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Ruedo: Un espectáculo de categoría

Miércoles, 04 Dic 2013    México, D.F.    Heriberto Murrieta | Opinión   
La columna de hoy en Récord

Si los toreros mexicanos lidian toros muy bien presentados en plazas de primera en Europa, fue congruente que Joselito Adame, Arturo Saldívar y Diego Silveti aceptaran hacerlo también en la Plaza México como una muestra de respeto a la Fiesta de su país, sobre todo después de la indignación provocada el 3 de noviembre pasado por los toros “corniausentes” de  Julián Hamdan, impuestos por la administración morantista.

Claro que el ganadero también tuvo culpa de aquel desaguisado por aceptar que se llevaran de sus dehesas animales anovillados y faltos de remate, que no reunían los requisitos indispensables de seriedad para ser embarcados hacia el máximo escenario.

El público salió profundamente emocionado tras haber presenciado un espectáculo de gran categoría. El primer triunfo fue la gran entrada, la comprobación de que tres toreros nacionales pueden convocar a mucho público a los tendidos. Ver al gentío bajo ese ambientazo fue revelador si consideramos que los nuevos ases mexicanos son ampliamente conocidos por los aficionados pero distan de ser personajes mediáticos o de gran popularidad a nivel masivo. 

El inteligente proyecto no puede quedarse en un acontecimiento aislado sino que debe marcar la pauta a seguir. La trascendencia de las faenas es directamente proporcional a la edad, el trapío, la integridad de las astas y el grado de dificultad que entraña cada toro. Qué bueno que Adame, Saldívar y Silveti aceptaron el reto en estos tiempos donde algunas figuras extranjeras siguen abusando en sus exigencias de comodidad.

Los "atanasios" de Barralva, con volumen y velamen desconocidos por una afición acostumbrada a la morfología del toro mexicano,  impusieron respeto y captaron la atención. El primero le perdonó la cornada a Joselito Adame. La actuación del admirado hidrocálido tuvo tintes heroicos porque se levantó de los fieros hachazos para ejecutar, maltrecho, un estoconazo deletéreo, mortal de necesidad. El pavo tardó menos de 5 segundos en doblar patas arriba de forma espectacular. El mejor de la función fue el castaño corrido en sexto lugar, un toro que literalmente se "comía" la muleta de Diego Silveti con una codicia y un celo fuera de lo común. El arrastre lento fue justo premio a su extraordinaria bravura.

Regreso

Después de 20 años de ausencia, este domingo reaparecerá en la Plaza México la ganadería zacatecana de Valparaíso. El último encierro completo que lidió en el Distrito Federal fue el 30 de enero de 1994 con Guillermo Capetillo, Jesús Janeiro "Jesulín de Ubrique" y Humberto Flores en el cartel.

Fue la tarde en la que Guillermo inmortalizó al toro de regalo "Gallero" de la ganadería de Cerro Viejo. La antigua vacada de don Valentín Rivero Azcárraga es manejada por Ignacio Pliego y su esposa Victoria Eugenia Rivero Llaguno. Una de los mejores recuerdos de esta vacada es el faenón que Manuel Capetillo Villaseñor realizó con el toro "Tabachín" el 17 de febrero de 1963 en el coso metropolitano.

Efeméride

Nos recuerda Xavier González Fisher que antier se cumplieron 85 años de la confirmación de alternativa del trianero Joaquín Rodríguez "Cagancho" en El Toreo de la Condesa con el toro "Polvorín" de La Laguna. Su padrino fue Fermín Espinosa “Armillita” y Heriberto García fungió como testigo. Cagancho le tumbó el rabo a su segundo enemigo, de nombre “Merenguillo”.

Don Alfonso de Icaza “Ojo” escribió sobre la faena: “Cagancho en la plaza es un superhombre. Y claro, a los superhombres no se les discute. Por eso en la plaza no hubo ayer ni porras ni contraporras. Hubo sólo aficionados perplejos ante el arte único del gitano genial. Después de la faena cumbre al cuarto toro, nadie aplaudía. Eran momentos demasiado solemnes para ser turbados por el ruido de las palmadas. La blancura de los pañuelos que demandaban la oreja para Cagancho simbolizaba en aquellos momentos la unión de todos los aficionados para proclamar que ¡al fin! habían encontrado a su torero”.

Centenario

El sábado pasado se cumplieron 100 años del natalicio del maestro Fernando Marcos.

Este genio polifacético nació en la Ciudad de México el 30 de noviembre de 1913. Se desempeñó como cobrador de camiones, mozo de cantina, profesor de secundaria, abogado, economista, atleta, futbolista, árbitro, entrenador, locutor y columnista.

Fue un hombre culto, soberbio y talentoso, un polemista consumado, provocador de resquemores por su estilo crítico implacable, irónico y punzante. Tuve el honor de trabajar a su lado en sus últimos años de vida en el programa “Deportes y Toros” que se transmitió de 1996 a 2001, a través de Radio Fórmula. El día del primer programa se encontraban en la cabina don Fernando, Ángel Fernández y Nacho Trelles, ¡imagínense!

Marcos aportó su voz a infinidad de cápsulas de tema taurino de Cine Mundial, aquellos inolvidables cortos que se  proyectaban en las salas de cine antes del inicio de las películas. En muchas ocasiones platicamos del arte del toreo, que tanto disfrutaba.

Después de 64 años de brillantísima carrera en los medios de comunicación, falleció en esta capital en 2000. Hoy lo recuerdo con gran cariño y admiración.  


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