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El apunte: Un grito tonto en medio del frío

Domingo, 10 Ene 2010    México, D.F.    Ceci Lizardi / Foto: Nacif   
El público, abrigado

Siempre he considerado al toro de regalo como un verdadero obsequio que el torero ofrece al público que acudió a la plaza a verlo triunfar. Mucha gente aborrece tal invento, pero a otros les gusta, lo piden y lo agradecen.

Sin embargo, en tardes como la de hoy, un toro de regalo puede convertirse en un verdadero martirio. Y es que cuando el aire sopla con tal vehemencia y a tan gélidas temperaturas, el obsequio coloca a los aficionados ante una encrucijada.

Por un lado, ¿cómo dejar a de ver torear de nueva cuenta a un torero de la talla de Sebastián Castella? y, por otro, con los labios partidos, la cara que se cae a trozos y las manos entumidas, se antoja mucho, y quizás más, correr a casa y saborear una taza de chocolate caliente.

De por si la gente había hecho un verdadero esfuerzo por asistir a la plaza, debido al mal tiempo que se desató en los días previos al festejo. Y seguramente el despliegue publicitario planeado para el regreso de Castella a la México habría dado mejores frutos; el chiste es que los asistentes habíamos quedado conformes con su primera faena, en la que se sobrepuso al grito de un impertinente gordito que le gritó: "¡¿Qué pasaría si te acercaras al toro?!"

El desafortunado grito dictó sentencia por cuenta propia en contra de su autor, el que intentó ignorar las múltiples protestas y reacciones en su contra poniéndose unas orejeras y permaneciendo quietecito en su lugar como si nada hubiera pasado.

Como quien no quiere la cosa de ahí en adelante se calló la boca y estoico evadió a la gente que se le acercaba a recriminarle su chillido. Pobres de los que se encontraban cerca de él, que muy avergonzados tuvieron que poner  cara de "a mí ni me vean porque yo ni lo conozco, ni vengo con él".

Lo bueno fue que a partir del incidente, la gente tomó mayor partido a favor del francés y coreó con creces su majestuosa actuación.

No cabe duda de que hasta en los toros hay que respetar el derecho a la libre expresión de la ideas, por más inoportunas y erróneas que parezcan, pero es que a Castella podrán recriminársele muchas cosas, pero que no se arrime a los toros… ¡eso sí que no!


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