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Una tradición cultural de 500 años...

Miércoles, 24 Jun 2026    Madrid, España    De Labra | Infografía: LM   
El artículo publicado hoy en El Heraldo de México
La primera noticia documentada de un "juego de toros" aparece en la V Carta de Relación de Hernán Cortés al rey Carlos I. En ella, de soslayo, comenta que respondió a su misiva mientras estaba "viendo correr ciertos toros", en la festividad de San Juan Bautista –el 24 de junio de 1526–, hace 500 años.

Resulta relevante que justo hoy, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum celebre la recuperación de un manuscrito de Cortés de 1527, defendiéndolo como "valor histórico incalculable" e "identidad nacional". Este reconocimiento a la memoria histórica de nuestro país debe de servir para la protección y preservación de las tradiciones centenarias, entre las que también está la tauromaquia.

En la Nueva España los toros eran regocijo popular, inicialmente una práctica entre nobles. A partir del Siglo XVII, con la llegada de Felipe V –poco afecto a organizar festejos taurinos públicos, por considerarlos muy costosos para el erario–, la gente del pueblo se convirtió en protagonista de esta tradición, y así surgieron los primeros “toreadores”.

Al proclamarse la Independencia en 1821, la Fiesta Brava no desapareció, como tampoco sucedió con el idioma castellano o la religión católica, por la sencilla razón de que ya formaban parte un maravilloso mestizaje cultural.

El "Siglo de las Luces" también propició una transición en la tauromaquia, que en México mantenía influencia de las faenas camperas y del caballo. En Ponciano Díaz encontró al torero de la transición, un ídolo que confirmó su alternativa en la vieja plaza de Madrid en 1887, otorgando total legitimidad a nuestra Fiesta.

Las corridas de toros superaron las prohibiciones de Benito Juárez (de 1867 a 1886), así como la de Venustiano Carranza (de 1916 a1920), y un siglo más tarde, el 18 de marzo de 2025, el Congreso capitalino aprobó una absurda ley denominada "Corrida sin violencia", que una prohibición encubierta, de ejecución inviable, que atenta contra la esencia genética del toro.

Por lo tanto, se legisló de manera irresponsable, sin considerar que los toros son el espectáculo más antiguo en la historia del país, y que cada año envía a las plazas únicamente el 7% de la totalidad de la crianza del ganado de lidia que se produce, y eso permite seguir manteniendo al 93% restante en el campo y conservar esta raza en su gran reserva ecológica.

Además, con esta medida, que obligó a cerrar la Plaza México, se está atropellando el derecho de la gente a la cultura, al trabajo y al libre desarrollo de la personalidad.

En una ciudad de libertades, que legisla para minorías y dice respetar la pluralidad, la Fiesta Brava es moneda de cambio político y su productiva industria se encuentra amenazada por la ceguera de la intolerancia que pretende acabar con una tradición atemporal que le confiere sentido de identidad a millones de mexicanos.


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