Fernando Ochoa presentó su libro "Mi sentir en los toros. Lo que se esconde" en Aguascalientes, donde disfrutó la compañía de su padre, don
Adolfo Ochoa, quien tras haberse fracturado la cadera el año anterior, decidió aplazar este evento un año para participar al lado de su hijo, al que motivó para escribirlo bajo su asesoría.
El acto tuvo lugar en el restaurante Mundo Taurino y se vio colmado de aficionados de distintas regiones del país, así como de profesionales, entre los que estaban los matadores Fermín Espinosa "Armillita" (que fue apoderado de Ochoa), César Pastor (el primer torero que conoció de niño) o Arturo Macías (al que apoderó), además del matador madrileño Fernando Robleño y el ganadero Luis Alberto Villarreal, que dirige la divisa de De la Mora, y el matador Mariano del Olmo, por parte de Espectáculos Monterrey.
Con la siempre simpática moderación de Guillermo Leal, abrió la conversación Juan Antonio de Labra, quien habló de la importancia de haber plasmado en un libro unas vivencias que no sólo son amenas y están salpicadas de sabrosas anécdotas, sino de aquellos hechos que sirvieron a Fernando para abrirse camino y desafiar a distintas figuras del toreo, en ese difícil entramado de los despachos que muchas veces hasta los mismos periodistas desconocen.
Posteriormente, don Adolfo comentó aspectos de la carrera de su hijo, a la que estuvo siempre muy pegado pero en un segundo plano, sobre todo en esa época en que su hermano Tikis, un taurino respetado y muy querido por todos, apoderaba a "Fero", como le llaman al matador en su círculo familiar. Y por supuesto que también saltó a la conversación del ganadero don Fernando Ochoa, de El Junco, el abuelo de Fernando, que fue otro de los pilares de su vida.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando Fernando, al hacer uso de la palabra, agradeció al ganadero de Corlomé, don Sergio Lomelí, por haberlo hecho un "hombrecito" en aquella etapa en que se fue regañado a la finca jalisciense para hacerse torero y disciplinarse. Pero también la inmensa alegría que supuso cada reunión con su padre para revisar el material que éste había guardado al lo largo de los años y la convivencia entre los dos en esos meses cargados de nostalgia y remembranza, que para él supusieron este significativo triunfo literario.
Y además comentó que si en el libro había algunas críticas a determinados personajes de la Fiesta, están hechas desde su particular punto de vista y con el afán de que los novilleros o toreros que comienzan hagan valer su dignidad en un medio que suele ser hostil y muy complicado, derivado de los poderes que lo rigen internamente, que casi siempre están en contra de los toreros que vienen empujando fuerte, como fue su caso en los inicios de una carrera taurina que tuvo momentos muy destacados en las principales plazas de toros de México.
Por último, Leal reprodujo un bonito mensaje de audio enviado por el sensible artista José María Napoleón, que escribió una canción dedicada a Fernando Ochoa a manera de prólogo, lo que sin duda es una manera original de dar comienzo a una lectura muy sabrosa y aleccionadora en distintos sentidos, en la que también se revelan interesantes detalles de su gran amistad con José Tomás desde que ambos eran novilleros.
En compañía de su esposa Amira, su madres, y sus cuatro hijos, además de más otros familiares y amigos, Fernando Ochoa gozó este encuentro con la afición acalitana en un mediodía para el recuerdo, que terminó como en sus grandes tardes de toros: agitando con alegría un manojo de claveles que cayeron a sus pies.
El libro tendrá un costo de 500 pesos y estará a la venta en Mundo Taurino y en otros puntos de ventas que se informarán en breves.