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Una grave cornada "apaga" la pasión Morantista

Lunes, 20 Abr 2026    Sevilla, España    Paco Aguado | Foto: Arjona         
Morante hizo una faena luminosa y Borja Jiménez cortó sendas orejas
La medida raza del primer toro, al que Morante cortó una oreja, y la cornada que le infirió el cuarto de la, aún así, gran y completa corrida que lidió hoy en la Maestranza la ganadería salmantina de García Jiménez contribuyeron, como un seco golpe de desencanto, a que se apagara la desatada pasión morantista que estos días invadía Sevilla.

Con ese viento a favor que, tras sus genialidades del pasado jueves, obligó a que el de la Puebla saludará ya una ovación nada más deshacerse el paseíllo, se vio también la primera parte de su actuación con el que abrió plaza, un toro justo y de finas hechuras con el que comenzó a concretar con más brillantez capotera en un soberbio y deletreado quite por gaoneras, meciendo la nobleza de un astado que no estaba sobrado de raza.

Y por eso, porque el de Matilla -como se conoce a esta familia en el mundo taurino- amagó varias veces con irse rajado de las suertes, Morante le hizo una adecuada faena de muleta, más técnica que entregada, con pases ajustados, sí, pero sin mucha fibra y sin exigir demasiado al animal con tal de que le durara más tiempo en los engaños, como así sucedió, mientras que el público no terminaba de romper a jalearle con toda la fuerza que deseaban.

Eso sólo sucedió al final, con los cuatro soberbios naturales de frente con que Morante pudo redondearlo todo, gracias a ese inteligente planteamiento, y con la rotunda estocada, de perfecta ejecución, con que lo tumbó, para que así le concedieran esa oreja y aún hubiera una no demasiado fuerte petición de la segunda.

Pero el gran jarro de agua fría llegó con el cuarto, cuando ese castaño estrecho de carnes se salió suelto de todos los lances de recibo y forzó al de La Puebla a ir a sujetarle a los mismos medios, donde el de Matilla, frenándose y acortando las aún reacias arrancadas, acabó por arrollarle y, aún en pie, le clavó muy visiblemente su pitón izquierdo en el glúteo, en una cornada que luego se supo "muy grave".

Se llevaron así a Morante, casi inmóvil, a la enfermería, mientras que continuaba una corrida muy distinta a la que la afición esperaba. Y no por que no hubiera toros, ya que en realidad embistieron los seis -aunque algo más medido de raza ese primero- , entre los que se incluyó el sobrero que sustituyó a un quinto que saló al ruedo con un pitón partido.

De hecho, tras tener que matar uno más por el percance del maestro, Borja Jiménez acabó teniendo en sus manos un lote de tres toros de absoluta consagración en la Maestranza: el primero, el más terciado, por la exquisita clase de sus embestidas; el cuarto, el de la cornada, porque acabó rompiendo hacia adelante con notable bravura; y el sexto, porque repitió sus arrancadas con vibración y alegría, a pesar de todo.

Y con "material" tan óptimo, de tan claras opciones para abrir holgadamente la Puerta del Príncipe, Jiménez paseó únicamente dos orejas, la de su primero, que le ofrecía claramente las dos, y la del sexto, esta más por su afán de redondear la tarde por la vía de la entrega y los guiños al tendido, que por la consistencia de su toreo.

Porque, fundamentalmente, en cada una una de las tres faenas a Jiménez le faltó mayor sutileza y suavidad en los embroques y, aún más, también ayudar a alargar las embestidas, que casi nunca pudo ligar lo suficiente porque en la mayoría de las ocasiones las atrancaba, sin dejarlas fluir, muy encima en los cites y refugiado en el cuello de los toros en un perjudicial, excesivo y obsesivo redondeo de los pases.

Aun así, el torero de Espartinas pudo haber cortado un trofeo más del bravo cuarto de no haber entrado a matar muy precipitadamente, por lo que hubo de conformarse con una vuelta al ruedo. Y un público amable e impresionable todavía le pidió un tercero, el que hubiera necesitado para salir por la Puerta del Príncipe, de ese bravo sexto al que saludó a portagayola, toreó de rodillas a la verónica, abrió faena con cuatro apurados pases cambiados en los medios... para después continuar por la misma senda que con los dos anteriores-

También fueron de triunfo claro los dos toros que Tomás Rufo se dejó ir, casi entre la indiferencia general, por su poco sincera colocación en los cites, la incoherencia de los "toques", la falta de pulso en el trazo -hasta el punto de dar con ambos en tierra en numerosas ocasiones- y la falta de medida y ajuste de los pases, lo mismo con el suave tercero que con el hondo, noble y claro sobrero. Y con ambos incluso llegaron a pitarle para que dejara de insistir y tomara pronto la espada de acero.

Ficha
Sevilla, España.- Plaza de La Maestranza. Lleno de "No hay billetes", en tarde de caluror sofocante. Toros de Hermanos García Jiménez (6o., sobrero sustituto de uno que se partió un pitón de salida), de correcta presentación -más terciado el 2o., y con más volumen y cuajo el suplente), y de muy buenas hechuras, que dieron, sin excepción, un juego excelente, con más o menos raza pero todos con nobleza y calidad en las embestidas. Morante de la Puebla (azul pavo y oro): Oreja con ligera petición en el único que mató. Borja Jiménez (violeta y oro): Oreja, vuelta en el que mató por Morante, y oreja con petición. Tomás Rufo (azul noche y oro): Silencio en su lote. Incidencias: El parte médico de la cornada de Morante establece la siguiente lesión: "Herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionado parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1.5 centímetros. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacio postanal y retro rectal. Pronóstico: Muy grave. Firmado: Doctor Octavio Mulet".


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