La tarde de hoy tuvo muchos matices importantes, tanto para el ganadero de Begoña como para los toreros que lidiaron la tercera corrida de la Feria de Aguascalientes, que traían espadas romas y solamente Leo Valadez consiguió cortar una oreja de tres posibles, mientras que Diego San Román dejó escapar un triunfo legítimo luego de un tremendo arrimón.
Por principio de cuentas porque de los seis toros embistieron cuatro, con distintos niveles de bravura y calidad. En dicho sentido, cabe apuntar que dos de los toros de capa negra, con el hierro de San Miguel de Mimiahuapam, y otro cárdeno, con el hierro de Begoña, fueron fieles representantes de lo que don Alberto Baillères buscó como ganadero durante más de medio siglo, llevando por separado dos líneas bien definidas con ambos hierros.
El lote de Valadez fue el más completo de la corrida, compuesto por un primer toro de bravura seca, que salió muy duró de manos y acabó embistiendo con movilidad y transmisión; y otro, el cuarto, el característico ejemplar de Begoña que tuvo clase y que fue premiado con un merecido arrastre lento, el primero que en la feria.
Dinámico, valiente, decidido y fresco de mente, Leo mostró una estupenda versión de sí mismo, y de haber estado más rotundo con la espada otro gallo le hubiera cantado con respecto al corte de trofeos. Pero lo más relevante fue su actitud, ya que desde que salió el primer toro de la tarde, al que recibió con un par de largas cambiadas de rodillas en los medios, mostró que venía decidido a triunfar con fuerza y se quedó a un tris de conseguirlo con más holgura en el resultado final del festejo.
Con el capote estuvo variado (hasta hizo un infrecuente quite por fregolinas al cuarto), y no se diga con las banderillas, pues cubrió sus dos segundos tercios con brillantez, encontrando toro en todos los terrenos y clavando con facilidad.
Ya en el tercio de muerte, Leo hizo dos faenas de corte distinto, pero igualmente valiosas. La primera, de enjundia, con un toro que acudía a la muleta con transmisión y no regalaba una sola embestida y se lo zumbó con autoridad; la segunda, con muletazos largos, templados y sentidos, sobre todo por el pitón derecho de "Vida Mía", el cárdeno claro de Begoña que tuvo calidad y duración.
Por ahí se gustó Leo en trazos largos que calentaron el ambiente, antes de terminar la faena de rodillas, tal y como la había comenzado, pero con unas riesgosas manoletinas en las que enseñó que está dispuesto a seguir adelante en la profesión, ahora haciendo gala de una madurez que le permite darle un mejor acabado a sus faenas.
Al primero lo mató de una estocada algo defectuosa de colocación, pues la espada quedó un tanto contraria, hecho que le arrebató una oreja de ley; al otro, lo pinchó y así se le escaparon dos orejas que ya tenía en la espuerta.
Pero más que lamentarse de no haber conseguido la Puerta Grande en la plaza de su tierra, debe estar contento de que superó el grave trance de salud de una de sus piernas y ahora está para continuar adelante con la mirada al frente y la cara en alto.
Por su parte, San Román, que sigue asustando de valiente, pues pisa unos terrenos siempre comprometidos, tuvo en las manos un buen toro, el quinto, al que le faltó un punto más de duración para que aquella faena hubiese escalado un nivel más alto. Y antes de que el toro terminará por pedirle la paz al queretano, embistió humillado y metiendo la cara a la poderosa muleta de Diego, que siempre tiene a mano el válido recurso del arrimón, con un toreo de cercanías donde otros toreros no se sienten nada cómodos y él se planta como si tal cosa.
Cuanto le tenía cortadas las orejas a ese otro toro negro del encierro, que también tenía el hierro de Mimiahuapam y trapío sumamente armonioso, lo pinchó varias veces y dejó ir el triunfo en esta primera corrida de las dos que tiene contratadas en la feria.
El otro toro de su lote, corrido en segundo lugar, era un bonito ejemplar de pelo berrendo en cárdeno que salió un tanto flojo y, curiosamente, acabó afianzándose cuando San Román lo toreó metido entre los pitones. Ahí dio la impresión que el toro se vino arriba al sentirse acosado y embistió con mayor entrega. Entonces vinieron esos muletazos recios de un torero cuña que no se anda con ningún miramiento en el instante de ponerse en el sitio donde "queman los pies", que diría José Tomás.
En medio de estas dos expresiones toreras, más lírica la de Leo y más dramática la de Diego, Marco Pérez se estrelló con un lote sin posibilidades, ya que el colorado que se jugó en tercer lugar –el de menor trapío de los seis, que hasta desentonaba un poco con el resto de la corrida– se atornilló al piso y no hubo poder humano de hacerlo embestir, mientras el torero salmantino no atinaba bien a bien qué debía hacer y prefirió abreviar.
El sexto, un toro serio y hondo, con un trapío más propia de la plaza de Guadalajara que la de Aguascalientes, fue soso y embistió con la cara alta, desluciendo así cualquier atisbo de faena de Marco, que lo mejor que hizo fue tumbarlo de una estocada entera, traserillas y tendida, pero de limpia ejecución, en esta única comparecencia en la feria en la que pasó de puntillas.
Mañana sábado se jugará una corrida de Santa Fe del Campo, ganadería que dirige José Miguel Gutiérrez, uno de los ganaderos jóvenes con más proyección de la cabaña brava mexicana, y que desde hace 20 años ha hecho un destacado trabajo genético que va en ascenso con encaste San Mateo-Llaguno del que se confiesa ser un enamorado.
Esperemos que el listón ganadero se mantenga, y que la terna compuesta por Juan Pablo Sánchez, Borja Jiménez y Héctor Gutiérrez, honre al santo patrono de Aguascalientes en su mero día.
Ficha Aguascalientes, Ags.- Plaza Monumental. Tercera corrida de feria. Poco más de media entrada, en tarde soleada y calurosa. Toros de
Begoña, desiguales en hechuras y de variadas capas; de juego interesante, de los que destacaron el (1o. por su bravura, el 4o. por su clase, premiado con arrastre lento, y también el 5o., que tuvo un primer momento de faena muy bueno. Pesos: 505, 507, 510, 521, 522 y 535 kilos.
Leo Valadez (azul celeste y oro): Ovación y oreja.
Diego San Román (nazareno y oro): Ovación y palmas.
Marco Pérez (blanco y oro): Silencio en su lote. Incidencias: Antes de comenzar la corrida se tocó el Himno Nacional.