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Sergio Flores salva la tarde en GDL (video)

Domingo, 06 Mar 2016    Guadalajara, Jal.    Felipe Aceves | Foto: Memo Sierra           
El tlaxcalteca saludó sendas ovaciones en sus dos toros

Pues nada, que Bernaldo de Quirós con el santo de espaldas. Una porque su corrida, si bien correcta en su aparente edad, si la comparamos –actitud que asumió el público tapatío– con los encierros anteriores, pues sí, estuvo muy lejos de tal imponencia.

Si le agregamos que, contra su costumbre, hoy ningún ejemplar tuvo las cualidades de otros lidiados, ni modo, a verle la espalda al canonizado. Por fortuna, los toreros pusieron todo lo que de su parte se esperaba para brindarnos. Pero con todo, no les alcanzó para conseguir una buena tarde de toros.

Por fortuna, Sergio Flores evitó que los tapatíos nos fuéramos de vacíos. Vamos, que de no ser por sus fallos con la espada estaríamos consignando un gran triunfo del apizaqueño en esta plaza. Caray, no se deben dejar escapar estos premios. El primero de su lote “Velero”, nos hizo un numerito. Primero, al salir del toril, se dirigió al fondo de toriles, luego, ya que volvió grupas, justo antes de cruzar la puerta se frenó y no había poder humano que lo hiciera saltar al ruedo. Todos veíamos el polvo que levantaba al rascar, pero de toro, nada.
 
Cuando por fin apareció le echó las manos por delante al capote de Flores y no le permitió lucimiento alguno. Como el resto de sus hermanos, también acudió presto a los piqueros, y en su labor en el tercio de muerte, el espigado torero, quien ya lo tenía bien analizado, le dio su pausa, lo consintió y en ningún momento lo forzó.

Con toques suaves, muletazos templados y en línea recta, le infundió confianza al toro para después bajarle la mano, atacarlo sin violencia y construir una faena inteligente, en la que sujetó a un enemigo que al final de la faena cantó de plano la gallina. Remató el trasteo con un par de manoletinas ajustadas y con aguante ligadas a uno de pecho. Y venga a matar. Una estocada entera que no bastó y requirió hasta un tercer golpe con la corta –más, un aviso– para ser llamado con mucha fuerza, a pesar de sus yerros, a recibir la ovación en el tercio.
 
Con el que en teoría cerraba plaza, el de Apizaco despuntó aún más. En el capote, si su primero echó las manos por delante, este pareció porrista de los Packers, por la altura donde las puso. Flores, de nuevo, se tomó las cosas con temple. Además había que hacerlo. Aquí el mérito mayor fue esperar; no destemplarse; tener el aguante que a gritos exigió “Vencedor”. Otra vez, una faena bien construida, por el convencimiento que tuvo para el toro. Pronto ligó series por ambas manos, en los que intercaló detalles de buen gusto y torería.

Total, que la gente entregada y el torero también. Hubo una serie que inició con uno, más que redondo, circular, que tuvo temple, ritmo y estética. Para colofón decidió realizar una poncina a la que engarzó uno de pecho y un cambio de mano por delante que arrancó la ovación de la tarde. Ya vendría –también– el “ay” de la tarde, cuando pinchó un par de veces sepultó  una entera, escuchó un bocinazo, y usó la corta hasta en tres ocasiones. Triste y cabizbajo se retiró al callejón, pero –otra vez– con una cerrada ovación, el público le exigió que saliera al tercio. Hombre, no hay que ser. Por favor, que no se repitan los pinchazos, que no te creas matador, los tapatíos ni son tan pacientes.

A Daniel Luque lo aprecian los aficionados de la "Nuevo Progreso". A la menor provocación lo jalean. Consciente de esto, el hispano corresponde con entrega y empeño que puso en juego en su lote, el que, de plano, no le dio facilidades. Su primero tuvo un recorrido más corto que el juego de gallo-gallina. Así que lo despachó con una gran estocada que no se apreció mejor, porque el toro sintió al puntillero y se incorporó. Fue llamado al tercio.

El toro que complementó su lote, nos engaño como a orientales. A la capa del ibero acudió con cierta calidad y el espada consiguió ligarle cinco verónicas, una media, y un torero remate por el izquierdo en el que desmaya sabrosamente una punta del capote. En banderillas se desplazó con calidad; pero, cuando ya teníamos las ilusiones bien puestas, nada, que se vino abajo de manera más estrepitosa que el precio del barril de petróleo. Con mucha voluntad y empeño, Luque buscó la faena, pero las condiciones del toro fueron menos que propicias. Un pinchazo, una entera, y hasta el año próximo.

En el caso de Arturo Macías, la suerte le ayudó… no con sus tres toros, sino que, al recibir a portagayola al toro que obsequió estuvo a punto de tener un serio percance. El toro le saltó por encima, y las patas le golpearon en la sien izquierda. Por lo demás, Arturo batalló con su lote. Con el que abrió plaza, aunque bien presentado, el juego que ofreció, nada que ver con la calidad de Bernaldo de Quirós; porque, tal vez afectado en el encontronazo de largo con el piquero, “Velador” se defendió en su corto recorrido.

En este toro, Macías tuvo el detalle de brindarle a su banderillero de confianza, Fermín Quiroz, quien se repone de una dura cirugía del tendón de Aquiles. Pinchazo, entera y silencio. Con el cuarto de la tarde, Macías se pasó de empeñoso. De entrada, la gente se inconformó justificadamente con la presencia de este ejemplar, y aunque no le formó la bronca, en absoluto le tomaron en cuenta el empeño.

Consiguió buenas series por ambos lados, pero la parroquia torció la trompa como esas novias enojadas, que ni siquiera te voltean a ver las flores que compraste. Macías insistía… y la muchacha ni media sonrisa. Tanto se empeñó el de Aguascalientes, que el tiempo corrió y, antes que se tirara a matar, ya le habían sonado el primer aviso. Luego todo rodó colina abajo para escuchar el tercer bocinazo, segundos antes que se echara el acobardado toro.

Luego vino el regalo. Vino el accidente. Desorden en el ruedo; mientras los médicos atendían al noqueado espada, el toro arrolló de fea manera un monosabio, hasta que medio grogui, Macías consiguió realizar verónicas con más voluntad que acierto. En banderillas, “Aniversario”, del hierro de Celia Barbabosa, se desplazó y permitió que Gustavo Campos ejecutara dos pares de mucha categoría. Se desplazaba, sí, pero punteaba al final. El torero le acompañaba con la muleta, pero al final se la cogía.

Al toro le costaba mucho coger el primer muletazo de la serie, así entre que voy a veces, y a veces no, el trasteo discurrió entre que te templo y a veces no. Súmenle que al astado no le sobraba la fuerza, pero que al torero si le sobraba el empeño y la voluntad. Así las cosas, la tarea no pudo llegar a una altura que todos queríamos. En fin. Que todos acabamos conformes con los toreros y no tanto con el encierro.

Ficha
Guadalajara, Jal.- Plaza "Nuevo Progreso". Cuarta corrida de la segunda parte de la temporada. Toros de Bernaldo de Quirós, justos en presentación y de poco juego en su conjunto, así como uno de Celia Barbabosa (7o., como regalo), que fue manejable. Pesos: 500, 490, 510, 480, 510, 490 y 510 kilos. Arturo Macías (turquesa y oro): Silencio, silencio tras tres avisos y silencio en el de regalo. Daniel Luque (burdeos y oro): Ovación y silencio. Sergio Flores (nazareno y oro): Ovación tras aviso en su lote. Incidencias: Macías resultó conmocionado al recibir al toro de regalo y también un monosabio que auxiliaba a llevar al torero lesionado a la enfermería. Gustavo Campos destacó en banderillas en el 7o. y saludó.


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