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Un calendario de vírgenes y toros

Sábado, 15 Ago 2026    CDMX    Antonio Casanueva | Foto: Archivo   
Las fechas recuerdan incluso cuando nosotros olvidamos...
El calendario es uno de los archivos más discretos de una civilización. Cada 15 de agosto, mientras España se llena de procesiones, verbenas y toros, y Huamantla alfombra sus calles para el paso de la Virgen, reaparece una memoria común. Durante siglos, rezar, comerciar, bailar, comer y correr toros fueron distintas maneras de celebrar juntos. 

¿Por qué el 15 de agosto llegó a ocupar ese lugar privilegiado en la Fiesta Brava? 

La solemnidad de la Asunción tiene raíces mucho más antiguas que la proclamación del dogma por Pío XII en 1950. Su celebración estaba arraigada en Oriente desde el siglo VI y en España hay testimonios de su celebración desde el siglo X. Con el tiempo, adquirió tal arraigo popular que llegó a conocerse como el "día de Nuestra Señora". El 15 de agosto era día de iglesia, pero también de plaza y de calle.

Nuestra mirada urbana y contemporánea tiende a separar la religión del ocio, el mercado de la fiesta y lo sagrado de lo profano. Una fiesta patronal reunía misa y procesión, pero también mercado, música, comida, teatro y toros. En distintos territorios de la Orden de Santiago está documentado que, desde comienzos del siglo XVI, se celebraban festejos taurinos asociados a Pentecostés, Corpus Christi, San Juan, Santiago y el "día de Nuestra Señora". Las propias cuentas municipales mezclaban trigo e impuestos con la compra de toros y la venta posterior de su carne y sus cueros. Los toros formaban parte de la fiesta misma (Porras Arboledas, 2010).

A esa organización religiosa y comunitaria del tiempo se sumaba el ritmo del campo. El antropólogo Julian Pitt-Rivers observó que el ciclo taurino tradicional discurría junto al litúrgico y al agrícola. Agosto resultaba propicio ya que muchas labores del cereal habían concluido o entraban en pausa, los pueblos podían reunirse y las ferias servían también para comerciar, reencontrarse y celebrar. El 15 de agosto se hizo taurino porque antes había sido religioso, agrícola, mercantil y festivo a la vez (Pitt-Rivers, 1997).

Al cruzar el Atlántico, aquella forma de organizar la fiesta adquirió expresiones propias. Huamantla ofrece quizá el ejemplo más hermoso. Durante la madrugada del 14 al 15 de agosto, la Virgen de la Caridad recorre una ciudad cubierta de alfombras y tapetes de flores y aserrín, en la llamada Noche que Nadie Duerme. La coincidencia con la Asunción tampoco es ajena a su historia: la imagen que hoy se venera bajo la advocación de la Caridad estuvo vinculada en su origen a la Virgen de la Asunción. En torno a ella crecieron procesiones, feria, música, artes populares y toros hasta formar un mismo universo festivo.

Pero Huamantla añade algo muy mexicano a esa historia. La Huamantlada nació en 1954 y la Corrida de las Luces se incorporó mucho después a una celebración de raíces anteriores. Ahí puede verse cómo trabaja una tradición viva: recibe formas antiguas e incorpora otras que acaba haciendo suyas. Algo semejante ocurre en Teziutlán, donde la feria de Nuestra Señora de la Asunción mantiene su vínculo con los toros, y en poblaciones de Yucatán como Temozón, donde las fiestas patronales desarrollaron expresiones taurinas con rasgos locales y mestizos. España transmitió unas fechas y unas formas de celebrar; México las recibió, las mezcló con su propia sensibilidad y las hizo suyas.

Las fechas recuerdan incluso cuando nosotros olvidamos. Un aficionado puede acudir hoy a los toros un 15 de agosto sin pensar en la Asunción; ir a San Isidro sin ser devoto del santo, correr en Pamplona sin encomendarse a San Fermín o asistir a la Feria del Pilar sin reparar en el origen mariano de la celebración. Las creencias cambian, las sociedades se secularizan, pero los nombres y las fechas permanecen. Muchas veces habitamos costumbres cuyo origen hemos olvidado, pero que todavía ordenan nuestras fiestas y nuestra manera de reunirnos.

Hoy, 15 de agosto, España vuelve a llenarse de ferias, procesiones, verbenas y toros. En Huamantla, las calles amanecieron cubiertas de alfombras para el paso de la Virgen. Han cambiado las creencias y las formas de celebrar; las fechas conservan sus huellas. Entre campanas, procesiones, verbenas y toros, una antigua civilización vuelve a asomarse al calendario.

Bibliografía:

Pitt-Rivers, J. (1997), "Tauromaquia y religión", Revista de Estudios Taurinos, núm. 6, pp. 75–118.

Porras Arboledas, P.A. (2010) "Los festejos taurinos en la villa de Ocaña en la primera mitad del siglo XVI", Cuadernos de Historia del Derecho, 17, pp. 507–519.


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