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De Justo se gusta con "Arrojado", un gran toro

Domingo, 26 Abr 2026    AGS., Ags.    Juan Antonio de Labra | Enviado          
Triunfó con el toro de De la Mora y abrió la primera Puerta Grande
Emilio de Justo es el primer torero que consiguió abrir la Puerta Grande de la Monumental de Aguascalientes, luego de una faena expresiva, de menos a más, ante un gran toro de De la Mora que se llamó "Arrojado", y que tuvo profundidad en sus embestidas, la clave para mantener la emoción del público hasta el final de una faena intensa y hasta un tanto arrebatada por parte del extremeño.

Y es que cuando los toros tienen trapío y casta, e imponen respeto, no hay nadie que se distraiga en la plaza, ya que la emoción del toreo consiste, precisamente, en ver a los toreros afrontar lo que les toca en el sorteo, tirar la moneada al aire y apostar por el riesgo, pues en ello les va el triunfo.

En este sentido, el encierro de De la Mora demostró que cuando los toros son bravos no importa los kilos que carguen, sobre todo cuando están en el tipo de la ganadería y, además de su buena crianza y sanidad, suele sacarlos adelante.

Desde luego que la corrida no fue fácil –la bravura nunca lo ha sido–, ya que varios de los ejemplares del hierro guanajuatense recargaron fuerte en varas e hicieron sudar la ropa a la terna, y al final el que mejores dividendos sacó fue De Justo, que enfrentó un primer toro incómodo, que desarrolló temperamento, con el que hizo una faena breve cuando se percató de que, si alargaba aquello, el comportamiento violento del toro se le podía revertir más de la cuenta hasta degenerar en genio.

Después de un bosquejo de lidia poderosa, en la que parecía que la batalla entre toro y torero iba a ser provechosa, hubo muchos enganchones de muleta porque el toro punteaba en cuanto sentía que podía coger la muleta, y eso deslució la labor de Emilio, que estimó conveniente cortar por lo sano y esperar mejor suerte en el cuarto.

Vaya si la suerte lo favoreció de De Justo con otro de los ejemplares más completos de la feria, y aunque en verlo claro y confiarse, acabó comprendiendo que sólo era cuestión de dejarle la muleta en la cara para incitarlo a seguir la tela hasta el final, girar en los talones y repetir la dosis, con suavidad, pero también con un significativo punto de firmeza, pues el toro era bravo.

Además de los naturales largos, de cintura rota, rematados por detrás de la cadera, Emilio se prodigó toreando al natural con la derecha, sin la espada simulada de por medio, en el momento más álgido de una faena que ahí terminó por concentrar toda su expresión, cobijada por el olé sonoro y apasionado del público, que vibró con aquellos abandonados muletazos a la par de su autor.

La estocada de Emilio de Justo fue modélica en todo: pues hizo la suerte con pureza, vaciando con precisión y dibujando una hermosa parábola en el momento de levantar el codo para sepultar la espada hasta la empuñadura, y salir limpiamente por el costillar, en una demostración de que la suerte suprema, cuando se hace así cobra una mayúscula importancia por la autenticidad de su significado: honrar la muerte de un toro bravo, como "Arrojado", que vino a este mundo a entregarse hasta en ese instante culminante de su existencia.

Y a partir de ahora será recordado como un toro de los que dejan en alto los colores de la divisa de una ganadería. En este caso, amarillo, blanco y azul, de un hierro en el que convive un encaste tan peculiar como el de San Mateo-Llaguno, con esa aportación de Santa Coloma, y unas atrevidas cruzas de Coquilla, con un toquecito de Graciliano Pérez Tabernero, el potente coctel que don Fernando de la Mora ha hecho tan suyo, que hoy sorprendió en manos de un ganadero de nuevo cuño, como es el entusiasta Luis Alberto Villarreal, que con ello va demostrando ser un alumno aventajado de su admirado maestro, un ganadero heterodoxo y sensible alquimista del campo bravo mexicano.

A Luis David le tocó un primer toro encastado, con poder y emoción en las embestidas, que transmitió mucho, y con el que el torero de dinastía se mostró variado en los tres tercios, pero sin lograr redondear del todo una faena en la que demostró sus ganas de agradar desde el inicio, quizá no tan acertado, con unos estatuarios sin mando, en los que "Combativo" –¡y vaya si lo fue–, estuvo a punto arrollarlo cuando sintió que él era quien mandaba en el ruedo.

Con la presión del triunfo de Emilio de Justo, en el quinto, delante de otro toro hondo, Luis David improvisó un espectacular recibo capotero toreando con largas a una mano, en una especie de original y vistoso "floreo" de capote, tocado de la gracia de otro tiempo. Y estas cosas se agradecen por originales y distintas, en una época donde la palabra "improvisación" no suele aparecer en el diccionario personal de muchos toreros.

La gente disfrutó esta parte de la lidia, incluido el quite, así como la rivalidad con Diego San Román, que se hizo presente para ejecutar unas ajustadas gaoneras ante la sorpresa de Luis David, que parecía argumentar que, en el primer encuentro con el picador, éste había marrado y no se había consumado el puyazo que San Román había contado como el primero.

Este fue otro de los pasajes de interés de la tarde, y dejó al público predispuesto para el tercio de banderillas de Luis David, con más facultades y buenas intenciones que lucimiento.

Ya con la muleta, el torero acalitano le buscó las vueltas con encomiable actitud, mientras el toro regateaba las embestidas y se quedaba corto. Cuando parecía que aquello iba a terminar de manera intrascendente, Adame hizo uso del "recurso de la espada", como dice el matador Antonio Urrutia, para citar al toro a recibir y terminar por colocar una espectacular estocada al encuentro, que hizo doblar pronto al de De la Mora.

La emoción que provocó la suerte ejecutada de dicha manera, le puso en las manos una valiosa oreja, pero quizá no suficiente en una etapa en su carrera en la que necesita rotundidad en los triunfos y salir en la foto de la Puerta Grande, sobre todo ahora que no tiene apoderado y las oportunidades escasean. De cualquier manera, en su segunda tarde contratada en la feria, dejó constancia de que ahí está, puesto y dispuesto para dar la pelea, con un estilo propio que cada vez adquiere un mayor sello.

Diego San Román había dejado escapar el triunfo con la espada en la corrida del viernes pasado, y venía de cortar dos orejas en "Cinco Villas", por lo que la de hoy era su tercera fecha al hilo, y en la que no tuvo suerte en el sorteo.

El tercero fue un toro tardo, agarradito al piso, al que había que robarle muy bien el primer muletazo y quedar perfectamente bien colocado para ver si repetía la embestida, lo que nunca estuvo convencido de hacer, sin importar que San Román, fiel a su costumbre, se puso en el sitio. Así que no hubo entendimiento entre ambos.

El sexto se lastimó una mano de salida, al salir de un lance atropellado en el que estuvo cerca de arrollar a Diego, que estaba deseoso de no dejarse ganar la pelea por parte de sus alternantes, quienes ya lo habían superado en cuanto al corte de trofeos se refiere.

El sobrero, del mismo hierro, que era el menos del encierro e hicieron bien en dejarlo de reserva, tuvo un inicio de faena prometedor hasta que vino a menos y tampoco hubo acoplamiento, por lo que San Román se notaba molesto y hasta un tanto desesperado de marcharse de esta plaza con las manos vacías, aquí donde en ediciones anteriores ha salido triunfador.

Cuando más de alguno pensó que Emilio de Justo, tras este emotivo triunfo, se había convertido en el candidato natural para sustituir a Roca Rey en la corrida del próximo sábado, el extremeño se descartó de inmediato en virtud de que en pocas horas viajar de regreso a España porque el siguiente fin de semana está anunciado el sábado 2 de mayo Trujillo y el domingo 3 en Puertollano. De tal suerte que la espera continúa y la expectación va en aumento. Así que sigan haciendo sus apuestas.

Ficha
Aguascalientes, Ags.- Plaza Monumental. Quinta corrida de feria. Poco menos de media entrada, en tarde de calor bochornoso. Toros de De la Mora (el 6o., sobrero sustituto de uno devuelto porque se lastimó una mano), muy bien presentados, con romana, de interesante juego, de los que destacó el 2o. por su encastado comportamiento y el 4o. por su gran fondo de bravura, clase y duración, premiado con arrastre lento. Pesos: 573, 590, 560, 600, 551 y 533 kilos. Emilio de Justo (azul turquesa y oro): Leves palmas y dos orejas. Luis David (sangre de toro y oro): Palmas tras ligera petición y oreja. Diego San Román (lila y oro): Silencio en su lote. Incidencias: Sobresalió en varas Eduardo Rivera hijo, que picó bien al 3o. y en banderillas Gerardo Angelino que banderilleó al 6o. con mucha soltura y bien el puntillero Fernando Ríos. Antes de comenzar el paseíllo se tocó el Himno Nacional.


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