marcaría su futuro. Al final se acercó al ingeniero Domínguez, propietario de la ganadería de Golondrinas y le dijo que él también quería ser torero, pero le aclaró que nunca había toreado nada. Fue entonces que el ganadero lo recomendó con Pedro de la Serna, quien había sido novillero en sus años mozos y era el papá de Curro de Allende, para que lo enseñara a torear de salón.

"Entrenábamos en la azotea de su casa. Me enseñaron un poquito la técnica y a torear de salón y a los tres o cuatro meses me llevaron a Golondrinas a una tienta. En esa época íbamos fácil unos 20 que queríamos ser toreros. Me fue bastante bien y debuté como novillero con picadores el 7 de noviembre de 1982 en Cadereyta. El mismo ingeniero nos mandó a Guadalajara, que entonces administraban como empresarios el arquitecto Ignacio García Villaseñor y Álvaro Preciado. Toreé una novillada de selección y luego varias más, hasta que gané el Estoque de Plata en 1985. Mi ilusión era ir a México y debuté el 24 de noviembre de ese mismo año, y caí con el pie derecho pues fui uno de los triunfadores de la temporada. Toreé nueve novilladas de 16 esa temporada y me volvieron a hablar de Guadalajara para recordarme que ellos me habían ofrecido la alternativa".

La alternativa

Fue así, como después de muchos triunfos y llamar la atención por sus buenas maneras, mostrando clase y pureza en su toreo, Hernán Ondarza tomó la alternativa el 2 de noviembre de 1986, en Guadalajara.

"Tuve la fortuna de tomar la alternativa ese día con un cartel importante, el maestro David Silveti y Luis Fernando Sánchez, con toros de Reyes Huerta. Para mí fue un cartel muy bonito y de suma importancia porque eran dos toreros que estaban en el momento. Es lo que uno como torero quiere al tomarla, con grandes toreros, con alguno de tus ídolos y en una plaza de importancia como lo es Guadalajara ¡qué más puedo pedir!"

Agregó que llegó con aproximadamente 40 novillas a la alternativa y que al lado de Alfredo Ferriño y Pepe Murillo hizo una terna triunfadora.

"Luego de mi alternativa sí me pegó un poco la transición pues mi primera corrida fue hasta el 31 de diciembre y la segunda, el 1 de enero de 1987. Luego ya se fue abriendo el panorama un poquito, pero ese primer año sí fue muy duro".

Toreo puro

Torero de corte clásico, Hernán señala que fue con Pedro de la Serna y con el empresario de Reynosa, Arturo Tamez, que adquirió esa técnica.

"Siempre me gustó el toreo clásico, de arte y cuando yo quería hacer algo diferente la verdad no me acomodaba, no me salía, no lo sabía hacer. Me enfoqué más en lo clásico y así es como siento el toreo".

De entre sus faenas importantes como novillero rescata del baúl de los recuerdos dos muy en especial: la primera, la del novillo "Sacapuntas", de San Judas Tadeo, del ganadero Salvador Rojas, que toreó con sentimiento, pero la malogró con la espada, pues le hubiera cortado el rabo y la segunda, en Guadalajara, donde cortó tres orejas, la misma tarde que Ferriño cortó un rabo y Murillo, indultó.

"De matador también hubo faenas importantes. Una en Monterrey, cuando corté dos orejas a un toro de Mimiahuapan, al lado de Eloy Cavazos y David Silveti. Otra en Guadalajara, donde después de varios pinchazos le corté oreja a un toro de Carranco y en México hubo faenas buenas, pero no al grado de poder triunfar como quería".

El retiro

 Así, cuando las nuevas generaciones de toreros fueron surgiendo en otros estados y los toros en Monterrey fueron decayendo, Hernán fue dejando de torear como otros de sus compañeros de camada.

"Siempre me decían que por que no toreaba una corrida de despedida y yo me negaba, pues eso sólo esta para las figuras y yo no fui figura. Finalmente se armó un cartel interesante que me convenció, con el maestro Enrique Ponce y Arturo Macías, en Cadereyta, la plaza que me vio nacer como torero. Ahí cerré mi circulo como matador de toros y creo que eso estuvo bien".

En el retiro, Ondarza, quien también es asesor en el palco de la autoridad en Cadereyta, dice estar en paz con el toreo y consigo mismo.

"Mi ilusión era ser figura del toreo, como Manolo, Eloy, Curro, Mariano, Jorge, Armillita, y aunque no llegué a serlo, la verdad es que tengo muchas cosas buenas qué recordar. Llegué hasta donde pude llegar, y no es responsabilidad más que mía, pero no estoy amargado. Al contrario, estoy contento con mi profesión y con lo que pude lograr. Creo que la gente que me conoció me recuerda con buenas sensaciones", finalizó.


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