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El apunte: Orgullo de padre en la última del año

Domingo, 27 Dic 2009    México, D.F.    Jorge Raúl Nacif   
Padre e hijo, en la plaza
La cara del maestro Capea lo reflejaba todo, y no era para menos, pues la mayor satisfacción para un padre es ver triunfar a su hijo, y con mayor razón si éste ha seguido su misma profesión y conquista el escenario donde él fue figura y consentido.

No había alguien más nervioso en la plaza, incluso ni los mismos toreros, que el maestro. Mientras su hijo se jugaba la vida, él gesticulaba, hacía ademanes y hablaba para sí mismo, y vaya que disfrutó como nadie cuando su Perico mostró el trofeo que avaló el triunfo.

Y así, orgulloso de su retoño, Pedro Gutiérrez Moya no borró la sonrisa de su rostro durante el resto del festejo, y más aún cuando el poco público que se dio cita en La México le pedía autógrafos y le reconocía con el mismo cariño que siempre le tuvo esta afición, algo que, sin duda alguna, reconforta el espíritu.

Ovación de gala, la más sonora de la tarde, se escuchó cuando el maestro salió por la tronera del burladero de matadores para recibir el sentido brindis de Humberto Flores. Es un hecho, los toreros que dejan huella, jamás se olvidan.

Y si de Humberto se trata, no cabe duda que es otro de los matadores consentidos de la afición capitalina, que constantemente lo está apoyando. Es por ello que fueron un tanto extraños los silbidos que recibió con el segundo de su lote al no poder cuajarlo, y que finalmente se cambiaron por palmas cuando el de Ocotlán fue empitonado al tirarese a matar, y recibiendo una cornada cerrada en la ingle derecha.

Vaya un año duro para Humberto, lleno de percances, y lo ha cerrado con un momento dramático y una cornada más, que se suma a las múltiples que cicatrizan su cuerpo, instantes complicados como los que vivió el confirmante Morenito cuando el público pitó, como pocas veces se ha visto, al segundo toro de su lote, por considerarlo falto de trapío, y bueno, se tomaron a chunga todo lo que hizo el ibérico.

Extraña pues la tarde de este día, como extraño fue el hecho que Guillermo Martínez haya transformado los olés por sonoros pitos por sus fallas con el acero, así como que la ganadera de Carranco, Laura de Villasante, no haya acudido a ver lidiar su corrida en esta coso de tanta importancia.

Esta fría tarde en La México marcó el final del año taurino en la capital del país, momentos que sirven para reflexionar sobre lo sucedido a lo largo de 2009, que bien pueden ser sintetizados en lo que ocurrió durante esta corrida, que tuvo de todo: triunfo, percance, arte, deleite y hasta furia por parte de la afición.

Pero más allá de estas situaciones, propias de la Fiesta, lo que queda en el recuerdo es el rostro de un padre lleno de orgullo, un padre que hoy ha visto a su hijo tener una actuación que ilusiona, que da alas para seguir adelante en esta prometedora y difícil profesión.


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