En la siguiente información les presentamos las opiniones de distintos cronistas de la prensa española acerca de la actuación de Arturo Saldívar ayer en la plaza de Las Ventas de Madrid, donde el torero mexicano confirmó su alternativa.
ABC: "El medio toro" (Andrés Amorós):
"La mejor suerte le toca a Arturo Saldívar, el confirmante mexicano, recibido con lógica simpatía. El primero, mansurrón, se cierne y flojea, se mueve pero algo rebrincado. Lo recibe con seis muletazos de rodillas, en el centro del ruedo. Luego, aguanta, firme la planta, pero el toro se queda corto. No impone su dominio, surgen los enganchones y mata regular: petición insuficiente.
"...En el sexto, hundida ya la tarde, vuelve a echar toda la carne en el asador. Brinda al público, lo recibe en el centro con pases cambiados, a muleta plegada. El toro se viene muy fuerte y Saldívar aguanta el envite. Alterna muletazos limpios con otros, menos. La gente se ha puesto de su parte: además de la simpatía por el nuevo, se lo ha ganado con su entrega y decisión".
El País: "Historia de una mirada" (Antonio Lorca):
"Y tras la ilusión del pellizco, la sorpresa del valor de la mano de un joven torero mexicano que confirmó la alternativa y asombró por su arrojo, su entrega, su decisión y fortaleza. No fue capaz de ahormar ninguna faena porque le traicionaron las prisas y un cierto atolondramiento; o la necesidad, quizá, de alcanzar el triunfo a cualquier precio.
"Cierto es que lo tocó con las yemas de los dedos por su extremada firmeza ante su lote. De rodillas, en el centro del anillo, inició la faena a su primero, con el que se jugó los muslos en una labor acelerada, en la que sobresalieron, por un lado, la nobleza del toro, y las excesivas ganas del torero, lo que impidió la necesaria conjunción. Unas ceñidísimas manoletinas se erigieron en el colofón de una faena que supo a poco.
"Brindó al respetable el último, al que esperó en la boca de riego, y lo engañó con una pedresina y dos pases cambiados por la espalda. Lució al toro, que se desplazaba con codicia y recorrido, y su labor tuvo una consistencia intermitente. Algunos naturales surgieron largos y hondos, elegantes e inspirados. Pero el toro se rajó, y el encanto fue a menos; el torero pinchó, y su mirada era de rabia profunda, pero casi todo se diluyó. Casi todo, porque perduraba que Saldívar tiene fibra de torero tras un meritísimo paso por una comprometida confirmación que ha salvado con nota".
El Mundo: "Saldívar, honor y orgullo mexicano" (Zabala de la Serna):
"Al aroma de Morante las "biutiful" acudió. No sabían que confirmaba alternativa Arturo Saldívar. Ni lo sabían ni lo conocían. Y cuando terminó su faena al toro de la confirmación no se habían enterado, que es peor. Saldívar estuvo hecho un tío. Por encima de un cuvillo de astifinos pitones hasta las cepas. Desarrolladas defensas y bajas hechuras. Pinta colorada chorreada en verdugo. Suelto de caballos, soltaba también mucho la cara. Calamocheo violento. El hidrocálido arrancó faena tras la ceremonia de forma impresionante: de rodillas en los medios con los pitones pasándole por la cabeza. Listo y despejado, cerró al toro en las rayas del tercio del "9" y lo gobernó por abajo y se lo pasó de verdad. Por una y otra mano. Hubo una serie de naturales interrumpida que alumbró siete u ocho. No cedió un paso. Fuese como fuese el cabezazo cuando se salía por encima del palillo. La gente estuvo fría. La ovación se me hizo corto premio. Las vueltas al ruedo están para algo.
"...El sexto traía la cara abierta. La lidia no mejoró en sus arreones desordenados al caballo. Pero Saldívar estuvo dispuestísimo siempre. Otro volcán el principio de faena. Actitud entre las oleadas sin ritmo hasta que se rajó el cuvillo. Qué imagen más potente la del mexicano".
La Gaceta: "Inesperado fallo de los Núñez del Cuvillo" (José Antonio del Moral):
"...Destacó por su enorme disposición y ganas el mexicano Arturo Saldívar, que tuvo una meritísima además de muy valiente confirmación de alternativa.
"...Muy firme y valiente anduvo el mexicano con el imponente toro de su confirmación en una faena que inició en los medios por redondos de rodillas y la finalizó por electrizantes manoletinas. Prólogo y epílogo que emocionaron a los espectadores y envolvieron una obra de muy buenas intenciones y bien pensada aunque en la mayoría de los muletazos que pegó muy quieto, falló el imprescindible temple, por lo que el toro, en vez de mejorar, se estropeó. Una pena porque en cuanto Saldívar sea capaz de manejar la muleta sin dejarse enganchar tanto, podría funcionar de sobra. Si en su debut con miuras en Sevilla fue meritísimo, más claro lo vio ayer frente a otra clase de enemigos aunque con no poco trapío.
"Lo que quedó acreditado en cuanto a la disposición en el quite por valentísimas aunque tampoco limpias chicuelinas en su turno del quinto, y al final con una faena muy emotiva frente al quizá único toro posible al que muleteó con fibra y aguante con el público muy a su favor hasta que, desgraciadamente, falló a espadas perdiendo esa oreja compensatoria que todos deseaban y que en su caso hubiera sido más que valiosa".
La Razón: "La ambición de Saldívar nos saca de la decepción" (Patricia Navarro):
"El cabreo fue creciendo por momentos, equilibrado por otros y reconciliados cuando Saldívar, mexicano de nacimiento, entregó a Madrid todo lo que tenía y más. Y mucho tiene. Se fue al centro para brindar y hasta en el modo de hacerlo se intuía la seguridad, el aplomo. De cemento armado hay que tenerlos (el valor, se entiende) para esperar al toro, que galopaba sin demasiado control, con la muleta plegada en la mano izquierda, y justo en el último instante, cuando se desvela el enigma, cambiarle el rumbo al toro para pasártelo por la espalda.
"Entró la gente en la faena, ahí en los dos pases cambiados que siguieron. Y ya nunca jamás le negaron la atención. Acudió el toro con movilidad, incluso con prontitud, pero no acababa de emplearse en el engaño, rematando el viaje por arriba. Lo que transmitía Saldívar es que poco le importaba; pasara lo que pasara él iba a estar atornillado a la arena. Pecó de brevedad en las primeras tandas, más ligadas, y luego se encajó en series de naturales de bella factura. Por encima de ambas, una ambición que deja atrás a muchos de los que ya han pasado por estos lares.
"La espada le falló, no las intenciones ante su primero, con el que lo tuvo clarísimo. El toro tuvo más presencia, pitones, manseó en varas, qué demonios, no quería ver al caballo y le esperó también en el centro del ruedo, pero con las dos rodillas en tierra. Cuando el hambre por ser alguien aprieta, los miedos se achantan. Cabeceaba el toro feo, molesto, imposible hubiera sido para muchos... Solventó el mexicano, que se puso firme, inamovible... Menos contundente con el acero, todavía así hubo petición. Sin trofeo, se llevó la tarde. Una corrida condenada al fracaso de antemano con toros así, y una plaza que se sabe por dónde respira".