Apoteosis de ganadero y toreros en GDL (video)
Domingo, 13 Mar 2016
Guadalajara, Jal.
Felipe Aceves | Foto: Manolo Briones
Eduardo Martínez Urquidi compartió el triunfo con Sánchez y Silveti
"Lo bien toreao es lo bien arrematao". Así podría yo definir el cierre de la temporada 2015–2016 de la plaza de toro Nuevo Progreso de la Perla de Occidente. Mejor broche no podía tener, una temporada rica en triunfos y grandes episodios. Para despedirla, hoy se dieron cita solamente los sinodales. Quienes más entienden.
Aquellos privilegiados que son dueños del finísimo olfato del buen aficionado. Que saben leer una combinación; que pueden evaluar el estado que guarda la trayectoria de cada espada anunciado, y coligen cuál será la actitud de ellos. Los que saben guardar los sepulcrales silencios de ésta plaza, aunque de vez en cuando rotos por unos gritones "chuflas" de sol. Saben cuándo, cuánto y a qué o a quién aplaudir. No se equivocaron. Fregados los que no vinieron; porque se la han perdido. Mejor suerte para la próxima, que ésta ya es historia.
Guadalajara y Los Encinos –está clarísimo– se entienden a la perfección. No quisiera tirármelas de lado; pero ésta es la plaza de los triunfos de mayor contundencia del hierro propiedad de Eduardo Martínez Urquidi. Sin embargo, un toro requiere de un torero. Y a mayor calidad del astado, mayores atributos requieren al espada a quien le corresponde en el sorteo. Hoy en el exigente ruedo tapatío, se encontraron el de Aguascalientes, Juan Pablo Sánchez y "Hocicudo", herrado a fuego con el número 28 y 580 kilos de bravura y calidad en los lomos.
Y aunque en los trasteos iniciales de la faena de muleta, el precioso y muy armado cárdeno sintió el llamado de la puerta de chiqueros, sólo bastó que lo llevaran –inteligentemente– a contra querencia, para que ahí desarrollara el potencial que traía dentro. Pero cuajar. Sí señor… cuajar una faena a un toro con las virtudes que mostró el cuarto en el orden de ésta tarde, no cualquiera. En Guadalajara es muy fácil que el tendido se pase a las filas de los toros con esta catadura. Aplaudido con fuerza desde que saltó al ruedo, le ponía las peras a cincuenta al torero.
Juan Pablo ya había dado muestras, en el que abrió plaza, que ésta “era, o era” su tarde. Así que, con la cabeza torera bien puesta, desde sus lances transitorios de recibo identificó la materia prima que le había correspondido. Lo colocó a distancia del piquero. El pupilo queretano embistió pronto y con entrega. Bien lidiado en el segundo tercio llegó al tercio de muerte en su punto. Al segundo o tercer muletazo de tanteo afloró una gran sonrisa en el rostro de Juan Pablo ¡Agárrense! Alguien comentó.
Y vino la sinfonía de bien torear. Sánchez abría el compás, sólo para darles dimensión y hondura a los templados y ligados naturales en tandas bien medidas y soberbiamente rematadas. Las series iniciaban con un trincherazo, al cual se ligaba un derechazo, para meter la sarga por debajo del pitón, traérselo, cambiarse de mano el engaño y engarzar naturales con el ya proverbial temple de ésta bien cumplida promesa del toreo. Un clímax vino –y digo uno, porque fueron varios– cuando ligó una dosantina a un monumental redondo por la derecha y otra más, con cambio de mano, más un profundo pase de pecho, que todo unido hizo resonar el ole más largo de la temporada. Ahí comenzaron asomar los trapos blancos. Mientras se unían más pañuelos, el torero se –y nos– deleitó al flexionar la rodilla para torear por naturales. "Oiga ¿Y los derechazos?" dirá usted con razón. Pues hubo series intercaladas como para desengañar al astado, que tuvieron mismo temple, misma dimensión. Pero la faena por naturales, brindada por cierto a Miguel Espinosa "Armillita" en el callejón, a todo el cotarro y a mí fue lo que más nos emocionó.
El juez de plaza, Arnulfo Martínez, se resistía –con justa razón– a mostrar el pañuelo verde; pero ande, que le ganó la afición y les concedió el gusto a los asistentes. Una vuelta al ruedo dio el torero acompañado por el otro triunfador, el ganadero, a quien desde el tendido, ya le habían reconocido los aficionados por su encierro.
En el que abrió plaza, el primer espada les dijo a sus compañeros de cartel, de qué iba el asunto. Realizó un quite combinado de tafallera, orticinas y remate de brionesa que mereció la primera gran ovación. Para comenzar el tercio de muerte, se fue a los medios para recibir de hinojos, con la muleta en su mano derecha a "Campanero", que no quiso acudir, por lo cual obligó a cerrar la brecha y tener que aguantar las primeras tres embestidas. Y mire que a los tapatíos no les gusta que los toreros se arrodillen. Piensan que les quieren sorprender con toreo de bajo precio. Pero saben cuándo es de verdad esa actitud y cuándo es para "taparle el ojo al macho".
El de Los Encinos era tardo. Aún así, le porfió Juan Pablo para de pie, ligar dos más, antes de rematar con el de pecho. Entre serie y serie, aquello era un camposanto, por lo de los silencios de expectación. Otra faena muy bien construida, y llevada hasta su conclusión con su medida de ritmo exacta. Todavía se dio el lujo de engarzar una serie en cámara lenta, rematada con un cambio de mano por la espalda y el kilométrico de pecho con la siniestra. Media estocada que bastó y una oreja que, la verdad, nos supo a tacañería del palco. Vaya tarde triunfal de Juan Pablo Sánchez. Cuajó –que no es cosa menor– un par de faenas de altos vuelos. No soy afecto a los indultos. Me fascinan las orejas y el rabo en la vuelta triunfal de un torero. La faena a su segundo era para eso. Orejas y rabo. El reglamento en vigor, a propósito de indultos, no permite la entrega de trofeos, por la simple y sencilla razón, que no serían del astado que se lidió.
A Diego Silveti le rodaron bien las cosas en el primero de su lote, un tío con edad, pitacos y 590 kilos en los lomos; pero con el segundo, no hubo compaginación. Ambos dispuestos, pero algo pasó que no alcanzaron el entendimiento pleno. Eso sí, la faena a "Indiano" fue del gusto de la parroquia. La celebraron desde el quite de Diego por chicuelinas, con remate de media.
Seguramente espoleado por la actuación de su antecesor comenzó el último tercio con estatuarios en el centro, los que remató con un pase por bajo con la izquierda ligado con uno de pecho muy torero. Ahí mismo engarzó un par de tandas con la derecha, pero todavía más reunida y completa la segunda. Conforme avanzaba la faena, y el toro perdía fuerza, le comenzó apretar al acortar su recorrido, pero la entrega del salmantino estaba siempre a punto. Aguantó bien para realizar una dosantina muy jaleada, a la que siguió una más con un cambio de mano que le salió pintado ¿Los kilos al toro? Ni a melón le supieron. No dobló la patita ni para subir el escalón. Fue además, noble, fijo, obediente. Tuvo también calidad y temple. Arrastre lento para el toro y un par de orejas para Silveti.
Fermín Espinosa "Armillita IV" pasó la prueba. Porque eso de salirle a un encierro como el de hoy, le quita al hipo al más pintado. Otro asunto es estar digno y serio con él. A fe buena que Fermín –nada de Fermincito ¡Por favor!– estuvo digno y serio.
Con entrega. Con responsabilidad. Con valor y, lo mejor de todo, con tan buena actuación, que el público le despidió con cariño. Con el segundo de su lote, que el primero fue el lunar del encierro, se enredó a "Rumbero" en la cintura con la especialidad de la casa: toreo por naturales, que la gente saboreó y jaleó con mucha fuerza. Todo muy bien; pero nos sorprendió con una estocada, tal y como dice el librito que se debe hacer. Cómo igualar, cómo perfilarse, cómo echarse la espada a la cara, como citar, cómo vaciar, y cómo es que un gran estoqueador se moja de sangre los dedos. Sin puntilla y espectacularmente –rodó el de Los Encinos– liquidado por la que, seguramente será, la estocada de la temporada. Yo voto por eso. Un torero serio es Fermín Espinosa IV.
Ficha Guadalajara, Jal.- Plaza "Nuevo Progreso". Quinta y última corrida de la segunda parte de la temporada. Un cuarto de entrada en tarde agradable. Toros de Los Encinos, de imponente trapío y bravos en su conjunto, de los que destacaron 2o., que recibió arrastre lento, y el 4o., que fue indultado. Pesos: 535, 590, 530, 580, 500 y 525 kilos. Juan Pablo Sánchez (carmín y oro): Oreja y vuelta tras indulto. Diego Silveti (palo de rosa y oro): Dos orejas y silencio. Fermín Espinosa "Armillita IV" (blanco y oro): Silencio y oreja. Incidencias: El toro indultado se llama "Hocicudo", número 28, cárdeno, con 580 kilos. Sobresalió en banderillas Gustavo Campos, que saludó una ovación.
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