Andy Cartagena sale a hombros en Autlán       

Cortó tres orejas a los toros de San Constantino para rejones

La variedad en el comportamiento de una corrida seria, con edad, romana y un abanico que abarcó, desde el toro 3o (con peligro y olor a cloroformo) hasta un par de toros, uno de San Constantino para rejones, cuarto en el orden, y otro de Caparica para cerrar plaza, que honraron a sus criadores. Mas los que se lidiaron en segundo y cuarto lugar, se prestaron a dos buenas faenas de Diego Silveti quien, dicho sea con pena anda perdido –en serio– con la espada.

El caballero hispano Andy Cartagena ratificó el sitio de privilegio que se ha ganado a pulso. Al que abrió plaza, un buen toro incierto al inicio de la faena, poco a poco se fue centrando en las cabalgaduras de Cartagena, hasta que terminó embistiendo templado y con celo. Le cortó una oreja.

"Perseverante" también de San Constantino, segundo en el lote de Andy fue un gran toro. Bravo, noble, con fijeza, prontitud, humillación y celo que le permitió al rejoneador mostrarnos el gran torero que es. Se recreó en banderillas al cuarteo, al violín, y entre la algarabía de los autlenses, llevó cosido a la grupa al de San Constantino cuando toreaba a dos pistas, o de costado. Hasta se dio el lujo de clavar garapullos a dos manos y el desplante del teléfono. Certero con el rejón de muerte, cosechó con justicia un par de apéndices más.

Sergio Flores vivió el sol y la sombra. En primer lugar de su lote, le toco en mala suerte, ese toro que dicen aparece en las pesadillas. Grande, muy armado, fuerte, y 580 kilos de mala leche. Desde el capote se metió a la esclavina del tlaxcalteca. Flores puso todo su empeño para entenderse con él. Inclusive llevó personalmente la brega en el segundo tercio; pero "Catedrático" sabía latín, latón y lámina acanalada. El de Apizaco trató de pararle bola; pero aquello era imposible. Salir ileso fue un triunfo. Escuchó un aviso.

A cambio, se llevó también a “Nube Gris”, un toro que tuvo bravura, como primera virtud, a más de fijeza, prontitud, recorrido, humillación y nobleza. El espigado espada, desde que se abrió de capa deletreó el toreo por ambas manos. Fue un trasteo con seriedad, temple y buen gusto por ambos lados. 

Meritorio si recordamos que el toro bravo será todo, pero fácil… no. De no haber tardado tanto en doblar, porque en la caja tan amplia de un astado con 600 kilos, la espada no hace el mismo efecto, Sergio Flores habría salido en hombros. De cualquier manera, se lleva el cariño de los autlenses, incluso el de varios que le pitaron injustamente con el complicado primero.

Diego Silveti. Hoy vi un Diego Silveti en su mejor momento como torero. Sobrio, elegante pausado, con temple en su muleta y en su estar en el ruedo. En ambos toros fue el dueño de la situación. Y vaya que en el quinto de la tarde tuvo que pechar con un tendido impaciente, porque el toro récord de romana en Autlán (654 kilos) se acalambró y la gente exigía su devolución. Punto y aparte, Javier Medina, el juez de plaza, se apegó al reglamento y observó si el toro se componía en varas (como sucedió).

Pero también está en su peor momento como estoqueador. Qué pena, porque una tarde que pudo ser de una par de orejas, se fue al olvido por sus graves defectos en la suerte suprema.

Ficha
Autlán de la Grana, Jal.- Plaza "Alberto Balderas". Segunda corrida de carnaval. Dos toros de San Constantino para rejones y cuatro de Caparica, bien presentados, lo del segundo hierro con demasiados kilos. Destacaron 4o. y 6o. por su buen estilo. Pesos: 445, 517, 580, 475, 654 y 600 kilos. El rejoneador Andy Cartagena: Oreja y dos orejas. Diego Silveti (verde y oro): Silencio tras aviso y palmas tras aviso. Sergio Flores (azul noche y oro): Silencio tras aviso y oreja tras aviso. Incidencias: El 5o., de nombre "Estudiante", número 152, negro, de Caparica, es el toro más pesado que se ha lidiado en la historia taurina de Autlán, pues pesó 654 kilos.






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