El mano a mano que ha enfrenado este sábado a los sevillanos Manuel Escribano y Borja Jiménez en la feria de Sevilla no ha tenido apenas momentos brillantes, en tanto que ninguno llegó a apurar la exigente bravura que desarrolló una terciada corrida de Victorino Martín.
Porque ese escaso trapío de la mayoría de los ejemplares de la famosa ganadería no tuvo nada que ver con su juego, marcado por una bravura muy exigente que lo compensó con su trapío "interior".
Hasta cinco de los "victorinos" ofrecieron así la posibilidad de que el poco justificado mano a mano se hubiera saldado si no con un buen balance de orejas, al menos con muchos más momentos de intensidad y auténtica emoción que, lamentablemente, casi siempre solo pusieron los toros.
De hecho, Manuel Escribano sólo los logró en dos tandas de naturales, una a cada uno de sus primeros toros. Aparte de irse a saludar a portagayola a los dos últimos de su lote y de protagonizar unos tercios de banderillas de mero trámite y con más desaciertos que brillantez.
La aislada tanda estimable de naturales al que abrió plaza llegó muy avanzada la faena, cuando por fin se decidió a enganchar las bravas y serias embestidas del cárdeno con los vuelos de la tela a ras de arena. Fue ahí donde se vio la verdadera condición de un toro que estuvo a punto de desbordar a Escribano. Y más de lo mismo le sucedió con el tercero, después de abrir el trasteo sometiendo por bajo a un ejemplar que se arrancó con potencia y energía en los primeros compases, pero sin que Escribano acertara tampoco a mantener esa exigencia. Esas fueron las dos únicas opciones que no aprovechó el veterano del cartel, que ya no las encontró con un quinto afligido y muy anovillado.
En cambio, a Borja Jiménez le embistieron los tres, aun con distintos ritmos e intensidad. Con mayor dureza, pidiendo un auténtico compromiso, lo hizo el segundo de la tarde, al que el torero de Espartinas tardó mucho en aplicar la clave técnica, que era cite entregado y con un trazo bajo suave de la tela desde el embroque hasta el remate.
Así llegó esa única buena serie con la zurda que se anotó el sevillano, y también algunos otros muletazos salpicados que se le jalearon con fuerza y que le hubieran podido valer la oreja solicitada tras la brava muerte del "victorino" por un feo bajonazo.
Su segundo fue el toro estrella de la corrida, el que, además de la bravura mostrada también en varas tuvo una noble y rítmica embestida. De ahí que, ante la evidencia, también se entregara Jiménez y que cuajara las dos series de naturales más redondas, las de más pasión y asiento... a falta de rematar mejor cada uno de los pases.
Esta vez hubieran caído, probablemente, no una sino dos orejas, aunque él mismo se las negó ejecutando la suerte suprema tan erráticamente como se hizo en los seis toros, incluidos sus propios pinchazos y bajonazos a un sexto muy noble y algo justo de fuerzas al que nunca ayudó con unos muletazos obsesivamente redondeados.