El banderillero
Juan Ramón Saldaña falleció hoy en la Ciudad de México, como consecuencia de un cáncer de esófago que lo mantuvo inactivo durante varios meses, y con el que luchó con la misma entereza que le iba al toro, a lo largo de más de 25 años como profesional.
Juan Ramón Saldaña Acosta nació en esta capital el 4 de mayo de 1973, y procedía de una destacada dinastía de toreros, de la que también forman parte los insignes banderilleros Alfredo Acosta y sus hermano Francisco, "El Paquiro", y el picador Rodolfo, que eran sus tíos. A través de esta influencia familiar se aficionó a los toros y tomó la decisión de hacerse banderillero.
Se examinó en la plaza "El Pinal" de Teziutlán, el 15 de agosto de 1999, en una corrida en la que actuaron Miguel Espinosa "Armillita", Eulalio López "Zotoluco" y Jerónimo, con un encierro de Garfias.
Comenzó poco a poco, y luego de torear con novilleros y rejoneadores, se puso en forma y lo llamaron toreros importantes, en cuyas cuadrillas militó siempre con alegría y valor, ya que una de sus cualidades era no poner reparos e irle al toro de frente, lo que siempre dio confianza a sus jefes de filas, entre los que se contaron figuras de México y más tarde también extranjeras.
Torero de temple con el capote y bien colocado en el ruedo, solventaba el tercio de banderillas con facilidad y discreción, pero eso sí, con mucho arrojo cuando era necesario, y fue así como cosechó salidas al tercio a las que no daba demasiada importancia, entendiendo el toreo como un acto de compañerismo como pocos.
En diciembre de 2018 fue elegido como Secretario General de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, de la que estuvo al frente durante cuatro años antes de ceder la estafeta al picador Pedro López. En este cargo participó en foros y asambleas con actitud de defender a la Fiesta Brava, y a su agrupación, en tiempos difíciles.
El 1 de enero de 2025 toreó su última corrida en la plaza yucateca de Peto, donde comenzó a sentirse enfermo, y tras la realización de varios estudios, le diagnosticaron la enfermedad que lo alejó de los ruedos. Después de atravesar por un calvario de médicos, quimioterapias y hospitalizaciones, hace un par de semanas tuvo una recaída.
Sus restos serán velados en una capilla de Coacalco, donde vivía. Vaya desde aquí el pésame a Araceli, su esposa, así como a su joven hijo Luis Miguel Saldaña, que apenas hace poco empezó a seguir los pasos de su padre como aspirante a banderillero, así como a toda su familia. Descanse en paz este torero de plata, magnífico compañero y entusiasta amigo.