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Esfuerzo de Aguado y barato triunfo de Roca Rey

Viernes, 17 Abr 2026    Sevilla, España    Paco Aguado | Foto: EFE         
El sevillano dio una vuelta de peso y el peruano cortó una oreja
El diestro peruano Andrés Roca Rey le cortó sólo una oreja, y de escaso valor, al único toro con celo de bravo de la muy descastada corrida de Domingo Hernández lidiada hoy en la Maestranza de Sevilla, en la que Pablo Aguado, para cerrar la función, hizo un esfuerzo, con percance incluido, para dar finalmente una vuelta al ruedo de mayor relevancia.

Hasta la lidia de ese quinto toro de Roca Rey el festejo había transcurrido entre un dilatado tedio, motivado por la ausencia total de casta y de celo del encierro salmantino, con toros desfondados, cuando no claramente rajados y huidos a tablas. Y con la única nota a rescatar de las intervenciones en quites de Pablo Aguado, brillantes las tres, ya por verónicas de manos altas, por templadas chicuelinas o por delicados lances al delantal.

No hubo mucho más que resaltar, aunque, dentro de ese vacío de bravura aún pudo salvarse la movilidad de un segundo que, aun sin gran entrega y a menos, ofreció ciertas opciones que Roca no supo encontrar en una faena de cambiante e incoherente planteamiento técnico, y nunca precisamente en favor del toro charro.

Pero salió ese quinto, Veronés de nombre, un castaño estrecho y de mayor alzada que vino a salvar el honor de la divisa en tarde tan señalada, sacando desde su salida la entrega y el recorrido que no tuvo ninguno de sus hermanos, y que mantuvo hasta el final del largo trasteo del peruano, pocas veces al nivel de tan claras opciones.

Crispado de planta y ligero de muñecas, con cites bruscos y tapándole la cara con la tela, más que encelándole en ella, Roca se extendió en un pulso marcado por la tensión que él mismo provocó, sin ayudar a fluir la clara voluntad del toro de ir hacia adelante por el pitón derecho y anulándosela directamente por el izquierdo desde los primeros tironazos que le recetó.

Con todo, al reclamo de su fama, el público festivo de este viernes de preferia, al que al final el de Lima quiso impresionar en la distancia corta con similar tosquedad de planteamiento, quiso premiarle con esa oreja, de menos valor incluso que alguna de las antes concedidas en el abono y que no dejó de ser el pírrico balance de un torero puntero ante un toro destacado.

También se reclamó otra, aunque más tímidamente, para Pablo Aguado ya a tarde vencida, después de un esfuerzo de más definidos y buscados objetivos, como el que hizo ante un astifino ejemplar que sacó algo de genio de salida y perdió el celo en el caballo, lo que se tradujo en apenas medias arrancadas, sin aparente peligro, pero también sin emplearse.

El sevillano estuvo templado y por encima de su condición en un trasteo ya largo de por sí, intentando apurar lo poco que el de Hernández le ofrecía, hasta que, cuando ya parecía tocar a su fin, atacado más en corto el toro se le arrancó de improviso y le colgó de sus pitones por unos instantes, afortunadamente sin llegar a herirle.

Al levantarse Aguado de la arena, ya con el público metido por fin en la acción, aún comenzó una faena añadida, un apéndice no menos dilatado en el que, con el toro ya volviendo grupas, acabó por sacarle pases cortos pero de más nervio e intensidad en la querencia de tablas, donde el de Hernández tardó en caer de una estocada trasera, lo que enfrió el ambiente y bajó la intensidad de los pañuelos que solicitaban un premio que quedó reducido a la vuelta al ruedo.

Con el otro de su lote, que acabó huyendo al galope de la pelea, no pudo dejar Aguado más que los detalles con la capa ya señalados, como los que le sirvieron para replicar el quite que antes había instrumentado Alejandro Talavante y que fue tan insulso y laxo como todo lo que el extremeño hizo con el desfondado que abrió plaza y un cuarto con cierta aspereza con el que desistió a las primeras de cambio.

Ficha
La Maestranza. Séptimo festejo de abono de la Feria de Abril, con lleno de "no hay billetes" (12 mil espectadores), en tarde calurosa. Ganado: seis toros de Domingo Hernández, dispares de cuajo, volumen y alzadas, y de juego muy descastado, rajados o desfondados, sin entrega en los engaños salvo el 5o, el más alto y el único bravo, que quiso descolgar y desplazarse. Alejandro Talavante (lila y oro): Silencio y silencio. Roca Rey (corinto y oro) Silencio y oreja. Pablo Aguado (caña y oro): Vuelta al ruedo tras leve petición de oreja y dos avisos. Incidencias. Pablo Aguado fue atendido en la enfermería de varetazos en el muslo derecho, de pronóstico leve.


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