La celebración de los 30 años de la Monumental de Cancún será recordada por mucho tiempo como un hecho histórico, debido a las circunstancias adversas en que se realizó la corrida del viernes pasado. Y también, por supuesto, gracias al éxito artístico que incluyó el indulto del toro "Treintañero" a manos de Diego Silveti.
A unos cuantos meses de que Cancún cumpla 50 años de su fundación, 40 de ellos han vivido la fiesta de los toros con la misma intensidad de otras localidades de Quintana Roo.
En Cancún se han dato toros en tres distintos escenarios. Primero fue en la plaza "Silverio Pérez", de madera, ubicada en la avenida Chichen Itzá. Tenía un aforo para 3 mil 500 espectadores, y su gestión estaba a cargo del matador Ernesto San Román "El Queretano", un gran promotor taurino, gente del toro de la vieja guardia.
Años después, Manolo Espinosa "Armillita", Jesús Solórzano y Jorge Ávila se asociaron para comprar la plaza portátil "La Peregrina", misma que instalaron en un terreno de media hectárea que estaba localizado en el kilómetro cero de la zona hotelera.
Fueron ellos los que idearon dar toros los miércoles, pues el turismo internacional llegaba y se iba en fin de semana, y ese día favorecía la visita a la plaza. Sin embargo, Cancún tuvo su punto de inflexión cuando se inauguró la monumental, el 20 de diciembre de 1989.
En la década de los noventas esta plaza tuvo una destacada actividad, pues se llegaron a dar 52 festejos a lo largo del año, lo que representaba un volumen muy significativo a nivel nacional como una de las más importantes.
Aunque la actividad taurina de Cancún disminuyó debido a la crisis mundial de 2008, que trabajo la merma de turismo extranjero, la tradición taurina se ha conservado hasta hoy día, y sigue siendo un evento tradicional y representativo de este lugar.
Prueba de ello fue la forma en que la gente vivió la corrida de aniversario, antecedida de un atractivo ritual celebrado por los dignatarios de los pueblos mayas, que realizaron una ceremonia que también forma parte de esos usos y costumbres que están contempladas y protegidas por la Constitución.
Ojalá que el gobierno municipal tenga la sensibilidad para hacer una política auténtica e incluyente, es necesario respetar a quienes sienten y piensan de una forma diferente, como a esos miles de aficionados taurinos que acudieron a la plaza y salieron reconfortados con un espectáculo que representó un grito de libertad.