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Daniel Luque hace valer su maestría

Viernes, 24 Abr 2026    Sevilla, España    Paco Aguado | Foto: Arjona     
Cortó la única oreja ante los desfondados Juanpedros en Sevilla
El ya veterano diestro Daniel Luque hizo valer su maestría y su precisión lidiadora para pasear la única oreja concedida este viernes en la Maestranza de Sevilla, donde se lidió una corrida de Juan Pedro Domecq con un escasísimo fondo de raza y de casi nulo juego en el último tercio.

La mayoría de los astados de la divisa rojiblanca apuntaron cierta nobleza en los primeros compases, aunque también esa falta de "motor" que se hacía tristemente evidente tras pasar por el peto. De ahí que los escasos momentos lucidos de la tarde se produjeran en los saludos de capa, en algunos quites y en unos contados instantes con la muleta.

Pero a esa nota general le puso Luque la excepción con el cuarto, un toro colorado de largo cuello y poco apretado morrillo con el que el de Gerena dio toda una lección de técnica y estrategia para sacar en claro mucho más de lo que el animal pareció ofrecerle en un principio.

Ya de partida, en las verónicas de recibo, igual que con su primero, aplicó Luque una dúctil suavidad que marcaría todo el resto de la lidia, incluso cuando él mismo se encargó de llevarlo frente al caballo. Y el de Domecq lo agradeció hasta el punto de ofrecer en la muleta el juego de más duración de todo el encierro, aun con ciertos matices y defectos que el matador también solventó con depurada y sobrada capacidad técnica.

Con el pulso de sus muñecas y citándole en corto y con la muleta algo retrasada para reducirle esfuerzos, consiguió Luque que el toro colaborara en una faena en principio destinada a ser liviana pero a la que él mismo dio contenido y emoción ajustándose mucho en los embroques y en el trazo de los pases por ambas manos, e incluso llegando a ligarlos.

Tanto ayudó al animal que hasta se permitió estirar sus sosas embestidas para adornarse con variedad y sus patentadas luquesinas, antes de la efectiva estocada que dio paso, con toda justicia, al corte de la única oreja de esta antepenúltima corrida de la feria. Y es que con los otros cinco toros no pudo llegarse a tanto, ni siquiera el propio Luque con el que abrió plaza, que no respondió a un planteamiento similar.

Con todo, el tercero permitió a Pablo Aguado cuajar un brillante saludo a la verónica, con ocho o diez lances asentados y templadísimos en los que, paso a paso, con el mejor sentido clásico, le ganó el terreno hasta los medios sin forzar nunca el compás.

Y aún pudo lucirse el sevillano en un espléndido inicio de faena de muleta, con ayudados por alto con las dos rodillas en tierra y unos variados y airosos adornos, que hicieron arrancarse a la banda... Y no hubo más, porque el de Juan Pedro "echó la persiana" igual que lo haría el sexto, que se fue desfondando a marchas forzadas hasta echarse sobre la arena antes de que Aguado montara la espada.

Por su parte, Juan Ortega, el otro sevillano del cartel, tampoco tuvo apenas opciones, a falta también de una mayor concreción de sus planteamientos técnicos. El celo de su primero, aun aliviado en el trazo, apenas duró un suspiro, pero el quinto, abanto y amenazando siempre con irse a chiqueros, al menos se acabó quedando en la pelea con unas embestidas abiertas y nada exigentes.

Sobre esa base, Ortega le abrió el trasteo con originales ayudados con una rodilla en tierra y distintos adornos en los mismos medios del ruedo, mientras que el castaño iba y venía ampliamente, pero pronto acabó buscando los adentros para ir abreviando sus descastadas arrancadas en la misma medida que caía la faena.


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