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Recuerdos taurinos de Pérez-Reverte

Viernes, 07 Sep 2018    Morelia, Mich.    Quetzal Rodríguez | Foto: El Español   
...De la mano del abuelo, aquel niño aprendió en las plazas de...
Tardes de domingo en Cartagena, en las que el abuelo vestido de oscuro, como se vestían antes, cada domingo, los abuelos como Dios manda, cogía el sombrero panamá y se metía dos puros en el bolsillo superior de la chaqueta. Luego, tomándome de la mano, salía a la calle y caminábamos cuesta arriba, entre la gente, detrás de las mulillas y la banda de música que recorrían la ciudad camino de la plaza.

Ya en su primera novela, El húsar (1986), Pérez-Reverte anuncia tanto su pensamiento, su comprensión de la vida, como los procedimientos literarios que le son gratos. De tal modo, en esa opera prima se sintetizan los principios que presiden el resto de su narrativa. Son éstos: en el ámbito temático, el planteamiento, búsqueda y defensa de valores auténticos, y en el formal, la fidelidad a una concepción tradicional del relato.

De la mano del abuelo, aquel niño aprendió en las plazas de toros algunas cosas útiles sobre la vida y la muerte, sobre el coraje y la cobardía, sobre la dignidad del hombre que se arriesga y la del animal bravo que lucha hasta la muerte (…) vio a otros [toreros] levantarse del suelo, heridos o maltrechos, ajustándose el corbatín mirando hacia la nada, y entrar luego a matar o a morir con la misma naturalidad y desapego de quien entra en un bar y pide un vaso de vino.

"El capitán Alatriste" es el título de la primera entrega de la serie dedicada a este personaje, la acción transcurre en el Madrid del primer cuarto del siglo XVI, hacia mil seiscientos veintitantos. En la novela se retrata el Madrid de los mentideros, como las Gradas de San Felipe, el sitio más bullicioso y popular de la capital, donde se dan cita a diario los ociosos, los viejos soldados, que malvivían en calles y plazas, los ricos y los pobres.

Un toro nace para pelear con la fuerza de su casta y su bravura, dando a todos, incluso a aquel que lo mata, una lección de vida y de coraje. (…) si la muerte no jugase la partida de modo equitativo, nada de esto tendría sentido y el espectáculo taurino será sólo eso: un espectáculo. No el rito trágico y fascinante que permite asomarse, para el observador atento, a los grandes misterios de la existencia, de la muerte y de la vida.

Pérez-Reverte creó una novela en la que el ajedrez está presente en todos los niveles, desde los paratextos hasta la historia contada. "La Tabla de Flandes" se plantea como un juego consciente en el que el lector interpretará los movimientos de las piezas que resuelven los enigmas políticos-históricos-eróticos del pasado y del presente como una constante interrogación a las intrigas de la ética y del poder.

Me gustan los toros bravos hasta la muerte y los toreros tranquilos, lentos, callados y valientes que se les arriman. Hombres cuajados que se visten por los pies, aunque apenas tengan "diecipocos" años, entre los que al cabo del tiempo raro es el que no tiene marcas en la carne o en la memoria. Sólo eso justifica la muerte de un animal tan noble y hermoso. Todo lo demás a mi juicio, es folklore barato y es carnicería.

Algo que me admiró siempre es la educación singular de los toreros, o de buena parte de ellos. Su actitud dentro y fuera del ruedo, su manera de situarse ante la vida, como si al menos en apariencia, tuvieran todo el tiempo del mundo para esperarla allí donde les acomete. 

"La Reina del Sur",  es la historia que penetra los entresijos del narcotráfico para armar un relato en el que, por medio de la acción pura, se va construyendo la historia de Teresa Mendoza: una sinaloense que escala los niveles más altos del crimen organizado internacional. La construcción de la protagonista se asemeja a la de los bandidos sociales que dan razón de ser a los corridos: está concebida como una heroína popular cuyos actos son producto de las circunstancias, el perfecto "juguete del destino".

Ocurrió en Burgos, hace pocos años, estaba en el ruedo Enrique Ponce, y allí se indultó a un toro, cuya casta y nobleza lo hacían digno de seguir vivo. Ni siquiera aplaudí, me quedé allí en la barrera, inmóvil, callado, bebiéndome la escena con los ojos. Es la fiesta de los toros que yo amo, la del respeto y el valor premiado, la de la muerte digna cuando llega para el hombre o el animal.

Bibliografía:

Pérez- Reverte, Arturo. "XXVI Pregón Taurino", Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2008.

Belmonte Serrano, José, "Un paseo por Revertelandia, la obra narrativa de Arturo-Perez Reverte", en Revista Murgetna, No. 101, 1999, páginas 115-129.

Moreno, Antonio. "Arturo Pérez Reverte, variaciones en torno a un mismo estilo" en Territorio Reverte: ensayos sobre la obra de Arturo Pérez Reverte. Coordinador José Manuel López de Abiada, 2000, páginas 262-296.


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