Los destellos de Lupita López ante el sexto de una lluviosa noche en la capital de la República, le granjearon los momentos más coreados del festejo y, a la postre, una petición de oreja que no fue concedida, de tal forma que la torera yucateca dio la vuelta al ruedo para recibir las ovaciones del muy escaso público que se dio cita, en lo que fue la peor entrada de muchos años.
El toro de Guadiana le propinó una fea voltereta al intentar ligar faroles de rodillas en el preámbulo de su actuación. Lupita se levantó enrazada para volver a la carga, lo que puso al público a su favor, y de a poco se fue confiando en una faena que tuvo en derechazos los mejores pasajes.
Requería el toro firmeza en los toques y saber dejarle puesta la muleta. Cuando logró hacerlo la yucateca, el astado sacó el fondo y terminó por ser un buen colaborador. El juez Gilberto Ruiz Torres no concedió la oreja debido a lo caída de la estocada con la que remató Lupita su labor, actuando bien conforme a la categoría del coso.
Antonio Romero confirmó de manos de Francisco Marco y dejó muy grata impresión. Aseado y mostrando conocimiento de causa, le fue paciente a un toro que tenía poca fuerza, pero que respondía si no se le forzaba demasiado. Así lo hizo el zacatecano, que eslabonó naturales de buen calado y pulso.
Es cierto que la faena no terminó por romper, pero también es verdad que Romero hizo las cosas bien y su debut como matador en el coso de Insurgentes puede ser considerado positivo. Al final, tras no ser del todo certero con el acero, escuchó algunas palmas en reconocimiento a su actuación.
También confirmó Oliver Godoy y tuvo escasa tela de donde cortar, pues su toro se quedó parado muy pronto y terminó cerca de los tableros. Acortó distancias el tapatío con el afán de agradar y el público le reconfortó con sus aplausos, pues ahí quedó el tesón de un torero que muestra buenas maneras, aunque las condiciones de esta noche no le permitieron expresar del todo ese toreo fino que atesora.
El mejor toro de la noche fue el cuarto, un cárdeno que tuvo nobleza y una gran clase, así como recorrido, poniendo en alto el nombre de su ganadería. Por momentos se acopló Alejandro Martínez Vértiz, pero toreó siempre muy despegado, fuera de cacho y terminó perdiendo la brújula, dejando pasar una inmejorable oportunidad, mientras que el de Guadiana bien hubiera podido merecer el premio del arrastre lento.
El ejemplar que correspondió a Juan Antonio Adame tuvo movilidad y en los albores de la faena parecía que iba a romper. Sin embargo, el de Guadiana no terminó por entregarse, complicándole el panorama a El Bala, quien no cejó en el esfuerzo e hizo lo posible para buscar agradar, sin conseguir que el tema remontara.
El español Francisco Marco enfrentó a un astado que desarrolló genio, de tal suerte que llegó a la muleta defendiéndose y con peligro. El navarro intentó solventar la situación con base en oficio y resolvió la papeleta con decoro, pero anduvo fatal a espadas -e incluso el toro no dobló con una entera que consiguió- y terminó por escuchar los tres avisos.
A destacar la presentación del encierro de Guadiana, ganadería que envió ejemplares con edad y trapío, sin exageraciones, como debe ser siempre en las plazas.de toros.