El encierro de El Vergel jugado en la lluviosa función taurina de hoy -entre otras muchas- tuvo la virtud de unificar el gusto de toda la plaza. Un lote que ofreció lidias con mucho interés. Nada bondadosas, pero tampoco nada borrascosas. Las cosas debían hacerlas muy bien y la tercia anunciada cumplió cabalmente con un compromiso de ese tamaño.
Total, que una tarde donde todo mundo la hemos pasado muy bien. Quien se la perdió -válgame Dios- fue don Octaviano García, quien no estuvo presente en la función. Otro que tuvo una ración incompleta fue el tlaxcalteca Gerardo Rivera. Numéricamente, sin duda ninguna debió haber sido el triunfador absoluto. Por fortuna, la fiesta no es de números, aunque la cantidad de apéndices vienen muy bien a las notas periodísticas, pero -qué quiere- uno que es a la antigüita se queda con lo más destacado.
Para mí, la faena al segundo de su lote, "Agavero", un cárdeno nevado bragado corrido, veleto y muy astifino, fue de muchos quilates. Sus alternantes, debido a sus fallos con la toledana en el primero de su lote permitió que sus alternantes se le hubieran ido ya por delante, cada quien con un auricular.
De salida, el de El Vergel tardó en enterarse y sus condiciones de lidia no prometían mucho. Acudió pronto a varas y peleó con fuerza. Ahí fue el primer... ah caray. Vino el quite combinado de chicuelinas con tafalleras, y un recorte pinturero. El ambiente subía de tono. A estas alturas de la faena, Rivera -quizá el único- lo tenía muy claro. Supo hallar las virtudes para nosotros ocultas, con una clave que se dice fácil. Aguante, templanza y mando en una primera serie en el centro del anillo que remató con un ceñidísimo cambio por la espalda y ligado el kilométrico pase de pecho.
Las series por derecha e izquierda mantuvieron esa tesitura. Nada más, ni nada menos. Todo iba a Jauja. Tuvo tal nivel su trasteo, que incluso comenzaron aparecer pañuelos blancos que exigían el indulto del buen ejemplar. Entre bernadinas con mucho ajuste, combinadas con una escalofriante arrucina y ligado el de pecho, la petición se convirtió en... casi general. Pero el palco no estaba dispuesto a ceder y Rivera se tiró a matar o morir, para dejar una entera que fue contraria y tendenciosa que le hizo al novillo lo que el "viento a Juárez".
Dura labor de enterramiento y nada que doblaba el astado. Vino la debacle. Echó mano de la espada corta el de Tlaxcala, pero la puntería habíase quedado en casa. Aviso. Más intentos. Pitos. Más intentos. Otro aviso. Tres a las siete cayó el toro y el ánimo del torero. Mientras Gerardo Rivera lloraba amargamente sentado en el estribo, Usía ordenó y se llevó a efecto la triunfal vuelta al ruedo de los despojos de un gran ejemplar, que su torero supo encontrar. Al final, la parroquia le agradeció el buen momento con una vuelta al ruedo tapatío.
Por cierto clamaron a gritos por el ganadero, y como en la letra de Manzanero: "Esta tarde vi llover, y no estabas tú".
Me gustó mucho ver los avances de José María Hermosillo. Serio, solvente, con cabeza. Con valor sin mirriñaques y mucho gusto por hacer el buen toreo. Ay Aguascalientes. También tuvo su trasteo el infaltable punto de osadía: saltilleras citadas por un lado y vaciadas por el contrario que arrancaron sonoras ovaciones del respetable.
En el tercio de muerte comenzó a forjar su faena, como tantas veces escuché a los -ahora- viejos toreros "A San Mateo hay que aguantarle los primeros carajazos, y se entregan". Bueno decían más feo. Pues fue lo que Hermosillo realizó, y ¿Saben qué? Los viejos tenían razón. Aquella acometida que calamochaba, aún en su larga trayectoria, José María la convirtió en una embestida franca, recia, que se comía la muleta y llegaba sólo hasta la distancia del mando del torero, para volver codiciosa sobre lo que estuviera enfrente. Pero el espada había girado ya lo justo y quedar en distancia, con la muleta firme y templada en la cara de su enemigo. Faena emocionante.
De torero. De convicción y de buen gusto. Pensó en darse el lujo de una dosantina que iba muy bien; pero que al ligarla con el de pecho, "Mezcalero" no perdonó. Se lo echó peligrosamente al lomo. Sin verse la ropa volvió para meterse en tablas con el toro y cerrar su labor con pases de ida y vuelta, un cambio por la espalda, el de pecho con la izquierda y una entera al rincón que le significó un valioso trofeo.
El joven español Miguel Ángel Pacheco cayó de pie en Guadalajara. Cosa que no es poca. Su faena al tercero de la función tuvo un punto clave: tiene -aún- dificultades para ajustarse al ritmo del toro de acá; se le notó en el tercio de capa. Pues con acierto se dejó "crudo" a "Pulquero" , mas a pesar de los pesares,me gustó su expresión con la capichuela, y con la muleta cuajó una muy buena faena.
Obvio; entiende a cabalidad éste asunto del toreo y tiene expresión. Colocado en el sitio correcto para las fuerzas que había conservado el de El Vergel, se dio a torear citando de largo en series muy bien templadas, con mano baja y gran dimensión, fundamentalmente por el lado diestro, que por el siniestro, el novillo no aceptó.
El público estuvo de su lado porque mostró además entrega y disfrute en la cara de su enemigo. La cosa podía haber ido a más, pero el toro comenzó apagarse y con acierto, se tiró a tiempo Pacheco tras la espada, para dejar una entera y llevarse una bien ganada oreja, Como también a sus alternantes, con gusto lo veríamos de nuevo.
Para la quinta novillada están anunciados un encierro de De Haro, para Diego Emilio, Javier Castro y Héctor Gabriel.