Cincuenta personas relacionadas con el mundo del toro nos reunimos hace unos días para conocer los logros y las asignaturas pendientes de Tauromaquia Mexicana Siglo 21, organización que defiende y promueve la Fiesta.
Si alguien ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo para protegerla de los embates respetables pero casi siempre desinformados de los antitaurinos, ese es Manuel Sescosse. Lejos de ser “marro” o amarrarse, el empresario zacatecano se descose, se va como hilo de media al explicar con estadísticas en mano la delicada situación del toreo. Fluye en la engorrosa actividad de cabildeo y relaciones públicas, sin escatimar ninguna acción tendiente a salvar una de las grandes tradiciones de la cultura popular mexicana.
Favor de no “taurinear”, suplicó Manuel al inicio de la sesión de trabajo, y es que ese término peyorativo tiene que ver con la plática vacía, entorpecedora, sustentada más en el chismoseo y el divisionismo que en la búsqueda de soluciones a la preocupante problemática que vive un espectáculo que se resiste a ser ungido con los santos óleos.
Dije antitaurinos, porque los adeptos a la tauromaquia son, como bien subrayó el matador José Saborit, animalistas recalcitrantes que aman al toro pero que no pierden de vista su condición animal y lo colocan en el justo lugar que le corresponde.
Sescosse invita a diagnosticar menos y ejecutar más. Y si de ejecución se trata, merecen un aplauso todos los integrantes de esta agrupación que todos los días buscan blindar a la Fiesta. Son gente a la que le tocó este momento histórico donde los vientos de fronda soplan con verdadera furia en cada coso y en cada corrillo donde surge el tema de los toros.
México es el país con más aficionados potenciales y al mismo tiempo el que mayor riesgo de prohibición tiene. De ahí que se necesita dar pasos cruciales a la voz de ya.
Manuel advirtió enfáticamente que el peligro de abolición es real y está a tiro de piedra. Basta con que un puñado de políticos insensibles voten en contra del toreo, para mandarlo al desolladero en cualquier momento.
El gran reto de la industria del toro es arroparla políticamente y revertir la idea antitaurina generalizada. Asimismo, resulta fundamental que los aficionados vayan a las plazas, sí, pero urge que quienes no lo son, la empiecen a conocer.
Se ha perdido tanto terreno que la labor es titánica, sobre todo en lo concerniente a la defensa jurídica de la Fiesta, tarea que implica trámites, mesas de diálogo, fuerza de convencimiento y no poca inversión económica.
En 2017 se dieron 128 festejos menos que en 2003 y hasta el 15 de agosto había un decremento en comparación con la cantidad de funciones que a estas alturas se dieron el año pasado.
Menos espectáculos taurinos, menos público, menos actuantes, pero aun así se siguen dando toros en 290 lugares a lo largo y ancho de la República Mexicana. Esto significa que la tauromaquia sigue latiendo, sola contra el mundo, con una bandera que aún no cesa de agitarse.
Inauguración
En la reunión de marras, Mario Zulaica, director de la Monumental Plaza México, señaló que la Temporada Grande arrancará el primer domingo de noviembre, o sea, el día 4 del penúltimo mes del año. Buena noticia para toda la afición.