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La cornada de por Joselito Huerta en Bilbao

Lunes, 24 Ago 2026    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | La Jornada de Oriente   
"...Que sería la última, coincidió con su mejor momento..."
La afición de Bilbao siempre fue favorable a los diestros mexicanos. En realidad, la hospitalidad de los públicos españoles hacia los toreros de México, el interés con que se les recibe y el respeto hacia ellos ha sido proverbial, sin otra excepción notable que la campaña en contra de Rodolfo Gaona, orquestada por el gallismo, que se agudizó durante los dos años que siguieron a su fallido matrimonio con la Moragas (1918-20), en vista de la cual el Indio Grande tuvo que salir por pies de regreso a la patria.

No obstante, al retornar tres años después, España le brindó de nuevo tratamiento de figura, por más que circunstancias especiales –tratadas en este espacio hace poco– le impidieran despedirse de sus plazas y públicos como pretendía.

La presencia de Joselito Huerta en los carteles de las Corrida Generales de 1964 sirvieron para confirmar el afecto de los bilbaínos por los espadas de nuestro país. En principio, Huerta sólo aparecía en uno de ellos, con Diego Puerta y Manuel Benítez "El Cordobés" como alternantes. Pero una vez apreciadas sus cualidades con un lote nada fácil de Samuel Flores –magistral, con sello propio y con igual temple en las telas que en las entretelas del corazón–, la empresa lo llamó para sustituir a Gabriel de la Haba "Zurito" en la corrida del sábado 22 de agosto, séptima de la serie, como primer espada de una terna que incluía a Curro Romero y Santiago Martín "El Viti" con un encierro santacolomeño de Joaquín Buendía. La de Zurito, con la de Litri, fue una de las tres cornadas graves que arrojó aquella feria, que cada verano lidia las corridas más cuajadas del año, haciendo honor a la tradición torista de Bilbao.    

Ya veremos cómo se le dieron al poblano esas dos corridas de máxima trascendencia dentro de una campaña basada en su voluntad de triunfar a cualquier coste, consciente del compromiso contraído con la afición mexicana, que había visto flaquear en años anteriores a dos de sus figuras más emblemáticas: Alfredo Leal y Manuel Capetillo. Contaba Huerta que, al coincidir con ellos en cierta ocasión, ambos trataron de disuadirlo de su propósito de hacer temporada en la península con el argumento de que aquello era una "guerra" sin cuartel en comparación con la placidez de la provincia mexicana y sus sin duda cómodas corridas... o novilladas adelantadas.

"Pues es por eso que voy –replicó José, hombre de pocas pero precisas palabras–. Porque alguien tiene que arreglar lo que ustedes dejaron tan desarreglado por allá".

Bilbao, 19 de agosto de 1964

Una lluvia fina moja el Bocho y a Huerta le llama la atención que la gente se encamine al coso como si nada. Es el sirimiri clásico de la cuenca vascuense y estará presente toda la tarde con algunas intermitencias. Cala, pero no va a afectar el desarrollo de una corrida que agotó el boletaje.

El encierro de Samuel Flores trae buenos pitones aunque observadores puntillosos notarán que el lote de El Cordobés tiene menos cara. Los de Joselito pesan 532 y 490 kilos. Y los cuaja a los dos, reservón el abreplaza y más toreable el cuarto. Con el capote no sólo se luce en los lances de recibo sino sorprende al público con la pródiga variedad de sus quites: gaoneras, fregolinas, saltilleras, airosos remates afarolados…  Faena de mérito la primera, sobreponiéndose a las dificultades del bovino (vuelta con petición), y de armoniosa redondez la segunda. Certero con la espada, la oreja, solicitada por unanimidad, estaba cantada.

Segundo espada es Diego Puerta, al que Joselito conoce de su campaña mexicana –hasta sostuvieron un mano a mano en la Plaza México en festejo organizado por la presidencia de la república fuera de temporada (06 –10 –63), sólo que esta vez al de San Bernardo le pintan bastos. A estas alturas de la temporada parece un poco "atorado" y no acabó de acoplarse con ninguno de sus toros. Silencio en ambos.

Benítez, en cambio, está en plan arrollador. Su lote es, con mucho, el más propicio de los tres, y él hace las delicias de un público que lo que espera de él es ese toreo suyo que, sin apartarse de sus orígenes silvestres y diríase que hasta rupestres, luce cada vez más maduro y poderoso, y le permite, literalmente, hacerle al toro propicio mil y un diabluras y, entre medio, muletazos en redondo realmente impecables, con la derecha y aun más con la zurda. Huerta le brindó su primer toro y él correspondió dedicándole la muerte del último. Y como a ambos lo mató a la primera –como casi siempre que se lo proponía, aun apartándose de toda ortodoxia estoqueadora– le cortó dos orejas al tercero y una más al sexto. 

Así lo vio la crítica

Vamos con Antonio Díaz-Cañabate: "El primer toro tomó tres varas a fuerza de acosarle (…) Huerta toreó con la derecha dejándose prender la muleta. En cambio los naturales fueron limpios, de buen aire, dignos de un día de sol y cielo azul. En seguida se lía con las vueltas (sic) ¡Qué bien! Me alegro mucho, porque indican que va a entrar a matar (…) Media estocada. Vuelta al ruedo (…) En el cuarto, que tomó dos varas y que llegó bien a la muleta, Huerta me satisfizo, primero, porque toreó muy bien con la derecha, y luego, porque los pases fueron breves, y las faenas breves son un verdadero encanto. No faltaron las vueltas, y como en las vueltas también hay clases, éstas de Huerta fueron airosas y valientes (…) Vino la estocada y con la estocada la oreja. Huerta toreó muy bien de capa e hizo quites variados y vistosos. Buena tarde la del mejicano. La mejor que le he visto (…)

Dos orejas en el tercero y una en el sexto. Realmente, El Cordobés es el mismísimo demonio ¡Qué empuje, que brío para armar verdaderos alborotos!  El verdadero fue el del tercero. No necesitó apoyarse en los efectismos. Faena sobria. Torea con los dos pases, como todos, pero de manera totalmente diferente. La pureza del toreo está ausente (pero) Un momento. No soy un intransigente purista. Admito que cada maestrillo tenga su librillo. El de Manuel Benítez busca la emoción. Para ello se coloca en un terreno muy comprometido. Los pases, de tanto ahogar al toro, tiene que resultar necesariamente cortos (…) Y de pronto nos sorprende con tres naturales de perfección absoluta, corriendo la mano, jugando la cintura, cargando la suerte (…) Tres pases que valen por toda la faena ¡Ah, demonio del Cordobés!  ¿Por qué no torea más a menudo así? (…) En el sexto, tan bonancible como el tercero, la faena fue puro efectismo (…) Conatos de pases con la muleta hecha un rebuño, alocadas vueltas. Parecía otro torero (…)" (ABC, 20 de agosto de 1964)

Y esto escribió el enviado de El Ruedo Carlos Barrena: "Joselito Huerta se encontró con un primer toro que ofrecía muchas dificultades. Hizo un buen quite por gaoneras y con la muleta toreó bien con la derecha y con mucha suavidad al natural (…) mató de un pinchazo hondo y un descabello y dio la vuelta al ruedo. En su segundo Huerta toreó muy bien a la verónica. El animal no tenía mucho viaje y el matador lo toreó muy bien al natural y extraordinariamente por el lado derecho. Como mató pronto le dieron una oreja, con toda justicia.

El Cordobés me gustó bastante. Más en el primer toro que en el segundo. La primera faena fue más en torero (…) Su toreo de capa, que suele ser bastante deficiente, mejor que otras veces (…) Faena larga, con ese su estilo personal y más calidad por el lado derecho que en los naturales (contradicción con lo apreciado por Cañabate). La faena a su segundo tuvo muy poca calidad pero más fuerza hacia el público (…) Entró a matar volviendo la cara (…) estocada tendida y atravesada y dos descabellos. Otra oreja (…) La corrida de don Samuel Flores no fue una corrida de toros para Bilbao (…) El tercero y, sobre todo, el sexto, tenían hechuras de novillos e hicieron pelea de novillos (…)". (El Ruedo, 25 de agosto de 1964).

22 de agosto: la cornada

Como decíamos, José partió plaza en sustitución de Zurito y, coincidencia en el infortunio, también él pasaría a la enfermería gravemente herido. Fue al torear de capa a su segundo toro de Buendía después de haber dado la vuelta al ruedo en el primero. El ganado no hizo honor a la fama de pastueño que ese hierro tenía. Fue una corrida de Santacoloma de las de antes, cuando los ases de las primeras décadas del XX les hacían ascos. Los alternantes de Huerta, Curro Romero y El Viti, salieron del paso de cualquier manera.

En la prensa

Vayan por delante las apreciaciones de Carlos Barrena: "Joselito Huerta tuvo un primer toro que realizó una bonita pelea con los picadores. El toro, que no iba muy largo, se dejó torear. El mejicano lo toreó decorosamente por el lado derecho (…) Mató de media estocada y dio la vuelta al ruedo. En su segundo animal, Huerta se dejó encerrar en tablas. El toro le prendió por la nalga y lo lanzó al aire aparatosamente.  Cornada grave. Curro Romero mató al toro malamente (…) Y la lidia de los suyos transcurrió entre denuestos (…) Trapazos por la cara, estocadas caídas y público iracundo (…) Santiago Martín "El Viti" padeció las mismas consecuencias (…) Aceptable en su primero (…) El público le aplaudió y él no quiso salir a saludar (…) En el último estuvo mal, el animal cabeceaba mucho y se puso incómodo. El Viti, apurado, decidió finalizar cuanto antes. (El Ruedo, íbid).

La cornada sufrida por José Huerta fue descrita así por Antonio Díaz-Cañabate: "Al salir del remate, el toro hizo hilo con él y lo alcanzó, lo prendió y lo lanzó a considerable altura (...) Se lo llevaron a la enfermería, donde fue curado de una herida en la región parianal de veinte centímetros, con trayectoria hacia adelante y arriba, que seccionando el elevador izquierdo del ano diseca la uretra prostática. "Shock” traumático. Pronóstico grave." (ABC, 23 de agosto de 1964).
  
Castigado por los toros

Joselito Huerta fue, de los diestros mexicanos de su generación, el que más cornadas recibió, por el número y gravedad de las mismas. Lo paradójico es que era un torero reciamente dominador y con fama de maestro; si los astados lo cogían no fue por ignorancia o inconsciencia sino porque su pundonor profesional y su permanente compromiso con el público lo impulsaban a dar cada tarde ese paso de más de quien busca el triunfo a despecho del riesgo. Cornadas como la de "Pablito", de Reyes Huerta (Toreo de Cuatro Caminos: 30-11-68), de la que sobrevivió milagrosamente para continuar defendiendo su sitio de figura, cuenta entre las más graves registradas en la historia del toreo en México.

En sus cinco temporadas en España recibió otras tantas cornadas, y ésta de Bilbao, que sería la última, coincidió con su mejor momento, ya con reconocimiento y trato de figura en todo el mundo taurino, ratificado al año siguiente en los propios cosos hispanos a pesar de que, inexplicablemene, en Bilbao nunca volvieron a anunciarlo. 

Al cierre de 1964 había sumado 29 corridas, no las 40 que hubieran sido sin este percance.


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