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Efemérides: Mejía cumple 40 años de alternativa

La recibió en la Feria de León de 1983 de manos de Eloy Cavazos

Con los recuerdos de haber sido parte fundamental de una época de gloria, añorada hasta nuestros días, de aquella tercia de novilleros que llenaba las plazas al lado de Ernesto Belmont y Valente Arellano, el diestro capitalino Manolo Mejía conmemoró este reciente domingo, 40 años de haber tomado la alternativa.

Fue la tarde del 22 de enero de 1983 en la plaza de toros "La Luz" de León, Guanajuato, en la primera Feria importante del año taurino, cuando Eloy Cavazos le cedió los trastos en presencia de Antonio Lomelín y Miguel Espinosa "Armillita", como testigos de la ceremonia, ante un lleno total en el graderío.

El toro del doctorado se llamó "Pobretón" y perteneció al hierro de la ganadería de San Martín. Mejía recuerda esa tarde como si hubiera sido ayer todavía.

"Estando hospedados en el Hotel León, bajé a saludar al maestro Eloy para darle las gracias por ser mi padrino y las palabras que me dijo durante el desayuno fueron más emotivas, más sinceras y espontáneas que las que me diría por la tarde en la ceremonia. Me dijo que le daba mucho gusto que yo tomara la alternativa, que llegaba con todos los honores, que era de los últimos novilleros que llegaba con mucha etiqueta y que me la había ganado a pulso. Que le daba mucho gusto y que era un orgullo para él ser mi padrino y que me deseaba todo lo mejor en mi profesión".

Cuenta además que, durante la cesión de trastos, luego de darle la enhorabuena, se le cayó la montera al padrino y de manera simpática y curiosa se dirigió a los testigos y les dijo: ‘estos muchachitos ya lo ponen nervioso a uno.’

Manolo Mejía, nacido en la capital el 21 de mayo de 1965, llegó a la alternativa con 48 novilladas en dos años y medio, que no fueron fáciles, sobre todo el primero.

"Mi etapa novilleril fue de dos años y medio aproximadamente. Con dos temporadas en la Plaza México, la primera de cuatro novilladas en las que no fue lo que yo esperaba, que era convertirme en novillero puntero".

Relata que así siguió picando piedra en el interior hasta que pudo volver al siguiente año en la temporada chica, cuando las cosas comenzaron a ir mejor, después de aquella primera tarde en que alternó con Valente y Luis Fernando Sánchez.

"Fue una novillada de Huichapan. Hice una faena importante, pero no la coroné con la espada, pero eso me hizo ganarme una nueva oportunidad con una novillada de Felipe González, con Valente y Ernesto en el cartel. Fue como la última oportunidad que tenía, los novillos no habían dado prestaciones para el lucimiento, pero cuando salió el quinto, de Valente, ellos rivalizaron en los quites y me les atravesé, hice un quite y eso prendió la mecha en cuanto al entusiasmo de la gente", agregó.

El torero de Tacuba narra con precisión ese momento divino que revolucionó la fiesta novilleril en ese momento, pues era el surgimiento de una tercia de locura, que a partir de ahí llenó las plazas donde se presentaban.

"Valente nos invitó a banderillear a su novillo, luego lo hicimos en el sexto también y eso me puso otra vez a flote porque ya me estaba quedando en la orilla. Con el éxito que hubo, la respuesta de la gente y el entusiasmo, la rivalidad en quites y banderillas, el doctor Gaona decidió programarnos nuevamente y ya sabes, los llenos y los triunfos. Esa temporada tomé parte en siete novilladas en la México, mi última como despedida fue un mano a mano con Belmont".

Eso le dio la pauta para llegar a la alternativa con todos los honores, como bien lo dijo después el que sería su padrino.

Desde entonces no ha habido otra temporada de novilladas que la Plaza México se llene en cada tarde, aunque muchos años después vendrían José Tomás, El Juli y Cristina Sánchez, como novilleros, pero sin llenar en absoluto el graderío tardes seguidas como lo hicieron ellos.

"Sí fue una generación importante, aparte de lo que pudimos hacer con los novilleros en nuestra época, dio pie ese resultado que tuvimos como generación de novilleros, a otros, de otras ciudades que también que se metieron de lleno en la afición y también formaron generaciones importantes posteriores, ya no tal vez con el impacto que causamos nosotros, pero sí levantaron mucho interés en el caso de mis amigos norteños como Delgado, Ferriño, El Geno, Enrique Garza, Germán Garza, Ondarza y otros toreros como Alfredo Lomelín, ‘El Biafra’, siguieron más o menos en la línea de demostrar que, como novilleros, tenían la capacidad y la preparación para formar una temporada importante de novilladas".

A 40 años de distancia, Mejía se siente satisfecho con lo logrado.

"Pude demostrar el aprendizaje, el deseo de ser novillero puntero y ganarme la alternativa. Las siete novilladas y las previas de la alternativa fueron significativas, ya que fueron corridas de toros prácticamente las que enfrentamos en la temporada, novillos arriba de los 450 kilos y en cierto modo me dio un gran sitio, un gran fogueo y llegué a la alternativa con la confianza y la seguridad que te dan los toros toreando, pero con animales de más presencia”, concluyó.

En una próxima entrega, el matador recordará su estrecha relación de amistad y como profesional que vivió con el otro torero grande de Monterrey, Manolo Martínez, con quien compartió vueltas triunfales en la México, siendo el maestro exitoso ganadero.

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